jueves, 28 de octubre de 2010

Empezar de nuevo

Empezar de nuevo. Buscar entre los botones de tu camisa el cuerpo que olvidan mis dedos en cada sol. Beber de tus labios el chocolante que siempre nos prometimos bajo una lluvia de noviembre. Buscar en lo verde, siempre en lo verde los pechos que durmieron con cada canción de cuna en mis manos. Olvidarte por saber de ti. Pensarte hasta no saber quién eres. Ahogar mi voz con tus gemidos. Dejar que te pierdas en mis raíces hasta que te hagas agua y crecer contigo. Ser nosotros alguna vez. Empezar de nuevo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El intransigente LXVI

Unos señores sacan seis mil millones de euros del país y en vez de a la Policía, se les envía un formulario para que hagan una declaración complementaria y pasen por caja si les viene bien. ¿Un chiste? No, no es un chiste, es España.

jueves, 21 de octubre de 2010

El intransigente LXV

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Bien, pensando en las huelgas de Francia y demás.
- Tú, como siempre, vamos.
- Sí, imagino que sí.
- Y, ¿qué piensas ahora?
- Nada, en presidentes como Aznar, como Sarkozy.
- ¿Cómo?
- Sí, en la cantidad de putadas que han provocado a sus pueblos. Que si una guerra injusta, que si una liberalización total, que si una jubilación tardía.
- Y, según tú, ¿se debe a...?
- A que no hay nada peor que tener como presidente de un país a un enano con complejos.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Relatos hiperbreves XXXIX

Se abrieron las aceras sin más. La gente podía caminar y la igualdad existía; se hizo realidad la monarquía por sorteo y la educación era la única opción digna para todos, trabajo y educación. Desaparecieron entonces los ejércitos. Si enseñamos a los niños a pensar por sí mismos, dijo alguien, no necesitaremos castigarlos cuando sean mayores. Más educación y menos ejército, dijo una madre. La escucharon, afortunadamente. Alguien entonces dijo, apaga la televisión y enciende tu mente. Y salieron tantos a la calle, por dar un paseo, por saber del otro, por conocer sus historias, por hacerse más humanos. Empezó a llover pero no importó porque alguna dijo me encanta que la lluvia empape mis dedos y algún enamorado pensó: me gustas cuando llueves porque estás como ausente. Se escucharon estas palabras y luego otras, cuánta belleza, pensó alguien, en las conversaciones, cuánta hermosura en los diálogos. Se esperaba el turno de palabra para decir, por ejemplo, no volvamos a casa para ver televisión, volvamos para cenar, para invitar a alguien, para volver a conocernos, leamos por saber, por aprender a pensar. Aprender a pensar, aprender a pensar. Pensar, y Alicia, como siempre, volvió a la realidad de manos de su madre. Alicia, Alicia, ¿otra vez en el país de las maravillas?

lunes, 18 de octubre de 2010

Érase una vez XII

Feliz cumpleaños
Érase una vez para pedir folios hay que levantar la mano.
Érase una vez selectividad.
Érase una vez a lo mejor no entro en la universidad que quiero.
Érase una vez recuerda, seré yo quien no apruebe.
Érase una vez das miedo, conoces a la gente.
Érase una vez la ternura de lo ingenuo.
Érase una vez sé que estas cosas acabarán pasando.
Éranse una vez noches de estudio.
Érase una vez cuida de ella, anda, que anda triste hoy.
Érase una vez comida basura.
Érase una vez no se puede tardar tanto.
Érase una vez una tarde.
Érase una vez una noche de playa con estrellas.
Érase una vez una despedida.
Éranse una vez las seis de la mañana.
Éranse una vez algunas palabras.
Éranse una vez lágrimas de gemela.
Érase una vez volver a casa.
Érase una vez un pueblo del sur.
Érase una vez una ciudad del centro.
Érase una vez el placer de lo nuevo.
Érase una vez una mentira llamada economía.
Érase una vez estudios de derecho.
Érase una vez, como tú dices, salgo a la vida.
Érase una vez no imagino otro lugar para mí.
Érase una vez un metro.
Éranse una vez dos ciudades.
Éranse una vez dulces susurros.
Érase una vez un blog.
Érase una vez otro blog.
Éranse una vez tantas palabras.
Érase una vez un hola.
Éranse una vez nuevas amigas.
Éranse una vez las calles.
Érase una vez un lugar en el mundo.
Érase una vez sabes que alguien te espera.
Érase una vez no voy a dejar que te rías más de mí.
Érase una vez soy de mucha gente.
Érase una vez hay que decir adiós
Érase una vez me muevo como si fuera mi casa.
Érase una vez impresionas.
Érase una vez llevas gente a la vida.
Érase una vez ¿en serio?
Érase una vez estoy esperando que llueva.
Érase una vez explícame el sms por msn.
Éranse una vez fotos sin tuenti.
Éranse una vez fotos con tuenti.
Érase una vez The Wire.
Érase una vez buena música.
Érase una vez una charla.
Érase una vez Viky.

