miércoles, 20 de abril de 2011

La ciudad y tú

Per la mia sorellina Ida
Había una vez una fuente barroca que coronaba Neptuno. Y una chica que había perdido la cabeza y apenas encontraba las palabras. Había una vez una villa burguesa por la que dar largos paseos y contemplar el arte, el ser humano como medida de tantas cosas buenas. Y una chica de gran sonrisa cuyo corazón había ido empequeñeciendo, frágil ya después de tanto engaño, de tanta desilusión cotidiana. Había una vez un coliseo de fina arena en el que tanta sangre se había vertido. Y una chica que captaba escenas del mundo que le rodeaba foto a foto, imagen a imagen: pequeñas esquinas de las aceras de una ciudad que la adoraba. Había una vez un campo de flores. Y una chica del sur cuyos pasos se perdían para encontrar el pequeño rincón donde comer casi cada mediodía. Había una vez un barrio antiguo de colores. Y una chica del sur que escuchaba música a todas horas, que dedicaba canciones sin respuesta. Había una vez una ciudad en la ciudad y muchos curas. Y una pared llena de coca colas. Había una vez una plaza del pueblo. Y una chica del sur que a veces lloraba. El corazón y el desengaño: la vida a muchas horas. Y una chica del sur que busca su sitio a cada tarde. Había una vez una sala de conciertos. Y una chica del sur que encontró su armonía en cada acorde, que encontró un poco de sí misma en esta noche. Había una vez una chica del sur y un principio, una chica del sur y un no, no lo he olvidado, soy yo, y esta, sí, aquí está, está es mi vida.