viernes, 1 de julio de 2011

Post número mil: La chica de pelo rojo

Para Elena
- ¿Cuánto tiempo llevas esperando?
- Poco, muy poco. Pero no te preocupes, estaba mirando estas paredes. Las paredes blancas.
- Cómo no. Esas paredes blancas que te llaman y a los que no sabes decir no.
- Sí. Unas dibujamos; otros escriben. No creo que sea tan diferente. No lo creo.
- Imagino que no. Es encontrar la belleza en los lugares más inesperados.
- Sí, es eso, y a veces hay tanta. Tanta belleza que duele.
- Encontrarla en el pelo rojo de alguien, en una conversación, en un paseo, en una tarde.
- Sí, en todas partes. ¿Sabes? Estoy haciendo las maletas para Barcelona. Llevo días pensando qué llevarme, qué no.

- Lo harás bien, seguro. Y espero que seas genial para ti. Hay gente que encuentra su camino mucho antes que los demás. Es increíble que tengas ya tan claro lo que quieres: dibujar, dibujar por encima de todas las cosas.
- Sí. Pero ya lo tenía claro cuando era pequeña, cuando mi padre no me compraba las figuras Disney y yo las recortaba y jugaba con ellas debajo de la mesa. Era genial. Y era yo. Y el mundo estaba tan cerca. Y me daba miedo.
- El mundo da miedo siempre. Es increíble. Yo me recuerdo escribiendo, perdido por completo en mí mismo, y si alguien me hacía daño, y eran muchos, muchísimos, los que lo hicieron, pensaba: pero si yo lo he tratado muy bien. Nunca lo entendí. En realidad, sigo sin entenderlo. Soy un puñetero ingenuo.
- Hey, no creo que eso sea malo. A mí también me han pasado esas cosas. Ir a fiestas y que me ignorasen, que la gente que iba conmigo me dejara tirada. Al final, encuentras tu mundo. Y el mío eran las pizarras, los folios, las paredes, cualquier lugar en el que dibujaba.
- Pero, no sé si es bueno, pequeñita, que no os aislemos en nosotros mismos, ¿no? Que aquello que creemos no nos sirva para alejarnos de las calles en las que vivimos, de la gente que está a nuestro lado.
- No es algo que haga ya, ya no. Antes, usaba los dibujos, los graffitis, para no salir de mi casa, para no salir de mis ventanas, pero eso ya ha pasado. Ahora quiero que la gente los tenga en sus paredes, que se alegren porque lo he hecho para ellos, y me sirve para hablar con ellos, para ver sus sonrisas y saber que yo las he provocado.
- Sí, tienes ese efecto e imagino que lo sabes. Das luz, una luz discreta, la mejor luz, a la gente que está a tu lado. Deben sentirse afortunados de tenerte cerca todos aquellos que te reclaman. Si por no estar, no estás ni contaminada.
- ¿Contaminada?
- No sé, no hablas de música patética, de tuenti apenas, prefieres otras cosas, leer, dios, cómo odiaría que alguna vez me esperases leyendo, no sabes cuánto, dibujas, eres tremendamente curiosa; preguntas, preguntas y preguntas, necesitas saber tantos por qués, y lo haces todo con una pasión, con una curiosidad que asusta. No, no estás contaminada.
- Y ¿por qué dices que odiarías que alguna vez te esperase leyendo?
- ¿Ves? Siempre preguntando.
- Ya, ya, pero no has contestado a mi pregunta.
- Lo haré. Me puede una mujer leyendo. Me puede y mucho. Qué cosas, ¿no?
- Sí, qué cosas. Es que preguntar es bueno, saber es genial. Cuanto más sepa, mejor. Quiero dibujar y quiero hacerlo como no lo ha hecho nadie antes. Y cuanto más sepa, más fácil me será.
- Saber es genial, la verdad es que sí. Y cuanto más aprendes, más claro tienes que menos sabes. Y más quieres saber. Te vas a Barcelona. El principio de tu vida.
- Hey, el principio, no. Que ya llevo mucha vida, ¿eh?
- Bueno, si tú lo dices.
- Pero, bueno, tú te vas a Sicilia, así que no te quejes. No te quejes. ¿Por qué no me traes algo de allí?
- Claro que sí. ¿Qué quieres?