sábado, 16 de octubre de 2010

Miedo XIII

Salió a Granada por pasear un poco, por olvidar trabajo, por dejar atrás preocupaciones, por saborear un poco de vida pero le fue imposible. Seres extraños se acercaron a él sin que hubiera posiblidad alguna de escapar. Hablaban un lenguaje extraño, al que él no supo enfrentarse. Escuchó: siete días, luces de color, luz de toda luz, creación y procreación, todo es el mal, todo; el mal existe, el mal está en todas partes. No se preocupe, escuchó, no somos nosotros, nosotros llevamos las manos limpias. Siguió escuchando: hablaban de lugares extraños en los que la gente se reunía una vez a la semana para ser hipnotizados por seres puros que vestían de blanco y atraían el bien. Escuchó: los homosexuales, eso sí, no pueden entrar, no pueden ser hipnotizados, es una enfermedad, deben curarse primero. El bien por encima del todo. Escuchó: antes todo era mejor, antes todo era sagrado, antes se podían condenar todos los pecados, antes, cómo no, se podía ser franco. Escuchó: esperanza, centro, el fin del mundo si no lo evitamos nosotros. Granada quedó entonces lejos. Él también había sido hechizado. Eran, por qué no decirlo, católicos.

jueves, 14 de octubre de 2010

El intransigente LXIV

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Un poco cansado de tanta estupidez. Demasiada ignorancia.
- Bueno, ya estamos como siempre. Y, ¿qué pasa ahora?

- Nada, ese maravilloso Díaz Ferrán, que dice que para salir de la clase hay que trabajar más y ganar menos.
- ¿Trabajar? ¿Todavía más?
- Sí, imagino que lo dice por muchos políticos profesionales. Es que trabajar ocho años debe ser agotador. Imagino que les pide uno o dos años más, por arreglar España.
- ¿Arreglar España? ¿Todavía más?
- Sí, todavía más. Pero, hey, para eso tenemos a la inmensa mayoría de los españoles. Tienen una solución maravillosa para hacer que este país vaya a mejor.
- ¿No van a votar y van a aprender, por fin, que nada como solucionar los problemas nosotros mismos y al carajo todo lo demás?
- Casi, casi. No van a votar, al PSOE. Sin embargo, para compensar, van a votar a un partido de ideas totalmente diferentes.
- ¿A cuál?
- Al PP, hijo, al PP.
- Sí, dos partidos muy muy diferentes.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Euducando que es gerundio II

Para Joselu

Cuando se despertó, como cada día, se acercó a clase. Escuchaba el poco interés, la desgana, el deseo de cada uno de estudiantes de salir a las calles. Recordó entonces una canción que repetía aprendimos más en una canción de tres minutos que en toda una vida en el instituto. Pensó: tal vez tengan razón. Y, todo esto, para qué. Tal vez tengan razón. Y decidió escucharlo: no quería convertirlos en seres grisis. Quería que aprendieran a pensar. Nada más. Nada más y nada menos. Alguien dijo: el mundo debería ser otro, las cosas deberían ser de otra manera. Alguno, dijo, profesor, deberíamos volver a las pintadas, a la guerra de guerrillas, a olvidar cuanto hemos aprendido por saber cuanto no nos han enseñado. Siguió escuchando en silencio aunque ya, por entonces, empezaba a sonreír.

martes, 12 de octubre de 2010

El intransigente LXIII

Para el señor Lobato
- Hey cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Bien, he vuelto a las clases, a escribir, a leer. Lo de siempre, supongo.
- Anda, yo también estoy leyendo.
- Vale, leer está bien. Pero, no lo olvides, comprender lo que lees, está mucho mejor.
- Eh, eh, no te me pongas intolerante, que lo he leído. Y, además, lo he comprendido.
- Vale, no te digo yo que no. Pero deberías saber que Crepúsculo no cuenta como libro.
- Joder, para una vez que leo un libro y sólo hay quejas. Si lo sé, sigo viendo series en el televisor.

