lunes, 4 de julio de 2011

Pulgarcitos

Éranse una vez un leñador y una leñadora muy pobres que tenían siete hijos, el más pequeño de los cuales, era “Pulgarcito”. Como los míseros padres no podían darles de comer, decidieron abandonarlos en medio del bosque para no verlos morirse de hambre. Pero Pulgarcito, que había oído su propósito, llenó sus bolsillos de piedrecitas blancas, y las fue arrojando por donde iban pasando. Pensó: ahora, sólo me queda volver siguiendo el rastro de las piedras. Pero estaba equivocado. También aquí quedaban las migajas de la burbuja inmobiliaria de un lugar que algunos llamaban España, otros larga noche de piedra, algunos, sin más, chiste cruel. Miró hacia las piedras, sí, pero había demasiadas, piedras por todas partes, por el bosque, por las playas, por los caminos, y otros, como él, que seguían el rastro de la piedra soñando con un camino mejor, que los llevara a una casa en la playa, a una puerta con casa, a una casa con beneficios. De ninguno se supo: quedaron todos olvidados.

1 comentario:

sorel dijo...

Si se admiten peticiones, y dado que un servidor no está por la labor de escribir últimamente, solicito al autor de este blog una revisión o reescritura del cuento "Juan y las habichuelas mágicas", que bién podría titularse "José Luis y los brotes verdes".

Yo lo dejo caer...

Un abrazo