miércoles, 6 de julio de 2011

Canción de cuna para Lenny

Hay criaturas de discreta belleza y aspecto achuchable que tienen chispa en sus pupilas. Hay criaturas de discreta belleza y pelo rojo que ocultan en sus cabellos mundos paralelos llenos de niños terroríficos y manos de todas las formas y maneras, mundos paralelos de parques en los que perderse un día sin ternura y ser infelices por un rato para esbozar más tarde la mejor de las sonrisas. Y escriben infeliz y así se sienten, en ocasiones, y quieren dejar las calles por un rato para llegar a casa y mirar hacia sus dedos y entender que hay magia en las manos y tantas historias por contar, tantas historias que tal vez nadie haya imaginado o a lo mejor sí, pero no, no con sus imágenes, no con sus ojos, no con la llama tenue de toda criatura frágil y no contaminada que acaba por dejar huellas en tantas ventanas. Y hay gente que mira, y sabe, y dice, tanta belleza duele, y la mira a ella, y ella sonríe, y piensan, tanta belleza duele, pero vuelven a su puerta sonriendo y se dicen, sí, ha merecido la pena, y no saben por qué. Hay criaturas de discreta belleza e intensa dellicadeza que callan por un momento y dicen tantas cosas, y no, no se callan, y dicen, hoy ha sido horrible porque no sé hacer perspectivas y olvidan que hay lugares que no conocen a primera vista y dicen, he hecho manos, todo tipo de manos, y sonríen entonces y la noche es menos oscura, y alguna estrella con luz se acerca a los tobillos y caminar es menos difícil y caminar es fácil y hay manos que agarran nuestras manos y nos dicen, ven, este es el camino, y la belleza discreta se hace entonces interminable y llega a cada esquina. Hay criaturas de belleza irrepetible que necesitan pizarras como necesitan un mundo paralelo en el que volver a sí mismas olvidando entonces que el mundo se hace más humano por criaturas como éstas, que están contentas con lápices en sus dedos porque dejan colores en todas las paredes y el tiempo, entonces, en ellas, con ellas, no existe porque todo no es más que fábula llena de imágenes en la que, por una vez, la serenidad está en sus labios y el silencio es la fragilidad necesaria para ser fuertes todas las noches de un mes de julio de verano que se antoja una página con historias por contar en sus manos ahora que hay mundos y ciudades y niños en sus pupilas. Hay un mundo paralelo, más hermoso, más humano, y ella todavía no ha entendido que es ella, que está en ella. Hay criaturas de forma deliciosa que dicen me alegra que te acuerdes de mí y olvidan que es imposible olvidar la belleza serena de una ciudad que no ha perdido su magia en niguno de sus adoquines. Hay palabras con diéresis porque hay criaturas que saben que las letras tienen sentimientos y desean que todas sean iguales, que todas sean únicas, que todas sean irrepetibles. Hay paseos por el parque y paseos con sombra para que criaturas de belleza sin más se digan sí, este puede ser mi lugar en el mundo, y se sientan bien por una tarde y luego vuelvan a esa tarde y a esa parque y a un piso con amigos para el año que viene y a una vida, a otra vida, a la vida que esperan algunas noches, ya cansadas, cansadas de querer dormir y no poder hacerlo, cansadas de poder dormir y no querer hacerlo. Hay criaturas de rosada belleza que pasan una horas en la playa, y leen, y piensan en quien lee, en quien las lee, y miran el gran espectáculo del mundo, y se dicen que hay restos de la playa, restos de cuentos en sus pestañas y cierran los ojos, y los vuelven a abrir, y el mundo es otro, más mágico entonces, porque son entonces sus pestañas, son sus historias, son sus playas, y nada como el recuerdo, nada como la chispa en los ojos de una criatura de aspecto frágil y delicada belleza para ser el fuego de unas noches de invierno en que se recuerden las mañanas de un mes de julio en que todo empezó a vivir en sus dedos, en sus manos, en sus tobillos, en sus rodillas, criaturas que danzan al son de la vida. Criaturas de aspecto adorable que poco a poco van cerrando los ojos, durmiendo un poco, cansadas, cada vez más cansadas; dormidas, cada vez más dormidas, soñando un piso en una ciudad al norte, en la que por y durante mucho tiempo, ser ella misma para alegría de ella misma y de todos aquellos que alguna vez la han contemplado.

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