- Vale, como veas, pero, una cosita, ver Física o Química no es ver televisión, es asesinar, con premeditación y alevosía además, a tu inteligencia. Es como si me dices que te gusta la música y escuchas a Ramoncín.
- Pues yo...
- Tengo que irme.

lunes, 11 de octubre de 2010

Luces de colores

Es el cielo y están lloviendo colores. Caen nubes blancas y se hacen tu cuerpo. No estaría mal caminar un poco entre los charcos por acostarse en ellas y hacerse azul. Por dormir un poco sobre esas nubes grises en las que tú me llueves hasta calarme. Y ahora te pienso y no sé si la última vez que hablamos era domingo y tus muslos se hicieron chocolate en mis dedos y amanecí en tus dedos derritiéndome sin más, a pesar del otoño, a pesar de los inviernos. Y ahora te pienso y no sé si la primera vez que me dijiste hola me dejé llevar por lo verde y acabé enredado entre tus hojas ahora que te me haces otoño y empiezas a desnudárteme. Fuiste entonces una luz tenue, casi desolada, apenas amarilla, en la que el sol era todo y cada uno de mis días.

sábado, 9 de octubre de 2010

El intransigente LXII

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿cómo va todo?

- No sé, bien para mí, imagino; profundamente mal para el lugar del mundo en el que habito.
- ¿Y eso?
- Hey, también es el tuyo. Estoy seguro de que lo sabes. Trabajadores perdiendo derechos, padres de familia sin trabajo. Un montón de dramas personales convertidos como siempre, tristemente, en estadísticas.
- Sí, la verdad es que es una mierda.
- Total y absolutamente. Estamos en manos de mercaderes patéticos.
- Lo cierto es que sí. Pero, ¿cómo saber quiénes son?
- No creo que sea tan difícil. Son políticos, banqueros, ejectutivos que se disfrazan de señores y llevan corbatas. Unos románticos que miran a nuestros ojos...
- ¿Unos románticos?
- Efectivamente.Unos románticos que miran a nuestros ojos y si saben que no lo estamos mirando miran entonces a nuestros bolsillos por ver lo que pueden sacarnos.
- Mercaderes de mierda, sí...

jueves, 7 de octubre de 2010

El intransigente LXI

Para una piratilla
- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿cómo te va la vida?
- No va mal, profe, no va mal.
- ¿Qué tal ese primer año de universidad, preciosa?
- ...
- ¿Eh? Me das miedo cuando te me pones a pensar, estudiante.
- Es que, profe, no sé, yo quería estar en la universidad, para crecer, madurar, ser autónoma, independiente, encontrar un trabajo, y resulta que pasan lista.
- No, no es verdad.
- Que sí, profe, que sí, cada día, pasan lista y, es más, en una clase nos han hecho poner cartelitos con nuestros nombres.
- Anda, qué bien. Parece tercero de Bachillerato.
- Ya quisiera yo, profe. En Bachillerato te ponían falta pero no era obligatorio ir. Aquí sí.
- Bufff, sí que os infantilizan, sí.
- Es mi pensamiento, profe. Tercero de Bachillerato, ya quisiera yo. Hemos vuelto a tercero de primaria.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Invítame alguna vez

Para Laura
Invítame alguna vez a los dos mares de tus muslos en sal.
Invítame a la ventana con luna de tus pechos en flor.
Invítame a un tiempo muerto de caricias con frío.
Déjame naufragar en las orillas de tus ojos sin sueño.
Invítame a la terraza de tus manos sin espejos.
Permíteme que me acerque a la escarcha de tus cabellos con lluvia.
Invítame a las calles con sombras de tu boca en deseos.
Invítame al fuego apagado de las estrellas en tu ombligo.
Déjame al amparo de tus piernas con raíces.
Invitame a un fin de semana de sofás con risas.
Invítame a una noche de azoteas sin pijamas.
Permíteme que me pierda en las alas sin miedo de tus pestañas.
Invítame a una noche de palabras con silencio.
Invítame a un fin de semana a tus puertas.
Invítame alguna vez.