- No sé. Lo que tú quieras.
- ¿Te parece bien algo pequeño? ¿Algo que me recuerde a ti?
- Sí, sería perfecto. Granada, Barcelona, Sicilia. No podemos quedarnos quietos, a qué no.
- La verdad es que no, pequeñita, no podemos. Yo soy profe y ya sabes, todavía no he repetido pueblo. Doy vueltas y vueltas, pero creo que es lo que me viene bien. Cambiar de gente, de calles, de ciudad. Eso creo.
- Espero que también me pase a mí. Sé que necesito estar en muchos sitios y conocer a mucha gente.
- Conocer y que te conozcan. Acabarás dejando huella.
- ¿Lo dices por...?
- Hey, yo apenas te conozco y en mí la estás dejando. Bueno, en realidad, la has dejado ya. No sé, eres auténtica, no sé cómo explicarlo... Me faltan las palabras.
- ¿Cómo te van a faltar las palabras si eres profesor de Lengua, puñetero?
- Bah, las palabras no son tan importantes. Se dice que una conversación el lenguaje verbal es sólo el siete por ciento de la conversación y el noventa y tres por ciento restante es lenguaje no verbal.
- Y, ¿qué dice mi lenguaje verbal ahora?
- Bufff, cómo no, ahí sigues, preguntando y preguntando.
- Ya, pero no has contestado a mi pregunta.
- Y la pregunta era...
- No te hagas el tonto, anda. ¿Qué dice mi lenguaje no verbal?
- No sé, ¿que eres realmente preciosa?
- Sí, claro, será eso.
- Eres realmente preciosa. Como si no lo supieras.
- Gracias.
- No, gracias a ti, que el que se distrae embobado soy yo.
- Ainssss, qué tonto eres a veces.
- Deberías venir a Sevilla. Te encantaría la ciudad y tú le encantarías a ella. Además, es lo que has dicho, cuantos más sitios conozcas, mejor. Más vida en los ojos, más vida que crear en tus dedos. Espero, no, tengo claro que disfrutarás inmensamente en Barcelona, y que aprenderás mucho, muchísimo. Me encantaría verte allí. Cuánta vida habrá en tus pupilas.
- Espero que me vaya bien.
- Yo también lo espero. No sé si llevarme plumillas, sprays, no sé ni lo que llevarme. Qué guay. Estaré en Barcelona, en nada. Y te contaré cómo me ha ido.
- Sí, esperaré ansioso a que me lo cuentes.
- ¿A qué te lo cuente yo o mi lenguaje no verbal?
- Ainsss, pero qué cruel.
- Tengo que irme.
- Imagino. Una pena. Porque disfruto mucho charlando contigo. Me ayudas a ser mucho más yo y eso es genial.
- A mí también me gusta pero tengo ganas de irme a casa. Y leer. Y dibujar. Y pensar. Y volver a leer. Y volver a dibujar. Y pensar en Barcelona. Y en Granada. Y en los sitios que tengo que visitar. Y en la gente que voy a conocer. Y en los mundos en blanco que mis dedos van a explorar.
- Sí, una pena pero es que, además, no puedo enfadarme. Es el tipo de cosas que haría yo. Arghhh, no puedo enfadarme. Te odio. Bueno, ya quisiera yo.
- Bueno, espero que te vaya bien por Sicilia.
- Y a ti por Barcelona, pequeñita. Ya nos contaremos, pequeñita.
- Sí, aunque yo preferiría dibujártelo, claro.
- Cómo no. Ainssssssssssss. Será genial que estés allí, en Barcelona. El primer día del resto de tu vida, ¿no?
- Bufff, dicho así, da hasta miedo, ¿eh?
- Y yo espero que, por una vez, repitas y te quedes en Granada. Por tus amigos, claro; por los alumnos, que sé que te tienen mucho cariño.
- ¿Quién sabe?
- Tengo que irme. Me espera un libro, me esperan mis dibujos.
- Te espera tu vida, pequeñita, y será genial saber de ella, porque, sabes, hagas lo que hagas, estoy seguro de que será genial. Estoy seguro, preciosa.

2 comentarios:

La gata Roma dijo...

Ains, me he encontrado en muchas frases…
El resto de la vida de una puede empezar cada día.

Kisses, buen verano siciliano

La gata Roma dijo...

Ains, me he encontrado en muchas frases…
El resto de la vida de una puede empezar cada día.

Kisses, buen verano siciliano