jueves, 30 de septiembre de 2010

El intransigente LX

Para mi hermano Sorel
- Hola, buenos días, señor.
- Buenos días.
- Queríamos preguntarle por qué está usted aquí.

- Es día de huelga general. Creo que es suficiente. Defiendo los derechos de gente como yo. Lo intento al menos.
- Querríamos saber los motivos personales que le llevan a hacer huelga.
- Ah, no se preocupen. Yo se los enumero. Es que miren, yo no tenía trabajo, pero hace días me dijeron, no se preocupe. Usted sabe que nosotros somos un gobierno de izquierdas y nosotros, claro, pensamos, como la Constitución, que todos los ciudadanos son iguales ante la ley así que hemos decidido imponer la monarquía por sorteo. Ha de saber usted que será el primero pero claro, ha pasado más de una semana y ni me han llamado.
- Perdone, creo que no le entendemos...
- Disculpe, es que siendo periodista y trabajando para Telecinco, pues claro. Se llama ironía...



martes, 28 de septiembre de 2010

Echo de menos III

Ebrio de vida salí a la calle por buscarme en las esquinas, por encontrarte y decirte hola, un sencillo buenos días, por tener a alguien, los dos te sabíamos única, por tener a alguien que lamiera mis heridas. Hubo suerte algunas veces, algunas veces hubo suerte, y volví sonriendo a casa si encontraba tu sonrisa. Volvía entonces pensándote por alegrías, pensándote por alegrías.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Relatos hiperbreves XXXVIII

Nunca supe por qué me quedé mirándote. La magia de Granada y ese volver por el Paseo de los Tristes, imagino. El cansancio de descubrir una nueva ciudad, sin mapas, sin guías, porque nada como encontrarnos la ciudad en los ojos, nada como dejar que sus calles nos recorran. Allí estabas, haciendo malabares, ebrios tus ojos de alegría, pálida la piel de un norte en el que todavía sé reconocerme algunas veces. Jugabas y reías, recogido tu cabello rubio. Volvías a reír. Hola, dijiste, y seguiste con los malabares. Nunca supe, al principio, porque empecé a encontrarme mal. A veces sonreías y yo no hacía otra cosa que marearme, cada vez un poco más. Se me cerraban los ojos, cansadas las piernas y dolía el pecho. Abrías los ojos y te sabía más cerca aunque fuera ya incapaz de situarte, de encontrarme en esos labios gruesos con los que me sonreías. Tuve que apoyarme un momento, ahora que el mundo se perdía en mis tobillos. ¿Te gusta?- dijiste, y no supe entenderte. Pude abrir los ojos un instante y pude escucharte, ahora sí. ¿Te gusta?- dijiste, es tu corazón, estamos jugando con él.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Cosas que hacen que la vida merezca la pena VI