lunes, 4 de octubre de 2010

Érase una vez XI

Para Manolo, un amigo
Éranse una vez partidos de fútbol sala domingos a las ocho de la mañana.
Érase una vez Ryanair.
Érase una vez Sicilia en enero.
Érase una vez una ermita.
Érase una vez un corredor verde.
Érase una vez una tarde de café llamada Ana.
Érase una vez andábamos sin buscarnos pero andábamos para encontrarnos.
Érase una vez territorio guiri.
Éranse una vez librerías de segunda mano.
Érase una vez una chica a la que le encantaban los helados.
Érase una vez un viaje a Canadá.
Érase una vez una heladería italiana.
Érase una vez el reencuentro con amigos.
Érase una vez una foto en la cuneta.
Érase una vez son cuatro calles.
Érase una vez un pub irlandés.
Érase una vez un perfecto inglés andaluz hablado.
Érase una vez una noche de música a orillas de la Catedral.
Érase una vez una tertulia.
Érase una vez una maestra con novia.
Érase una vez un picnic.
Érase una vez un, maestro, tú eres de Málaga, ¿no?
Érase una vez un bar de mariquitas.
Érase una vez un tinto con tapa.
Érase una vez una cerveza con tapa.
Érase una vez tapas con hambre y un kebab.
Érase una vez una caminata por calles estrechas.
Érase una vez un bar irlandés sin tapas.
Érase una vez un bar irlandés con chucherías.
Érase una vez una moto con frío.
Érase una vez un profesor del que aprendí lecciones.
Érase una vez maestro, ayer tuve una pesadilla contigo y en cuarto hay una niña que te tiene miedo.
Érase una vez el amor por una profesión.
Érase una vez no le demos vuelta, vamos a buscar una solución.
Érase una vez se alquila.
Érase una vez un concierto.
Érase una vez sabía que te tocaría esa ciudad.
Érase una vez un gran instituto.
Érase una vez no sabes ser anónimo.
Érase una vez una tarde de cerveza con Shaila.
Érase una vez una pasión recuperada por una profesión.
Éranse una vez todos los universitarios del mundo.
Éranse una vez unas calles con río.
Érase una vez una brasileña en una muralla.
Érase una vez a lo mejor la vida no vale nada, quizás la vida lo vale todo.
Érase una vez, scusa, sei italiana?
Érase una vez el inglés bien, pero no quiero olvidar el italiano.
Éranse una vez series en versión original.
Érase una vez una camiseta perdida en una portería.
Éranse una vez muchos músculos para poco cerebro.
Éranse una vez unos deportes de futbito.
Érase una vez un tercer tiempo.
Érase una vez un pirata.
Érase una vez un parque con peces.
Érase una vez imposible encontrar aparcamiento.
Érase una vez un metro.
Érase una vez nunca hay que rendirse.
Érase una vez un político sin cultura.
Erase una vez un muy buen profesor.
Érase una vez Callejeros viajeros, dentro de nada salimos.
Érase una vez como estar en casa.
Érase una vez mi lugar en el mundo.
Érase una vez un fantasma de ojos verdes en noviembre.
Érase una vez una Alhambra.
Érase una vez, chaval, nunca estás en Atarfe.
Érase una vez el principio de una amistad.
Érase una vez Granada.

