jueves, 13 de octubre de 2011

De un momento a otro II

Para Laura
- Hola, profe. 
- Hola, pequeñita. Dime.
- Nada. Sólo hola, profe.
- Anda, esa es mi estudiante. Sacándome de quicio, como casi siempre. 
- Sí, esa soy yo, profe.
- Pequeñita, una cosa. Hace más de tres años que no te doy clases. No crees que deberías dejar ya de llamarme profe.
- No.
- Pero, bueno, ¿por qué?
- Porque sigues siendo mi profe. Y algunas veces me resuelves dudas. 
- Bueno, eso era antes, pequeñita, que me he llevado un año entero en Granada, cuanto te he pedido por toda esa ayuda ha sido un helado de esos italianos, sabiendo que me encantan, y ni una sola vez, ni una. Sólo un helado. Hasta que no me invites deberías saber que no volveré a resolverte una duda.
- Profe.
- Ni una duda. 
- Profe, me encanta Granada. 
- Ya era hora, pequeñita, ya era hora. Decirme que tu pueblo, Algeciras, es acogedor.
- Algeciras es una ciudad. 
- Si tú lo dices...
- Una ciudad. Aunque ahora, claro, me gusta mucho más de lejos. 
- Uauh, increíble. ¿Se debe a...?
- Conocí a un chico, un ingeniero químico, y, ¿sabes? se está portando muy bien conmigo.
- Ah, genial entonces. Así, Granada tendrá más magia, ¿no crees?
- No sé, profe, se me hace raro que alguien tenga detalles conmigo, se porte bien, no me haga daño. No sé, es raro.
- Pero, bueno, pequeñita, hay gente así, y además, creo que ya es momento de que te pasen las cosas que realmente mereces.
- ¿Qué cosas, profe?
- Y ahí sigue, ella, sacándome de quicio. No sé, pequeñita, estar en Granada, estudiar, llegar a ser una maestra un tanto diferente a las demás, encontrar a alguien que te cuide y ser gris con él en casa. 
- Ser anónima, profe. Es diferente.
- Pequeñita, hay cosas que son imposibles, y lo sabes, una de ellas es que tú seas anónima; ayudas a la gente, haces que se sientan bien. No, no serás anónima.
- Lo seré. Anónima. Por completo. 
- Me sacas de quicio, de verdad.
- Lo sé. Profe, me va bien con el ingeniero químico.
- Me alegro. Un montón, además. Yo parece que sigo en las mismas aguas. A ver si aprendo a nadar. Pero no sé, no creo que encuentre a alguien. Qué raro. Estoy siendo pesimista, cuando la que es pesimista siempre eres tú. Es, no sé, raro.
- Pues no lo seas, profe, no lo seas.
- Pequeñita, a veces nos pueden las cosas, ya lo sabes. Y ahora mismo estoy donde no debería, imagino. Uno se estanca en aguas en las que no...
- Profe, ¿por qué te niegas la posibilidad de ser feliz?
- ¿Cómo?
- Tengo la sensación de que no quieres avanzar. Conoces a mucha gente, tienes la posibilidad de pero nunca lo haces.
- Si tú lo dices...
- Profe, me estás sacando de quicio. ¿Sabes una cosa?
- Siendo tú, no, probablemente, no tenga ni idea y no, no lo sepa.
- Profe, estoy convenciendo a mi familia para que no vote al PP. 
- ¿Cómo?
- Sí, todo parte de una conversación con mi abuela. Me dijo que no sería más su nieta si votara al PP. Y ahora yo ando convenciendo a toda mi familia para que no voten. Ni al PP ni al PSOE. Hasta a mi hermano he convencido.
- Uauhh. Entonces soy el que te invito a lo que quieras. ¿Ves? Consigues muchas cosas, pequeñita. No vas a poder ser gris.
- Profe. No es gris. Es anónima. Y lo seré. Estaré en casa, veré películas en mi sofá, comiendo palomitas. Ese es mi plan de vida.
- Pequeñita, por favor, eso no es un plan de vida, eso es una escena de Cine de Barrio.
- Si tú lo dices... Pero, bueno, profe, no se dice de barrio sino de birria.
- Jajajajaja. De verdad, pareces otra.
- Pero no, soy la misma. Y soy anónima.
- Arghhhhhhhhhhhhhhh...