Ese dormirme frente a las olas de una playa de Letojanni a principios de verano para volver a mí y recuperarme de inviernos con clase y adolescentes. Esas líneas exactas de Cortázar que nos recuerdan que andábamos sin encontrarnos pero andábamos para encontrarnos y tantos de sus cuentos, por ejemplo, ese maravilloso La salud de los enfermos donde un trozo de literatura se va apropiando de la vida de algunas personas. Aquel mirar al Coliseo de Roma durante horas sin pensar en nada, pensando en todo, pensando en nada. Ese maravilloso Palabras para Julia que Kiko Veneno convirtió en canción. Todos los poemas con voz de Leonard Cohen donde el lirismo de piezas como First we take Manhattan hace que uno vuelva a creer en la música. La escena final con cítara de El tercer hombre. Tardes de martes, miércoles, viernes en Granada con amigos. Una ciudad por descubrir y muchas más. El último día de una adolescente en una ciudad que ya le es sumamente pequeña. No dejes de mirar atrás, no, pero el camino está en otra parte, como ya sabes, y sabrás, imagino, pronto. La Sevilla de Cernuda, la Sevilla de Machado, la Sevilla de Cervantes porque hay ciudades que tienen magia cuando se hacen íntimas y sobreviven a sus tópicos. Sevilla, lo dijo Machado, sin sevillanos. Volver a sonreír porque sí, porque uno ha vivido con la tristeza del payaso abandonado durante demasiado tiempo. Ese cómic de calidad estratosférica que es El arte de volar: tanta dignidad con dolor para al final. Ese descubrir hace siglos a Mafalda y hacer que otros lo descubran contigo porque hay días, como todo el mundo sabe, en que cuanto nos apetece es que alguien pare el mundo porque queremos bajarnos de él. Salir a la calle y que haya gente. Los monólogos inteligentes de Buenafuentes y esas parodias de personajes históricos en Hasta el fondo. La inteligencia, siempre; el humor, mucho más. El sarcasmo, siempre, el sarcasmo, por defendernos del mundo con coraza. Hacer que la pequeña parte del mundo en la que vivimos, intentarlo al menos, sea un poco mejor, sea un lugar digno en el que vivir. Intentarlo, al menos. Las risas con Laura, y ese bastardoooo con el que me hace reír tantas veces. Ese paseo por Roma sin paraguas, ese paseo por Erfurt con nieve. El chocolate artesanal. Esos helados hechos fantasías de una calle de Nápoles en la que el sol nos dijo hola con demasiado cariño. Saber que hay gente que estuvo en tu vida y ahora sigue creciendo. Algún que otro poema de Ángel González que se rio de un régimen que todavía tiene raíces en esta tierra. Berlanga, siempre Berlanga, el director que sí reflejó el alma negra de una sociedad que inventó el término pícaro. Berlanga y Plácido. Berlanga y Bienvenido Míster Marshall. Berlanga y El verdugo. Algún profesor que otro que se hizo amigo. Algún estudiante que otro que se hizo amigo. La Alhambra, casi en los dedos ahora. Sierra Nevada, casi en los dedos ahora. Caminar y sentir una brisa fría en las mejillas. Llegar a Leonard Cohen a través de Lorca, llegar a Lorca a través de Leonard Cohen. Ese disco sublime, Blue, de Joni Mitchell. A love supreme, de John Coltrane. Descubrir que hay gente que escribe líneas, versos, como éstas: pareces tan bonita así sin aceras a pesar de sus edades. Haber estado en muchos de los escenarios en los que se rodó El padrino, de Coppola. Caminar y sentir Sicilia, esa isla entre montañas en la que eres otro, en la que todo te invita a vivir. Ahora, otra vez, durante meses caminarás entre montañas. Salir a la calle y escuchar que hay gente, y que la gente habla. Hay calles con vida, son calles del sur. Es el sur, es mi sur, siempre el sur.

jueves, 23 de septiembre de 2010

El intransigente LIX

Para Elena
- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Bien, bien. Un poco cansado de todo. Preparando la huelga del miércoles que viene.
- Un momento, un momento. Tú, ¿tú vas a hacer huelga?
- Sí, la haré.

- Pero si dices que los sindicatos son los títeres del gobierno y que la huelga está convocada por los sindicatos mayoritarios que se han vendido y, además, de forma brutal.
- Sí, lo sigo diciendo.
- Pero si no paras de decirme que es más que posible que no valga para nada.
- Y lo sigo diciendo.
- Pero si no haces otra cosas que decirme que esta es una sociedad patética en la que todos parecen hipnotizados por el fútbol. Pan y circo, repites.
- Sí, y lo seguiré repitiendo.
- Y no dejas de decir que para qué, si los medios de comunicación en este país son lamentables, dedicados por completo a la idiotización de sus ciudadanos.
- Y no dejaré de decirlo.
- Entonces es que no lo entiendo.
- Es que, mira, no está mal quejarse, pero luchar, luchar por intentar cambiar un sistema que está podrido, contra un gobierno que es un chiste de izquierdas, es mucho más interesante.
- Pero si no lo va a hacer nadie.
- ¿Y qué? Recuerda a Rose Parks.
- Y, ¿esa quién es?
- Lo que yo decía: otro idiotizado.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Todo en ti

Nunca busqué tu boca en otras bocas, nunca encontré tu cuerpo en otros cuerpos. Para qué y qué más da. Tanto tiempo en ti y no fue nada. Tantas tardes en tus pechos y no hice otra cosa que dormir hasta despertarme en tus mañanas. Para qué y qué más da. Eras tú y poco importaba. Tú y poco más. Para qué y qué más da. En ti estaban todas las mujeres, contaban tus muslos todas las historias.