sábado, 2 de octubre de 2010

Un attimo ancora

Per la mia sorellina Ida

- Deberías saberlo, preciosa. Deberías saber por qué. No sé qué hacemos aquí. No sé para qué sirve ser dulce. La vida, la vida no vale nada.
- No lo sé, Paolo, sólo sé que tú y yo estamos aquí. Y es ahora. A mí sí me gusta decir cosas dulces, escucharlas, y te vendrá bien porque sé que no estás acostumbrado. Y sé que todo el mundo las necesita.
- Pero yo, ya lo sabes, siempre he tenido novias frías, que apenas decían nada, y nunca nunca hablamos de sentimientos. ¿Para qué tenerlos? Para que nos duela una noche de octubre en la que nos quedamos sin nadie, en la que nos quedamos solos. Y otra noche. Y otra. Nos mirábamos sin más, y dejábamos pasar el tiempo. Pensábamos entonces: nada pasa excepto el tiempo. Hay días en que sólo pasa el tiempo, ¿no crees?
- Paolo, te lo repito, ahora estamos tú y yo. Y estás aquí, y hemos estado en un hotel con río, y hemos dejado que esas lágrimas bañáramos nuestras manos, porque tú sintieras algo. Y lloraste entonces, y te sentiste bien, y yo me sentí bien al verte tan frágil, perdido por completo.
- Sí, lo sé, preciosa, y he venido a verte, y estamos aquí, debajo de tus sábanas, desnudos, en cuerpo, y apenas empezamos a desnudar el alma. No estoy acostumbrado y no sé qué decir.
- No digas nada, entonces.
Y Paolo calla y la abraza y ella busca su pecho y su mano toca su corazón y le alegra saber que está vivo y ella la acaricia. Él le cada caricia beso a beso, durante quince minutos, beso a beso en la frente ya húmeda de Ida. Quiere decirle tantas cosas, darle las gracias por hacerle ver los rincones que sus ojos no habían contemplado hasta ahora, decirle, vámonos a la vida, olvidemos por un momento el mundo, Ida, es genial estar aquí, es genial que mis brazos estén en tus pechos, que mis labios sientan cada gemido en tu boca, son tantas preguntas pero se sorprende a sí mismo preguntándole:
- Ida, ¿qué es el amor?
Y ella no sabe qué contestar, no sabe qué decirle, no encuentra un momento, una imagen en la parede que le haga encontrar una palabra exacta, un silencio adecuado:
- No sé, Paolo, a lo mejor es mirar a uno chico, saber que no es guapo y sentir que no importa, pensar que, para nosotros, no hay un chico más guapo que él. Quizás sea mirar a los ojos de una persona y saberlo, y comprenderlo y que él te devuelva esa mirada, y que tú sepas que te ha comprendido como nadie te comprenderá. A lo mejor.
Hay un largo silencio e Ida sigue hablando:
- ¿Sabes, Paolo? Acaso sea besar a alguien durante quince minutos en la frente sin esperar nada a cambio y que te duela cada caricia, que cada beso te haga sentir menos sola y que yo te sonría porque estás aquí y tú me estás besando y que tú y yo, nosotros, estemos aquí, y que no haya nada más, no exista nadie más, y prestarte una bufanda por si tienes frío y te acuerdes de mí cuando rodee tu cuello con marcas, con muescas de cariño y tú me pienses. A lo mejor es este estar aquí, en silencio y que el silencio no nos moleste, nos haga sentir bien. A lo mejor es tú y yo y no es más que esta magia.

