martes, 11 de enero de 2011

Ni todas las palabras

Hay golpes en la vida, tan fuertes, ¡Yo no sé!
César Vallejo
Para Laura

Hay días, pequeñita, que uno no espera, nunca, porque uno vive en las tardes y se encuentra las tardes en los minutos, y todo se hace breve, apenas un segundo y un dolor intenso, que arraiga en las manos y se escriben en los papeles tristes canciones de nostalgias y pérdidas que se nos tatúan en la piel, desgraciadamente, para crecer. Hay luces que no dejan de estremecer por la cercanía, porque nos enseñan que hay calles que se quedan en el camino y no hemos sabido ver en momento alguno. La vida, a veces, cae en todas las preguntas y yo, pequeñita, ya lo sabes, sigo sin saber por qué las cosas pasan, yo, que sé que este no es el mejor de los mundos posibles, ni mucho menos. Y no, no sé por qué las cosas pasan, no sé por qué el mundo sigue, por qué sigue girando cuando lo que único desearía ,sin más, sería bajarse un momento, derramar alguna lágrima y hacer saber a todos que un silencio es necesario. Callar para gritar después al mundo que hay cosas que no son por mucho que uno quiera que sean de otra forma, y la vida mancha y es injusta tantas veces hasta gritar y seguir gritando y hacer ver a todo, a todo el mundo que hay noches en que una palabra, un par de líneas son una canción de cuna con las que nos apetece dormir, y mucho, porque hay madrugadas que parecen meses de invierno con frío y lluvia y sería mejor no salir a las aceras con este tiempo porque naufragar queda cerca. Aunque haya días de naufragio, pequeñita, que dejen en nosotros el agua suficiente en las venas para salir en las esquinas otra vez y dejar flores en las ventanas con las que hacer crecer raíces en todas las casas. Siempre lo supe: crecer, desde el principio, es separarse. Y qué más da. Duele. Y a veces mancha y deja en ti el acorde de algún violín sin ganas que hace que tus rodillas tiemblen un poco y haya ríos en los pies por los que navegar un rato. Tantas cosas que hacer, pequeñita, y tan poco tiempo. Tanto golpe recibido y tantas ganas de seguir caminando. Es cuanto tenemos. Ganas de caminar sin deseo. Aunque deseemos bajar del mundo a cada instante. Aunque no podamos comprender por qué el mundo sigue girando, por qué ahora, hoy, en este momento, sin saber por qué la gente sigue paseando, por qué hay coches que siguen en la carretera, luces que encienden, cuando ahora, hoy en este momento, hay luces que sí se han apagado, hay momentos que sí han quedado atrás, puertas que no han de abrirse. Y no, no tengo respuestas, apenas palabras. Sólo ganas de caminar, de que tú des un primer paso. Y luego otro. Y sea el principio de un paseo en el que haya casas sin persianas, por el placer, sólo el placer de volver a sonreír un momento. Y luego otro. A pesar de que haya golpes tan fuertes en la vida que yo no sé...