martes, 21 de septiembre de 2010

La vida como caos V

De repente, apareció Granada. Y alguna que otra posibilidad, capital, pueblo de sierra o pueblo con playa. Y recordaste. Pueblo con playa, nunca ha sido bueno para un profesor, no demasiado, aunque a todo ha de haber, imagino, excepciones. Apareció gente nueva en el camino porque es lo que tiene que andar, que siempre hay alguien que se acerca a tu paso y pregunta, tú, de qué pie cojeas, y a ver, vives solo, aquí o en Granada, está tan cerca, preguntan. Pero siempre ha sido mejor el pueblo, siempre la ciudad, siempre conocer el entorno de aquellos de los que aprenderás, esperas, un poco y más, un poco y menos. Nunca se sabe. De repente, apareció Atarfe, y aparecieron un abrazo, alguna mirada ingenua, muchas esta vez, por una vez demasiadas. Y alguna sonrisa, y el placer, otra vez el placer de volver a hacer lo que más te gusta y no olvidarme en el intento. Y ese, hey, si te sientes solo, no olvides llamarnos, anda, que te conocemos. Y una tarde de lunes con un amigo de bar en bar por las horas de Granada. Se respira libertad, se respira vida, se traspasa una pena, que diría alguien. Y hay gente que se ve menos pero no se ha perdido y nos encontramos en una ciudad que casi no pisamos ya ninguno por vernos un rato, por vernos una noche, cansados y agotados como estábamos pero nada mejor que las palabras entre amigos, y algún que otro silencio. Y adolescentes que visitan otras ciudades, se acercan a Granada, a Sevilla, a Madrid y les puede el miedo a veces, les puede el miedo y devoran un poco de chocolate y luego más, tabletas completas a veces, porque es la vida, y es caótica, y la vida es un error y es improbable pero estamos vivos y nos debemos a ella, y el miedo existe, sí, y también la soledad, perder un lugar para encontrar otro aunque hay lugares con magia en que se nos olvida que nuestros dedos escriben líneas con sentido en cuadernos que sólo han leído nuestras pupilas. Ayy, amor, devuélveme la vida, ayy, amor, dueño de la realidad. Y es bueno a veces saber que no estamos solos y hay en nuestras manos algún beso de buenas noches que nos hace dormir mejor, dormir en paz aunque no haya labios que duerman en nuestras mejillas ahora. Y hay penas que se hacen grandes y no sabemos que hacer con ellas aunque la traspasemos, aunque la demos, baratita tú la des. Pero hay penas, penas de soledad y miedo que viven un momento en nosotros y luego otro. Y hay chocolate que devoramos porque no sabemos cómo enfrentarnos a un viaje en tren en el que no tenemos claro, no todavía, no tenemos nada claro si nos hemos ido o hemos llegado, perdidos como estamos entre una mirada que nos dice adiós y tantos ojos que no saben si decirnos hola. Qué más da, no ahora, claro, nunca al principio, qué más da, si hay calles donde la vida surge sin por qué, donde hay canciones que lo dicen todo, palabras que nos devuelven a una plaza del sur en la que tantas veces hemos entretenido porque las mejores historias, dice la gente, se escriben para pasar el rato, para entretener, para conmoven a un cachito del corazón y hacer que nos salgan alas en los pies porque a veces volar nos salva, nos hace más nosotros, y hay tardes de librería de segunda mano en los que uno encuentra citas que uno imaginaba suyos. De repente, el frío, y qué más da, de todo hay que tener, en todo hay que vivir por decir, sí, el mundo, vaya porquería, el mundo, el mejor de los mundos posibles, menudo chiste. Pero la vida, sí, la vida es otra cosa, la vida, y uno sale a la calle por si se encuentra una canción, una escena de cine, un beso de película, un pijama de Mafalda o, sencillamente, una mirada con la que compartir la magia de tardes como esta, en la que todo parece en paz. Y la vida. Sí, la vida.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Cosas que hacen que la vida merezca la pena V

