lunes, 10 de enero de 2011

Ni todas las palabras del mundo

- Ha pasado mucho tiempo.
- La verdad es que sí. No tanto como quisiéramos.
- Y, ¿qué tal las cosas?
- Todo bien. Viviendo, conociendo mundo, viajando, haciendo de todo un poco.
- Entonces, preciosa, tienes razón. Como siempre. Me fascinas. Esa alegría, esa capacidad de sonreír en todo momento y de conseguir, sobre todo, que los demás sonrían. Llega a ser grandioso.
- Sí. Me lo has dicho muchas veces. Demasiadas. Aquí estoy. Para ti. Siempre que quieras.
- Las palabras...
- Sí, las palabras. Siempre que quieras. Pero, al final, tenías razón. Las palabras sin hechos sólo son literatura.

- Supongo. No creo, como dices, que siempre estuvieras en el último lugar pero, no sé, también puedo equivocarme. Me equivoco más de lo que me gustaría. Mucho más.
- Sería genial verte crecer, verte crecer de verdad. Saber que hay caminos por los que empiezas a andar y que hay un mundo que te encantaría conocer, en el que te gustaría descansar.
- Hey, sabes que también viajo, que escribo, que leo.
- Ya, pero hay días en que no bebes ningún vaso de agua, en que no sé si estás vivo. A pesar de la distancia, a pesar del tiempo.
- Tengo amigos, a veces salgo.
- No te mientas. Tienes amigos, sí, pero apenas sales. Ayudas, y mucho, a quien lo necesita, y eso me encanta pero no sé si lo haces para no pensar en tu vida, abandonada como la tienes, para no ayudarte a ti, para no crecer, seguramente.
- No creo que sea cierto. Salgo y salgo también con chicas.
- Sí, sales, te tomas un café, hablas con ella y se acabó. Yo no soy el mundo, yo soy un pequeño mundo y...
- ¿Qué?
- Me duele inmesamente que todavía no hayas salido de él porque sé que eres genial y es el mundo quien debe conocerte, no yo, que ya te sé por completo.
- Sí, imagino, pero queda lejos.

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