jueves, 14 de julio de 2011

Cosas que hacen que la vida merezca la pena IX

El placer que supone, para los oídos y el ánimo, escuchar Radio 3. La clase de cómic de Francis Porcel en mi instituto. Algunas de esas largas tardes noches madrugadas con mi tutor, Juan Cañadas. Algunas tardes de pizzería y limoncello en una ciudad con magia con Adrián Rodríguez. El descubrimiento de una extraordinaria serie, tan creativa como irónica, que dan en llamar Doctor Who. El crecimiento personal, ya desatado, de Elena. Algunas de las mañanas de este año en las aulas de un instituto de Atarfe. Los paseos por el corredor verde en esta misma ciudad. Recuperar a algunos de aquellos que ya imaginaste perdidos. Las entrevistas realizadas este año para Tebeosfera. El salón de cómic de Barcelona en el que apenas estuve. Esas largas caminatas por Roma en las que me pierdo por completo hasta imaginarme en ninguna parte. Esas largas caminatas por las calles de Sevilla en las que aparece Cervantes. Siempre Cervantes. Esa crítica brutal al pésimo sistema educativo actual que supone El elemento, de Ken Robinson. El mundial fememino de fútbol de este año en Alemania. Los programas de Redes, dedicados a la educación, una educación ya obsoleta. Esa maravillosa canción siciliana que es Brucia la luna, brucia la terra. El despertar indignado de la gente en el 15M. Algunos de los lemas de este movimiento: si no nos dejáis soñar, no nos dejaremos dormir. El oasis para la inteligencia que suponen la mayoría de programas de la 2. La noche de copas con dos amigos en el jardín nebuloso del hotel más caro de una ciudad al sur de cuyo nombre no quiero acordarme. La doctrina del shock, de Naomi Klein. Esos preciosos dibujos que cada dos por tres realiza una chica llamada Elena. El crecimiento personal de estudiantes que irán a otro país este verano, que estarán en otro mundo. La música soul de Sharon Jones and the Dap Kings. Muchos de los poemas profundamente hermosos de Luis Cernuda. Muchos de los poemas dolorosamente hermosos de Miguel Hernández. El hereje, de Miguel Delibes. Andreu Buenafuente y Berto metidos a Superpollos. Esos programas sarcásticamente históricos que suponen los Hasta el fondo de Buenafuente. El comentario de alguna de las alumnas que dicen que de forma inconsciente, yo incentivé a expresar sus sentimientos a través de algunas letras. Palabras que se inventan o no, pero me encantan: achuchable, cieloso y las que vendrán, imagino. Un paseo por las orillas de un río a orillas de la Alhambra. Helados. Muchos helados. Más helados. Miles de helados. Ese tinto con limón y tapa en los bares de Atarfe. Ese tinto con limón y tapa en los bares de Granada. Enseñar una ciudad que adoro, Sevilla, a amigos, esta vez tocó Viky. Ese dormir en la azotea cada noche de verano en mi casa. Esa luna cada noche sobre mi azotea que a veces no deja dormir. El libro de Historia del Arte, de Vicens Vives. La desconexión absoluta que supone una isla sin puente. Y el cerebro creó al hombre, de Antonio Damasio. Perderse, una vez y otra, en la Plaza de España, de Sevilla. Nadie lo ha expresado mejor que Viky: Sevilla parece pequeñas ciudades en una sola. La mujer en el cante, de Carmen Linares. El flamenco en la voz, tan histórica como honda, de Antonio de Mairena. Algunas de las visiones que aparecen en el libro Reacciona, de varios autores, que saben, y proponen ya, que el modelo sea otro. Sandman, de Neil Gaiman. Swamp Thing, de Alan Moore. Los mediodías de palabras y silencios con Lenny. Las noches de palabras y silencios con Lenny y esa sonrisa que uno imagina al saber que dibuja, al saber que está creando un mundo paralelo, más humano, más hermoso.

1 comentario:

Anónimo dijo...

....y tener un amigo al otro lado del mundo que te escucha siempre - en momentos tristes y menos tristes y que te ayuda con sus palabras, consejos,...en fin, solo porque esta aqui!!!!
grazie mille, caro!!!!!!
heidi