jueves, 7 de julio de 2011

José Luis y los brotes verdes

Para mi hermano Sorel

José Luis vivía con su madre, que se llamaba España (nombres más raros y absurdos se han dado en los cuentos), en una cabaña del bosque. Con el tiempo fue empeorando la situación familiar, decían que porque él y muchos como él, no seguían los consejos familiares, sino de amigos, de muy buenos amigos (la rebeldía de la izquierda, ya se sabe), así que alguien le dijo, hey, hey, hey, tienes que vender lo poco que te quede, aunque sea de tu madre, y él, que era bueno, inteligente, algunos decían que hasta sabio, dijo, sí, tenéis razón, aunque no sabía quiénes eran sus amigos, o tal vez sí, que alguna vez lo habían invitado a su casa y lo habían llevado en su carroza (que nadie piense mal, eran coincidencias, que el mundo es un pañuelo). Puedo vender un poco, pero a vosotros, porque confío en vosotros. Vale, dijeron ellos, y le dieron a cambio un saco de habichuelas verdes, son mágicas, le dijeron. Al volver a casa, sonrió a la madre y le dijo: mira lo que traigo, es para todos nosotros, pero la madre no podía ver más que un saco lleno de agujeros, un saco sin fondo. En el bosque, a lo lejos, se escuchaban algunas risas: se lo ha creído, jajajajajja, se lo ha creído y seguro que habrá más como él, seguro, el niño, la madre, ahora a por la abuela, que por seguir con nombres extraños y absurdos se llamaba Europa (qué nombres, ¿no?), ahora por la abuela y después por el mundo. José Luis no escuchaba nada, claro, ensimismado como estaba con los brotes verdes, que sólo el podía ver, sólo él podía saborear. Le decían: nos lo has quitado a todo, a cambio de qué, pero él sabía que mentían, todo aquel que decía que él había quitado a la gente los caminos más básicos mentían (queridos niños, no olvidéis por favor que es un héroe de izquierdas, un Robin Hood revolucionario del siglo XXI); él decía: yo no os he quitado nada y os lo voy a demostrar. Volvía entonces a integrarse en el bosque, lleno de señales (BCE, FMI): sí, algunos se guían por las estrellas, otros por las brújulas, él, un héroe, por las letras, y se acercaba y decía, dice mi gente que se lo hemos quitado todo, pero no es cierto, y bueno, a lo mejor, lo es, pero lo hago pensando en ellos, y preguntaba si podía quedarse un poco más porque allí, con mi gente, hace calor, y ellos le decían claro, ellos que tenían el derecho a pernada, es decir, a poner las piernas en los bancos que ellos poseían, de ahí el nombre de banqueros, ya que sólo podía sentarse en aquellos bancos de madera los que ellos asignaran, y decían, sí, pero también decía, José Luis, los brotes verdes están creciendo y lo sabes tú que todo lo ves, no como ellos, tú que todo lo ves, pero hemos visto que ellos tienen juegos y si quieres más brotes verdes tienes que dárnoslos a nosotros, y hemos visto que tenéis trabajo pero debéis trabajar más, queremos cadáveres que trabajen y no se quejen, queremos un mundo mejor, más verde, y tú serás nuestro amiguito, uno más, y él se sentía feliz, y sabía que los demás estaban ciegos, su gente, ciega, pero no él, él, que todo lo veía, y allá donde decían desierto él veía oasis y brotes verdes. Y creía escuchar a sus amigos que como él, compartían el setenta por ciento de los árboles del bosque, oh, cuán diferentes eran, y creía escucharlos, decir, amo, nos han robado, es la gente, pero no, era la gente, y la gente, su gente, decía, José Luis, esclavo, nos lo han quitado todo pero él sabía que todo era mentira, como sus ojos, como los brotes que por todos lados, le rodeaban, a él y, claro, a su gente.

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