Volver a recuperar el placer de dar clases a estas horas, en este mes. Habitar Granada y sus entornos. Pasear como hacía años por un pueblo con frío y lluvia. Un piso sin televisor y con silencio. El surrealismo infantil de Kiko Veneno y su para qué quiero yo un trabajo si contigo tengo yo bastante bajo un cielo con nubes de Sevilla. Esa brisa que acaricia la cara por las mañanas en la vega de Granada y saber que Leonard Cohen estaba allí aunque uno no pudiera acercarse a verlo. Descubrir a Peret, señor entre las rumbas y sus letras, al lado de un Guadalquivir con estrellas. La última noche de este verano en Letojanni en la pizzería Anna con tres mujeres extraordinarias, Brita, y su amor a una tierra que ya es la suya, Claudine, francesa de ojos claros, piel oscura y corazón brasileiro y Caterina, libre en tantos tantos aspectos. Ese no morir por minutos en un tren que descarriló en los alrededores de Napoli. Laura con pijama, Laura sin pijama. El caos absurdo de una ciudad del sur de Italia en la que uno encuentra la alegría de aquellas calles que sobreviven incluso al ser humano. Tanta tanta vida, tanta tanta ilusión en las palabras de una chica de Madrid cuyo límite, si ella se lo propone, debería ser el cielo. Esas conversaciones con palabras con Sorel en una ciudad, en otra o en ninguna, qué más da, si todo son palabras. Ese canto a la aldea, a la vida en el barrio, a la pureza de vivir entre amigos y sin cemento que supone Il ragazzo della via Gluck, de Adriano Celentano. La ilusión de una chica que intenta hacer que la pequeña parte del mundo en la que vive sea un poco mejor, la ilusión de una chica que se da en todo a los demás y se olvida de sí misma. Volver al placer de las clases con pocos alumnos, y ese salir algunos días antes de última hora, un milagro al que no uno no está acostumbrado desde hace años. El placer de mirar a una ventana de un instituto y no sentir que es una cárcel, un milagro al que uno no está acostumbrado desde hace años. El inmenso placer de tratar a adolescentes como seres humanos responsables y no perder nada en el camino, un milagro al que no está acostumbrado desde hace años. Aquel martes de lluvia en Roma en que mi cuerpo se caló por completo en tus dedos; aquella noche de septiembre en Sevilla en que tu cuerpo se caló por completo entre mis piernas. Aquel viaje en un tren que se hizo barco que se hizo mar que se hizo noche entre Messina y Calabria. Aquel viaje de vuelta en tren desde Napoli en el que el español nos atrapó a mí y a Roby durante horas, como luego supimos el uno del otro en una foto. Esos paseos por las montañas de Sicilia en italiano, en siciliano, con amigos ya del alma, ese, ves, las religiones no sólo destrozan las almas sino también la naturaleza. Ese te queda mucho pero mucho por descubrir de Sicilia de Brita y encontrar la ciudad con un beso de película en Cefalú porque todos hemos estado en esa estación de tren aunque no tantos. Ese mándame un beso de Laura con pijama. Esas diez razones para vivir y muchas más, pero que muchas más, porque a veces a uno se queda sin contarlas, porque nada hay más aburrido que contar cuando importa la intensidad, siempre, en todo, en todo, siempre. Ese no, no he podido leerlo todavía, vida ocupada porque no hay nada más importante que estar viviendo aunque a mí se me hubiera olvidado durante meses para dolor de las manos con las que escribí nada merece la pena, aunque hay cosas que sí, que merecen la pena, que nos hacen crecer y sentir en las rodillas ganas de seguir caminando, y caminando, durante muchas mañanas. El humor inteligente de los miembros de Vaya semanita. Las tildes que me prestaron cuando me quedé sin ellas en Sicilia; uno, que es de lo más distraído, uno, que se distrae con cositas buenas. Qué mala sangre tiene, que diría Kiko Veneno, el que no le pide a la vida satisfacción. Satisfacción, a veces tampoco es tan difícil, basta olvidar que este no es, ni de lejos, el mejor de los mundos posibles y que todo debería ser, ahora y siempre, de otro modo. Aunque haya cosas, muchas que hacen que la vida merezca la pena; aunque haya gente que no debería morirse jamás, canciones, como ese Echo de menos tan tan flamenco, que ayer volvió a recordarme que si tú no te das cuenta de lo que vale, todo es una tontería. Cosas que se echan de menos como antes se echaban de más. Y las que quedan en el tintero.


jueves, 16 de septiembre de 2010

Tantos y más

Tantos tantos besos en las manos y no hay ni unos solos labios en los que decir hasta mañana a una noche en la que un cuerpo y su boca andan lejos, casi al otro lado de la montaña. Tanta tanta chispa y ni unos dedos hay con los que dar calor al fuego con el que uno se consuela. Tanto tanto cuerpo desnudo y ni unos solos pechos en los que dormir toda una madrugada. Tanta tanta palidez y ni un solo día de playa en el que yo caminara a tu lado. Tampoco importa. Ahora camino solo y sigo disfrutando. Y hay aceras, como dijiste, en la que unas pupilas duermen en mis ojos mientras unos muslos descansan en mis piernas. Ahora camino solo y la vida, para qué mentirnos, a pesar de noviembre y sus tardes en otros dedos, en cada esquina, desde hace algunos días, me sigue esperando.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Miedo XII

