jueves, 18 de agosto de 2011

El intransigente LXXXVIII

- Hey, cuánto tiempo.

- Sí que hace tiempo, sí. Como que he estado perdido en una isla y todo.
- Sí, que es verdad, sí. ¿Qué tal por allí?
- Todo bien. Tranquilidad total. Desconexión absoluta.
- Joder. Me alegro un montón. Yo creía que allí todo era blanqueo de dinero, violencia gratuita, protección de la familia.
- No, no. Eso es en el Vaticano, que hay que ver cómo han estado las cosas en estos días por este país laico y aconfesional.
- Sí, inmensamente laico y aconfesional. Con todos besando la mano que no les da de comer. O a lo mejor sí. Espiritualmente hablando, se entiende, claro.
- Sí, será eso. Yo es que he estado de lo más perdido.
- Sí, pero has vuelto el día que el Papa está en tu patria.
- Hey, no hay más patria para mí que un cuerpo desnudo. Ainsssssss...
- Por dios, si te escuchara el Papa. Ateo, sin pareja, viviendo en pecado. Una auténtica vergüenza de persona. Irás al infierno, y lo sabes.
- Bueno, tampoco es tan grave. Seguro que allí hay un montón de curas que me absuelven.

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