jueves, 19 de mayo de 2011

El intransigente LXXIX

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- No va mal la cosa, no.

- Lo que son las cosas: hablando contigo, con esas opiniones tan duras; con esa intolerancia que llevas a cuestas todo el día, te lo digo, de verdad, la primera vez que hablé contigo creía que era gilipollas.

- Hey, no te preocupes. Es increíble. La mayoría de los amigos que tengo, de mis grandes amigos, también pensaron, la primera vez que me conocieron, que yo era gilipollas perdido.

- Anda, así que no soy el único. Imagino que una vez que te conocen cambian su opinión.

- No, qué va. En cuanto me conocen, lo confirman: soy gilipollas.

3 comentarios:

Joselu dijo...

Me temo que es eso lo que somos: gilipollas en el sentido más marxista de la expresión, pero gozamos en nuestra gilipollez descubriendo que en el reconocimiento de la propia ignorancia hay algo que no es tan inútil. Y no voy a votar, ea. Salud.

PetiteMademoiselle* dijo...

"Somos jóvenes. No gilipollas".

sorel dijo...

¿No conocerá usted por casualidad a una tal Marieta? :)

Un abrazo