Cuando despertó, el político seguía allí. Acariciaba con cariño su mano. Escuchó: te ofrezco seguridad si tú me entregas tu miedo. No supo qué decir. Las manos del político seguían acariciando su mano. Bésame, escuchó, será el nuestro un amor puro y casto. Bésame, quédate un poco más, un día, una noche, una semana, un mes si es necesario. Olvida las calles y olvida el mundo. Será el nuestro un amor puro y casto.

martes, 14 de septiembre de 2010

Parole per Ida

Tanti auguri, sorellina

Adorada sorellina,
ahora que sé que estás trabajando como hace tiempo que no lo hacías, que has tenido todo un verano con besos, alguna caricia, y paseos por hoteles con arte y río, viajes por una Sicilia que deberías conocer desde siempre, aunque olvides algunas veces un volcán, algunos montes, pero ese ir al sur, siempre al sur, también en Sicilia, con dos amigos, con poco equipaje y toda la ternura que pueda existir en esos dedos tan pequeños con el que me hiciste saber de Carmen Consoli, de la vitalidad de los años setenta en Italia con la voz de Caterina Caseeeelli. Y esa sonrisa que siempre deja luz en aquellos que la contemplan mientras te escuchan, como yo, hablando de helados, de que las buenas heladerías en Sicilia, en Messina, tu ciudad, a pesar de que estés en Roma, ahora y siempre, son aquellas que tienen cinco sabores a lo sumo y te vuelvas a sonreír cuando me ves pidiendo un helado con dos sabores que no, que no están ni son, o comiendo un arancino en media hora, una brioche en cuarenta minutos y dos platos en no sé cuánto tiempo. Nos vamos conociendo. Y es hermoso haberte encontrado, espero que lo tengas claro, en el camino, saber de ti, que ahora estás mucho más viva, desde este verano, desde ese algún amigo, algún amor, algún amigo con amor, aunque no no pueda ser. Es lo que dices: puedes leerte en estas líneas, leer también la alegría que me provoca saber que Roma, que la dulzura ha vuelto a hacer de ti la que siempre debiste haber sido. Y ese salir y no parar, recorrer tus raíces es precioso, precioso que lo cuentes, y que se sepa. Roma y una primera vez, aquella en la que yo estaba cansado, llovió, aunque no tanto como esperábamos y, como siempre, decidí perderme solo aunque luego, o antes, mi memoria, ya lo sabes, acabáramos en el campo de flores y perdidos en uno de tantos callejones de esa ciudad eterna y pizza, focaccia y vino, también agua, helado después, y una tienda de la que me enamoré perdidamente aunque no me dejaras llevar la camiseta que ahora llevo puesta al Vaticano. Censura, ya lo sabes. Y fue bueno compartir un día contigo este verano porque, uno piensa, está viviendo, está viviendo y luego supe cuánto, y uno piensa, se lo merece, después de estos dos años, y a lo mejor es Granada y nos espera y nos ve tomarnos algún helado, alguna tapa, y será otra la ciudad que vea tu sonrisa, que te sepa viva, que sepa que te has encontrado y eres tú, más más viva, más más tú. Ahora, como siempre, desde hace tiempo, y antes, también después, la vida. Ti voglio bene, sorellina.

lunes, 13 de septiembre de 2010

De un momento a otro

Para Laura

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí, hace algún tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?

