miércoles, 5 de enero de 2011

Parole per Heidi XVIII

Cara Heidi
el año en que yo nací, bella, se estrenó en los cines la primera parte de una película excepcional, El padrino. Y en estos días, en que vuelvo a estar por la isla, por la mia isola, por vivirla en una época que no fuera verano, y todo es distinto ahota, diría algún amigo, me has escrito porque yo quería desearte un buen año, un año maravilloso en realidad, y sí, has estado hasta hace poco en Marruecos, una tierra genial, y has llegado hoy, hace muy poco, he leído en tus letras, y te he imaginado contándomelo mientras sonreías, para decirme cuánto tiempo estaré aquí, cuánto tiempo, Sicilia, qué bonito, y he pensado en lo de siempre, ya me conoces, el sur, qué vagos son, el sur, la mafia. Y tal vez sea así pero es absurdo quedarse en esos muros y no descubrir la casa. Cuánto me quedo. Sólo hasta el lunes, bella, sólo hasta el lunes, porque en una semana me espera Atarfe y ser profesor otra vez. Es una casa con ventanas al mar, como ya sabrás, con ventanas a un volcán, con ventanas a Calabria y a demasiadas curvas. Alguna vez dijimos que sería de una vida sin curvas, sabiendo sieempre lo que íbamos a encontrarnos. Nos resultó obvio: aburrido. Y es divertido a veces saber que amas tanto el sur y saber que últimamente, aunque hayamos estado en la misma casa algunos días, apenas coincidimos y aquí el frío, en este invierno del sur que yo no conocía, me está matando a veces. A veces la vida no es lo que esperamos, ya lo sabes, ahora que he recordado que escribiste es increíble, bello, que a miles de kilómetros de distancia me has ayudado como ninguno de mis amigos en estas calles con nieve. A veces uno se hace tito y entonces te comprende y piensa, nada como un sobrino, aunque ande el tuyo un tanto revoltoso últimamente y siempre con la cabeza en las mejores marcas. Tú y tus palabras, decías, como dijiste en tantas tardes con farola en Sevilla. Sevilla y tus puentes, ya lo sabes. Sevilla y tu bicicleta y esos largos paseos que, imagino, echas de menos, como yo echo de menos algùn que otro paseo por un río que siempre anda creciendo en estos últimos años. La lluvia en el sur, quién lo diría. Como hay ríos en Sicilia por los que camina el agua en estas mañanas de frío con resfriado, tos y tanta tanta tanta sed. Sed de agua, sed de vino, sed de limoncello, sed de vida. Y tantas calles estrechas de pueblos perdidos en medio de la nada, bares en los que Al Pacino se sentó a amar, a conversar, a hablar de la familia. Con un sol apagado que no hace sino decirnos hasta luego a cada instante. Mañana tocará caminar, pasear bajo nubes que casi podremos tocar, y claro, me acordaré de ti, claro, y de esas largas caminatas por el norte de Italia y de ese lago en el que tantas veces has leído un libro mientras estabas sola, y en esos días interminables de Florencia que te han valido, como siempre, para viajar y encontrar otros lugares, otros rincones en los que dejar tus huellas. Y pienso en días de verano y en sitios que siempre abren en verano y hoy están cerrados, como ese bar en el que sólo hay una puerta, un panorama realmente hermoso y la estatua de un cineasta estratosférico: Coppola. Y gente hablando un siciliano que siempre he querido aprender y nunca comprendo. Calles estrechas en las que perderse para encontrarse un volcán, unas nubes, un cielo bajo y una mar que lo colma todo, que lo calma todo. Como tú hiciste en tantos días, tú, que siempre has pensado que mis palabras te hacen sentir bien y no sólo a ti, aunque, como ya te dije, no hay palabras más humanas que aquellas que hacen sentir bien a la gente en directo, palabras que te hagan sentir contenta. Y el Sevilla, el Sevilla, mal, bella, aunque empieza, parece a ser el que era. Ganó tres cero y la copa, la copa queda lejos, aunque esté cerca. Y volví a la sed, volví al apetito, a las ganas de quedarme un rato en la vida y reírme de todas aquellas cosas que al mundo llaman. Y escuchar alguna que otra canción que cuente pequeñas historias de una película que se estrenó el año en que yo nací y en las que supe ver Sicilia por primera vez. Aunque luego descubriría que no iba a ser la última, como imagino, en estas tardes en que pasará contigo, fantasma de ojos azules, fantasma de ojos verdes. Y vendrá un tiempo en el que compartamos otra vez un helado, un tinto con limón, ese arroz a la cubana que todavía está entre nosotros y tantas tantas palabras tantos tantos silencios porque, ya lo dicen aquí, no hay mejor palabra que aquella que nunca se pronuncia en voz alta. Ti voglio bene, bella.

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