sábado, 17 de septiembre de 2011

Entresábanas

En los renglones torcidos de tus muslos, atada ya de pies y manos, la paciencia, es noche oscura y no hay paciencia para perderse en las estrellas, atadas ya de pies y manos, a las paredes, las defensas, olvidadas lejos de tus pechos sus contornos de tela quedan esquirlas de carne entre los dedos, esquirlas de carnes que en los manos se levantan, tus pechos en la cama; tus piernas, jardín de tus flores con aroma en las sábanas en que saberse uno sin más entre alguna curva busca mi boca pétalos de tus sombras con los labios; un gemido de placer interminable tus pupilas, cerradas ya en los momentos de esta noche tus esquinas, abiertas al roce de unas caricias que mueren para vivir en tus rodillas, difícil caminar a estas horas, difícil saberse uno y uno solo sin otros tobillos que se entrelazan, atados ya de pies y manos, los deseos de encontrarse sin luz a toda noche, el calor del suelo a toda vela, tú y yo, escasa ya la luz en las ventanas, escarcha de fresa son tus cabellos, húmedos a destiempo un placer de gemidos interminables esta noche los renglones torcidos de la almohada.