lunes, 23 de mayo de 2011

La calle es nuestra

Nos arrebataron las calles, tramo a tramo, esquina a esquina, adoquín a adoquín. Una vez y otra. Una vez y otra. Hasta que creyeron dejarnos sin nada. Nos contaron entonces hermosos cuentos de princesas en que también hay reyes y el pueblo siempre aplaudía en las bodas. Y esos cuentos se hicieron canciones de cuna con los que hacernos dormir. Y dormimos, dormimos durante mucho tiempo. Durante mucho tiempo sin luna. Y salió el sol un domingo, un domingo de calor y la gente. Y la gente descubrió que no, no hacían falta reyes, no hacían falta cuentos en los que quedarnos dormidos ahora que todos habíamos despertado y las calles se habían llenado de júbilos, de gritos, de necesidad de un cambio en el que cuanto nos lleve a algún camino seamos nosotros mismos y nadie más. Y alguien gritó entonces: los reyes, para los cuentos; las princesas, para las nanas. Es hora de despertar. Y la gente acudió a encontrarse sin buscarse porque así eran las ciudades ahora, ciudades con sol, ciudades con setas, ciudades con luna y altas horas en las que tampoco era posible dormir. Seguían existiendo domingos tristes de mareas grises que nos llevaban a otro tiempo pero todos sabíamos que no, que ninguno de vosotros quería volver atrás, ni para coger impulso porque el impulso en el que nos movíamos empezaba a ser otro y se llamaba esperanza, esperanza de un mundo más humano, mejor, en el que una mano no fuera cercernada por la otra, en el que una mano diese la mano a otra y compartiese un diálogo, al modo de las antiguas ágoras, en las que la gente pensaba para hablar. Había domingos grises, pero esta vez no, esta vez, no llevaban a lunes de resignación porque hay derrotas que acaban por ser victorias y tampoco, hay derrotas que no deben aceptarse jamás porque hay días de mañana en que sí, tendremos que mirar a nuestros hijos, a nuestros sobrinos y decirles que sí, que nos ganaron, que fuimos derrotados, que fueron los de siempre, y que como siempre, no supimos ganar, pero no, no podríamos mirarlos a los ojos y decirles que ellos viven así porque yo, y muchos como yo, no salimos a luchar, no salimos a decir, sí, hay mareas azules, sí, que acabarán por ser grises, y dejarán las calles desiertas y tendremos que decir de una vez, y en voz alta, que la calle, al fin, y de una vez por todas, es nuestra.

1 comentario:

MARIUX dijo...

Utopia from 'Spanish Spring'.
Hay quien se contenta con la 'nobleza' en el sentimiento de "saber perder", ¡pobre consuelo! :(