miércoles, 2 de febrero de 2011

Vida bajo el agua

Bajo los charcos, las estrellas se hacen líquidas, se hacen olas las nubes, es el cansancio más ligero. El dolor pasa, el sudor se seca y el cansancio, sí, el cansancio termina. Bajo los charcos, hay barcos de papel en los que busqué durante largo tiempo para encontrarte para una tarde de café con sexo al menos y no pudo ser: sólo encontré naufragios, un cuerpo que se deshacía en la nieve hasta hacerse uno con el mar. Bajo los charcos, hay calles de arena sin raíces que no dejan huella en ninguna esquina. Nada pasa, nada queda. Nada pasa, salvo las estaciones, el mar y algunas olas. Las olas en las que alguna noche de raíces sin nubes la lluvia dejó sobre mis muslos las sombras agotadas de unos dedos que arrastran tanto tanto peso en sus yemas. Bajo los charcos, el cansancio es más ligero, pero sigue, y no descansa, una lucha inútil contra corriente que duele en las rodillas, y duele todo el cuerpo. Bajo los charcos, se hunden los brazos en las paredes. Alguna vez, me espero y no sé llegar a tiempo. Alguna vez me espero y el agua me derrota, espuma ya mis labios de tanto silencio profundo, el agua, la vida, ya tranquila y sin amor.