lunes, 7 de febrero de 2011

Paredes de una misma casa

Todos los cajones de recuerdos que hay en tus manos se han abierto al menos un momento para mí. Y ahora escribes con lápices de colores que has encontrado en alguno de tus dedos alguna historia que yo pensaba habíamos olvidado por completo. Lápices de colores que llenan de memorias las paredes de mis muslos. Creíamos que tu cuerpo y el mío eran ya casa deshabitadas pero no, no ha habido suerte. Todavía queda alguna línea por subrayar, el acorde de una canción por escuchar en los tobillos. Y miro en los rincones de tus ojos, cuando estás distraída, por saber si existen aún imágenes de algún paseo en el que nos perdimos durante noches enteras por encontrar en tus cabellos el fuego apagado de una estrella que murió en tus brazos buscando una canción de cuna que no llegó jamás. Y hay, imagino, tardes de chocolate con frío en las que te acercas a mis labios por saber si hay en ellos alguna palabra de cariño para ti, algún silencio de amor, alguna caricia de menos también en tu boca. Y así pasamos pasa pasa pasamos el tiempo, buscándonos en habitaciones diferentes, comiendo en la cocina de tu sexo sin hambre, sabiéndonos, ahora que hace sol y el calor calma todo apetito, sabiéndonos siempre en la misma casa.

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