- Bien, bien, profe, pero no sé yo si tú. En realidad he venido porque, no sé, tenía ganas de charlar un poquito contigo.
- Ah, sí, y ello, ¿se debe a...?
- No sé, profe, es que hace mucho tiempo que no escribes un cosas que hacen que la vida merezca la pena. Y ya sabes que me encanta.
- Sí, imagino, que hay muchas, preciosa, pero no sé, es que no encuentro el momento, ni tampoco el lugar. Ya sabes que te he ido contando...
- Sí, profe, lo sé. Una cosa tras otra. Y sé que te duele el mundo. Y que te duelen las cosas. Y que te hace daño trabajar con gente...
- Sí, con gente que enseña en valores y a veces se olvida de ellos por completo. Es que empiezo a no creer en demasiadas cosas.
- Pero, hey, no todos son iguales. Tú no eres igual, y hay muchos como tú que no son iguales. Y, además, sé que lo sabes. Es como los estudiantes.
- Ya, pequeña, pero seamos sinceros, hay muchos estudiantes de mentira. Y pocos de verdad. Aunque, claro, tú eres una de ellas, y me siento inmensamente orgulloso de haberte tenido como alumna. Aunque no te enseñara nada.
- No volvamos a eso, profe. Sabes que aprendí contigo, por ejemplo, a no ser un profesor blando y con autoridad. Anda que...
- Pero es que siempre estoy peleado con la autoridad. Me interesa que mis estudiantes aprendan.
- Sí, pero olvidas que para hacerlo a veces es necesario un buen entorno. Es como tocar un violín sin silencio; es imposible, profe. A veces tienes que saber qué cuerdas tocar, dónde hacerlo.
- Imagino que tienes razón. Pero creo que no es la razón por la que has venido a hablar conmigo.
- Aciertas, profe, aciertas. Es que tus textos últimamente son muy tristes. Un corazón cansado, sin ganas. Demasiadas cosas te dan asco. No eres tú, profe, no eres tú.
- Ya, pero es el mundo y demasiadas cosas dan asco. Lo entenderás cuando...
- Ni se te ocurra decir que lo entenderé cuando sea mayor. Sabes que lo entiendo ya. Pero nunca has sido del tipo de persona que dice esto es un asco y no hace nada. Nos conocemos e intentas cambiar las cosas, siempre que puedes.
- Ya, pero es que nunca se consigue.
- Nunca no existe, profe. Se consigue a veces y otras no. Y cuando se consigue, y ves que alguien ha sonreído por lo que acabas de hacer, es genial. Aunque sea a pequeña escala.
- Sí, hay muchas cosas que dan asco pero muchas personas que merecen la pena. A lo mejor tienes razón.
- Claro que sí, profe. Además, lo hemos hablado muchas veces: lo pequeño es lo importante.
- Sí, nada como los detalles, como los pequeños detalles. En ellos está la vida.
- Sí, en que alguien nos mire, en mirar alguien y sentirnos bien, en hacer sonreír a alguien y saber que lo hemos logrado nosotros, en encontrar una línea que nos haga ser quienes somos. Son tantas cosas, profe, tantas cosas que hacen que la vida merezca la pena.
- ¿Seguro que tienes dieciocho años?
- Que sí, profe, que sí.¿Por qué sonríes?

viernes, 10 de septiembre de 2010

This old heart of mine

La vida mancha. Los días agotan. Las tardes cansan. Las aceras ensucian. La luna cae. El tiempo pasa. El mío, deberías saberlo, es ya un viejo corazón: a veces acierta, a veces falla. Es el mundo, otra vez, el absurdo de todas las cosas que no deberían pasar y pasan. Es la lucha estúpida de intentar cambiar tantas cosas y no cambiar nada. Un viejo corazón: a veces late, a veces se apaga. Se queda sin luz, sin hambre, sin sed. Se queda sin agua. La alegría, dices, la alegría espera. Portate via. Sal, dices, sal a las aceras. El sol, me dices, te echa de menos, deja que tu piel lo visite, que el sol la habite, deja. Tal vez tengas razón, tal vez la tengas. Pero el mío es un corazón cansado y no, no hoy, no a estas horas, no, no contra todo, no contra mí, es un corazón cansado y no, no tiene ganas.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Después de todo

Después de todo, de cada beso con sed en tus arenas, de cada caricia con hambre en tus baldosas, y de olvidar que dormir es necesario, aunque sólo sea por saber que hay noches en que mi cuerpo se encuentra en tus gemidos y que mi boca se duele en tus dientes cuando me muerdes en tus labios; después de todo, hay tardes de ciudad sin el café que nunca derramé sobre tu alfombra, porque, hey, seamos sinceros, nada como derramar sobre tus muslos el agua de playa suficiente para dejarme llevar por las olas de un mar en calma en tus muslos cuando Roma era Roma todavía y había canciones que tenían la misma letra para ti y para mí, ya lo sabes, también para mí; después de todo, hay frases de películas que se hicieron diálogos en nuestros ratos y los creímos parte de nuestra banda sonora para mañanas de verano sin fin; después de todo, era sol y llegó el invierno.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El intransigente LVIII

Para Laura y sus dos mares
- Hey, cuánto tiempo.
- Sí, que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo, preciosa?
- Bien, bien.

