miércoles, 22 de junio de 2011

La vida como caos VI

Para Juan Cañadas, Adri y Elena
Y toca otra vez final de viaje, final de ciclo, final de juego, qué más da, toca decir adiós a Atarfe y a un año apasionante en el que tantas cosas quedaron en ti, toca recordar las altas calles de una ciudad en la que has recuperado a amigos, casi hermanos, que dejaste una vez atrás en una tierra a la que no volverás jamás. Y un salón del cómic en el que se te pasaron las horas volando, entre cervezas y entrevistas, entre tardes y noches, entre Belén y Francis, entre Francis y Belén, artistas en ciernes, artistas ya consagrados. Y queda, quedará siempre, un tinto con limón y tapa, esas noches de cinco tintos y cinco tapas en el bar a metros de mi piso, a casi una calle, con el que volver feliz a casas. Bares, qué lugares. Y quedará otro instituto, posiblemente atrás, y otro pueblo, esta vez Atarfe, otro instituto en el que decirnos, el sistema educativo, buff, por qué la vida no es de otra manera, y queda la clase magistral de Francis Porcel sobre cómic, y los retratos de Lidia y José Manuel y Martín, y el hecho de que crecerán y necesariamente han de seguir creciendo y pronto tu mundo será otro y otras las caras pero será el mismo el mundo y las mismas las ganas de ayudar, de intentar cambiar la pequeña parte del mundo en la que vives y ancha la vida y acaso ajena, o tal vez, no, y por una vez, sea tuya y tengas un poco y sea bueno descansar y queda queda poco queda nada para Italia. Y queda un tutor un amigo un Juan Cañadas para lo que quiera y tantas cosas en común, un libro, un blog, hasta una república y el deseo implícito de saber que no hay otro camino que radicalizarse en lo que toca porque este, que no nos mientan, es el peor de los mundos posibles y en nuestras manos está cambiarlo, en nuestras manos. Quedan una manifestación música y saber que las calles deberían ser nuestras y tantas tantas tantas palabras, un amigo en lo que sea. Y queda, cómo no, Adri, Adri dos años después y todo lo que conlleva, Adri y el limoncello, Adri y Kiko Veneno, Adri y el sarcasmo, Adri y el hey, estaré a diez kilómetros de Granada y tú y yo lo sabíamos y queda el almuerzo en casa y las distracciones y ese seis y una tarde de parque y vivir a dos calles del instituto y Adri diciendo conozco a una chica que dibuja de puta madre y una semana sin mirar dibujos que la vida, la vida me distrae, la vida, la tutoría, la vida, y ver esos dibujos y decir, uauh, y pensar, allí hay alguien, alguien auténtico. Y escuchar a ver si nos vemos un día. Y queda ese almuerzo y esa tarde por el río y un helado y otro y alguien atemporal, sin tiempo en los dedos. Quedan Lenny y todas sus preguntas. Queda Lenny y ese lo he pasado genial esta tarde; sí, un helado sí, pero no cena. Queda Lenny y mi hermana, y mi sobrino; Lenny y sus dibujos; Lenny y un miércoles; Lenny y un martes; Lenny y sus preguntas; Lenny y su mundo paralelo; Lenny y su sonrisa y nada, no queda nada excepto alguna evaluación y notas y madres y niños y algún regalo y la satisfacción del deber cumplido, y Sicilia, Sicilia en nada. Queda, ahora y durante mucho tiempo, ahora y por tantas cosas, por tanta gente como ha llegado a la puerta de mi casa, queda Granada.