viernes, 1 de octubre de 2010

Parole per Heidi XVI

Cara Heidi,

como siempre, como una y otra vez, como otra vez y una, apareces cuando el tiempo menos se sostiene, calor en el sur ahora que es casi octubre, como si fuera algo raro, calor en Granada, quién, a estos ratos del año, se lo esperaba. Y me asaltas, como siempre, a deshora, dormido como estoy a estas horas de la tarde y en un lugar que empieza a ser el mío, hola guapísimo, dices, cómo estás, porque hay momentos en que parecemos fantasmas, porque anda uno y camina otra por aceras de adoquines diferentes y el color en los tobillos tuviera otro tono en tus rodillas. Y viven tus rodillas, como viven mis manos, porque tú sabes que a veces nos hemos confundido y cuanto hicimos fue vivir, vivir con v minúsculas y dejar que algunas sombras ocuparan nuestras baldosas y que se ensuciaran mis pies de oscuridad en las esquinas. Son épocas, decías, son épocas, y ahora uno y otra vivimos con v mayúscula por enseñar a tanta gente que sí, hay ratos para todo y tardes de octubre en las que, como me acabas de contar, te irás al festival de cerveza de Munich, ebria de alcohol y vida, como casi siempre, y llevarás con chispa ese traje típico que te compraste una semana, divertido y corto, y te ríes y te enfadas, porque uno piensa, ohhhh, bella, parece un traje típico de película porno, pero no, no es así, nada más alejado, traje típico, traje de costumvres, y ya me conoces, por poco que a veces me gusten las fotos, sí que quiero esa foto, ese verte disfrazada en un traje que te hará, como casi siempre, inmensamente hermosa, e un traje rojo y azul que los jóvenes del Tirol vuelven a ponerse porque lo nuevo no es más que volver a algo que se había olvidado. ¿Qué estás escribiendo?, dices, y ya lo sabes, escribo parole per Heidi, porque a veces uno ha de encontrar refugios en el mundo, lugares por los que merece la pena vivir y nada como tú en algunas noches de luna sin cielo en estos rincones de los que poco sabes, excepto que son Granada y que te mueres de ganas por estar en estas calles y compartir algunas tapas. ¿Qué estás escribiendo?, y recuerdo un poema de César Vallejo, hoy me gusta la vida mucho menos, y no sé, a mí, ahora, en estas tardes, para qué mentir, me gusta la vida mucho más, y es bueno que lo sepas, porque hay palabras que deberían repetirse por si se nos quedan en los dedos y saben hablar solas, y recuerdo Rayuela de Cortázar y como tuve que explicarte que era un juego y a veces mucho más. ¿Qué estás escribiendo?, y me dices necesito saberlo porque soy curiosa, pero ya lo sabes, guapísimo, sólo una vez al año, pero ambos sabemos que es mentira, y te repites, vale, soy curiosa, tal vez, un poco menos de una vez al año, y sí, ambos sabemos que no tienes prisa, pero sí curiosidad, siempre curiosidad, siempre curiosa, aunque te diga, hey, la curiosidad, curiosa, mató al gato, y qué más da, el gato tiene siete vidas, y ahora deberías saber que mi hermanita, la mia dolce sorellina Ida, está feliz, y habla de amor y de trabajo y se siente completa y dice cosas demasiado intensas para no escucharla, porque a veces escribir no es más, ya lo sabes, que saber escuchar y no, no dejaré de escribir, lo sé, porque hey, si uno no escribe a lo mejor dejas de hablarme y ya dejamos claro que a veces escribir no es más que dejar un montón de palabras en las que encontrarse, en las que encontrarse a gusto, en las que encontrarse bien, y es genial comprobar que amáis el español aunque lo hayáis olvidado un poco y creáis que carezaba es acariciaba y qué más da, es amor a unas palabras que serán vuestras durante el cansancio tranquilo de unas pestañas que bajarán al suelo para ver que hay fotos de labios con carmín que siguen en su sitio y camas en las que uno deja diálogos, en las que dos se preguntan qué es el amor y, qué diablos, no hay quien lo sepa, acaso, dice una sorellina, en Sicilia, en Roma, una cama en la que dejar diálogos y quedar en silencio, cuerpo frente a cuerpo, hasta que un corazón se sabe el ritmo del otro y deciden ser una misma canción, un mismo silencio, besos en la frente, y seguir sin saber que el amor, pero dejar que el amor nos haga, ese mirar a los ojos y entendernos sin saber cómo, quince minutos de besos en la frente, callados y en silencio, dejando que todas sábanas de la habitación nos digan. Y hay bufandas que se van sin que lo sepamos en una estación de tren y nos dejan en cuello en congoja, la piel en tristeza, el corazón en un puño; abrimos los puños y encontramos restos de la gente menos inesperada, un sms escrito con dedos nerviosos que dice he pasado días increíbles a tu lado, deja que tu bufanda vuelva a acercarme a ti, una mañana de octubre en la que se nos fueron al mar tantas caricias. Deja que me vaya con ellas, deja, dijiste, y el mar sonrió en todas sus alas, déjame que te las devuelva, y el mar sonrió. Como tú sonreíste siempre, porque, hey, quejarse, decías, lo hace todo el mundo pero intentar cambiar las cosas, poca gente conozco, y algunas cambiaste, porque hay días en que sonrío pensando sin más sin ti, y sabiendo que vives, que vives con v mayúscula, con V, y que ahora te espera una amiga para pasar un rato con ella y algunas palabras, con b, que leerás por sonreír un poco, y quedarte, tú, que encontraste tantas para mí, quedarte sin palabras. Ti voglio bene, bella. A presto.