- Imagino. Tengo la sensación de que has vivido mucho en estos días porque hace semanas que no escribes en el blog.
- No ha estado mal, la verdad. Una semanita por ahí perdida, otra tirada en mi sofá, con el pijama de Mafalda. Y hace dos días, o más, que ya ni me acuerdo, una despedida de solteras. No es el tipo de despedida que me gusta, pero bueno.
- ¿Y eso?
- No sé, mujeres, dulces eróticos, cajas de tintorro del malo, boys, novios buscando carne que no sea la de sus novias.
- Pero, un momento, tú, ¿dónde estuviste? ¿En una despedida de solteras o en una película de Pajares y Esteso?

martes, 7 de septiembre de 2010

Carta abierta a un señorito de izquierdas

Estimado señor Zapatero,

hay cartas que no sabe por dónde empezar uno, aunque no haya nada mejor, imagino, que empezar por el principio así que empezaré por el final, por seguir con la coherencia ética y política que usted ha demostrado a lo largo de este año, por quedarnos sólo con un poco de tiempo, que dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio, aunque no esperaba yo que a Blair, por decir alguien, lo pusiera como escritor de bestsellers de tres al cuarto, cuando uno pensaba que el tiempo lo pondría en la cárcel. El tiempo en los relojes Casio, imagino. Y ahora, usted, héroe de mi infancia y adolescencia, sí. ¿Por qué?, se preguntará; es fácil, no era nadie entonces y poco daño podría hacer va y se convierte en político, político profesional por empeorarlo así que usted se dedica a la política desde hace algún tiempo ahora que la política es humo. Por eso, imagino, ha dicho alguna vez usted que no duerme en estos días, con el país a la deriva, la política es humo y usted está quemado. No es de extrañar, usted, que tanto ha hecho, miento, está haciendo por la izquierda de este país, por esos trabajadores a los que usted aclama en esos mitines llenos de pasión en los que alguna vez, pienso, habrá hecho referencia a otros héroes de la izquierda española, por ejemplo, a Felipe González, ese hombre insigne que introdujo el concepto de economía liberal entre estas calles, calles por las que paseó James Petras para descubrir que, a pesar de todo, la economía es preciosa en las estadísticas pero deja a mucha gente sin empleo. Eran tiempos difíciles para la lírica, como los suyos, y demuestra usted una entereza envidiable, un hombre de granito, podríamos decir, pero, claro, esa entereza, esa mirada de acero hace que olvide mirar a sus bolsillos de cuando en cuando y descubra que usted y su grupo han ido perdiendo las siglas, y de ese PSOE apenas quede FMI y BCE. Todo en un año, por si alguien dice que usted es blando y tarda en actuar. En un año. Debería sentirse orgulloso. En un año y escoge para empezar con todas esas reformas el día en que España empieza a jugar el mundial. El día en que todos están viendo la televisión y, para contrastar, leerán también periódicos porque, gracias a usted, no hay ciudadano en este país que no desee estar informado. Imagine: los recortes de los que usted hace gala en Educación, por ejemplo, ese más alumnos y menos profesores hace que la gente salga a los bares para leer y saber un poco más porque usted lo dice siempre, no hay mejor que un ciudadano informado aunque, ahora que lo pienso, jamás le he escuchado decir algo así. Pero si algo me emociona especialmente es el tijeretazo que ha realizado al presupuesto de la familia real española, que sí, será real, pero ya quisiera uno esa vida de fantasía para sí mismo y los suyos. Me cuentan mis amigos, uno, que es de la élite, que ahora alguno de ellos incluso tiene que trabajar un día al año, algo inusual. Y los méritos han de reconocerse, a usted que ha recortado cero euros de ese presupuesto. La política es humo y usted está quemado. Hay días en que siento lástima por usted, tan solo y pronto sin trabajo, y recuerdo entonces que hay trabajos que dan una pensión vitalicia y ganas de escribir bestsellers. Y este año, le repito, ha llegado usted a impresionarme, usted, que es de izquierdas, usted, todo un trabajador, de ahí, pienso, que haya decidido recortar en presupuesto público. Habrá pensado: como trabajar es un asco, hagamos que el paro suba en agosto; como trabajar es un asco, que la empresa pueda despedir casi que cuando quiera. Usted, que no ha dado un euro a los bancos y ha hecho caso omiso a los poderosos, porque, lo sé, como lo saben todos aquellos que lo aplauden en esos ritos absurdos donde uno va a que lo palmeen los suyos, ah, sí, los mitines, para usted sólo existen los débiles y a fe que la clase media se está haciendo más débil así que imagino que uno ha de sentirse orgulloso. Ha habido momentos este año en que realmente lo habría admirado, habría, pero, claro, recordé entonces esa frase que decía desdichado del pueblo que necesita héroes y pensé, la política no es para mí, tampoco la ciudad, pero ese, claro, ese es otro tema.
Atentamente suyo...

lunes, 6 de septiembre de 2010

Relatos hiperbreves XXXVII

Cuando se despertó, había olvidado sus propios latidos. No había nadie a un lado de la almohada, tampoco al otro. Lo supo entonces: otra vez los fantasmas, un recuerdo al lado de las sábanas, también al otro. Estaba solo y así se sentía. Cuanto quedaba era mirar a la calle y tuvo suerte; encontró una sonrisa. Pensó y ella lo escuchó: mi corazón está dentro de otra, es cuanto tengo para ti. Búscalo, te espera.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Educando que es gerundio

Para Sorel, hermano en el papeleo y en las pequeñas verdades
Uno se acerca a su trabajo y cree que es hermoso, digno, y encuentra papeleo, mentiras y más papeleo, más mentiras. Y llega un director y dice, cómo van esos primeros, porque no se puede aprobar a tantos niños, porque, hey, así no vamos a tener cuatro cursos, sino tres, tres primeros con treinta y tres niños, hay que volver a verlo todo, por si podemos aprobar a menos y que cuatro, siga habiendo cuatro. Y no, no es un chiste. Y hay alguien que mira, y dice, no hay problema, puedo volver a mirar alguna nota, por ayudar, claro, no es bueno tanto adolescente en un mismo grupo. Y no, no es una broma. Y alguien mira, y dice, así son las cosas, sí, aunque haya veces en que no podamos creerlo. Alguien dice pero no sé, imaginad que es vuestra hija y la vais a suspender a ella y alguien responde no sé, es moral, es ética, y sí, uno piensa nosotros educamos en valores. Y no, no es un chiste. Uno se aleja de todo y piensa: cuánto más observo el mundo más me doy cuenta de que no estoy hecho para él. Y uno espera que llueva y llueva y llueva durante semanas, meses, años hasta que el mar arrastre en sus olas todo lo que de deshonesto queda en nuestras manos. Y piensa en alguna persona que nos salva, en un paisaje que nos habita, pero no sabe, no hoy, no en días en que demasiadas cosas dan asco, si es suficiente.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Acqua e sale

Per Ida, la mia sorellina
- Ciao, bella.
- Hola, guapo, qué tal todo.

- Bien, bien. Está siendo un buen verano. Y hoy será genial, porque iremos al sur, muy al sur, a Siracusa. Y haremos fotos. También helado, eh, helado, granita, cannolo. De todo un poco, que es nuestro verano.
- Sí, todo lo que sea por salir de Messina, tanta suciedad, tanta basura, tanta hipocresía. ¿Ganas de volver a Roma?
- Siempre, ya lo sabes. Una vuelve a casa creyendo que le espera siempre la misma gente, pero nunca lo hace. Todas, todos tienen una vida, y hace tiempo que no formas parte de ella, a no ser que sea para pedirte algo.
- Sí, es como estar en un viejo café con gente nueva. Es algo de lo más raro. Es vivir, imagino.
- Sí, pero es bueno encontrar, ahora, aquí, alguien como tú.
- Ah, gracias. ¿Y lo dices por...?
- No sé, porque hacía tiempo que no me sentía así, tan tan viva, tan tan yo. Y estás siempre que soy yo. No sé si eres tú, pero siempre estás.
- No creo que sea yo. Eres tú que, sencillamente, vuelves a ser tú, y a tener esa sonrisa de la que todo el mundo habla y que yo apenas había visto. Sí, una maravillosa sonrisa para...
- Pero, hey, no sé, ¿por qué me has besado?
- Quería que sonrieras y que fuera gracias a mí.
- No ha estado mal. Nada mal. Espero volver a sonreír otra vez y que sea gracias a ti.
- Se intentará.
- Míranos. Parecemos dos niños.
- ¿Y eso es malo?
- Para nada. Míranos, tú sonríes, yo sonrío, tú quieres besarme, yo quiero besarte. Como dos niños, viendo quién resiste más.
- Sí, pero somos adultos y, no sé, ya sabes que me destrozaron el corazón, y no hace mucho, y no sé, es sólo que me gustaría que un beso no llevara a...
- No, no te preocupes, no llevará. Preciosa, tampoco yo quiero que un beso y otro beso y otro beso lleve a confusiones. Nos llevamos muy bien; eres maravillosa pero no es el momento, no ahora. Lo mejor es que disfrutemos sin más del verano.
- Sí, es lo mejor, pero has dicho otro beso y otro beso y sólo nos hemos dado uno.
- Sí, pero también contaba los que llegarán.