viernes, 14 de octubre de 2011

La vida como caos VII

Para  las enanas de Atarfe

Otra vez en otras calles, así es la vida. Otra vez en otra ciudad, Constantina, cerca de casa, y no tan cerca. Y otra vez por qué te has ido, por qué no pusiste este instituto, por qué, por qué. Cuándo vas a venir y cómo, quizás, quizás, quizás. Otra vez ese encontrarte gente que no esperabas y esas sonrisas que alegran un día, una semana, un mes. Otra vez, cómo te va, maestro, cómo, no te olvides de nosotras, nunca, cómo podría hacerlo, con lo que he aprendido. Otra vez una enana diciendo, pero si el año pasado te callé tantas veces, ya lo sabes, y no escuchar, y echar de menos, es que eres tonto, de verdad, pero tonto, Isa, no te pases, que eres muy pequeña todavía, y saber que hay gente brillante en la que no se ha creído y en la que no se cree, y ese saber que yo sé que tú sabes, a qué sí, que si no me apruebas tercero no volveremos a hablar en años, y ese saber que estáis centradas y os queda tan poquito, y Miriam, Miriam cuidó de vosotras y ahora, imagino, os toca a vosotras, porque así son los caminos, y ya os lo dije, es la única forma de recorrerlos, siendo honesto, siendo honestas, en este caso, con vosotras mismas; lo demás vendrá solo. Y recuerdos, todos los recuerdos del mundo, todos los recuerdos de un año en que los martes eran de paseo, charla y churros con chocolate y de llegar a mi tutoría y preguntar por qué a nosotros no, porque sois muchos, y de ir a ver a una película horrible, la peor película de mi vida, ahora que sabemos que alguien la ha visto más de treinta veces. Y yo me salí del cine, maestro, la mejor película que hemos visto en la vida, la mejor, y el maestro sólo quería tirarse por la ventana, a tres metros sobre el cielo. A tres metros. Cuántas conseguidas, María José, cuántas cosas, y, no, maestro, no me des las gracias que yo tengo mucho más que agradecerte, pero tenlo, claro, no lo conseguí, lo conseguimos, hasta Lidia, hasta Lidia está en tercero, y saca hasta sietes y medio. Cuántas cosas conseguidas, y cuánto me reía con, sí, tutor, ahora te odian, pero después se van a acordar de ti, se van a acordar, para bien, de ti, y lo sabes. No, María José, o no lo sé, o se me olvida, pero me alegra hablar con Lidia, y que me cuente, cómo no, riendo, tengo, maestro, tengo un siete y medio, pero, mira, creía que iba a sacar menos nota, y no sabe, no sabe todavía que ese es su camino. Siete folios de carta, siete folios, la de palabras compartidas, la de cartas que escribí, y las no esperadas respuestas, ese encontrarme, maestro, cuándo vas a venir a visitarme. María José, no voy a visitarte, voy a visitaros, ya lo sabes, ese aparecer en cualquier sitio y escuchar, cuándo vas a visitarnos y no volverme loco, bueno, casi, ese casi no volverme loco. Ese gracias por las palabras, maestro, gracias, que me dan fuerza, Isa, no me seas pelota, es que eres tonto, de verdad, maestro, tonto. Y qué tal por Sevilla, maestro, os echo de menos, ves, tendrías que haberte quedado en Atarfe, con nosotras, perdón, maestro, estás casi cada días con tu sobrino, perdón, maestro, no debí haberlo dicho. Ni te preocupes, enana, la de veces, que yo, eh, recuerdas, doña Isabel, si quiere usted salir, ya sabe, por favor, de usted, y gracias, y esos ojos con odio en la ventana, la de veces que yo también metí la pata. Sí, lo sé, lo sé, tengo que aprender a callarme pero así, ahora y siempre, es mucho más divertido. Ese llegar enfadado y la clase en absoluto silencio y que no supierais jamás que era teatro, puro teatro, porque siempre, siempre, adoré estar en clase y aprender, aprender de cada uno. Es que eres tonto, maestro, de verdad, pero tonto. Y pelearme, y discutir con profes, siempre discutiendo con profes, y con el director, pero nada, al final, sólo fue una semana, y ahora, María José, toca tercero, y sé que harás sentir orgulloso a todo el mundo con tus notas, notas en letras, dejemos matemáticas al margen, y la de charlas, y charlas y más charlas y palabras compartidas, y esas novelas del segundo trimestre, todas de amor, para yo pegarme un tiro, ya lo sabéis, examen no, novela sí, y novelas novelas de amor, que alguien me pegue un tiro, amor adolescente. ¿Y qué tal las mujeres, maestro? Como siempre, no, diríais, conoces a muchas pero ninguna te llama. Será Italia, no, serán las italianas. Y esa niña caprichosa diciendo no, no voy a hacer nada, vale, pues no nos novemos y yo pensando, dios, voy a tener que estar dos horas en la clase porque no aprende, para matarla a ella, para matarme a mí. Maestro, nos echas de menos, a qué sí. A veces, claro, a veces, y con cuánta gente hablas, cuándo vas a venir a visitarnos. Cuántas cosas aprendidas, cuántas cosas. Y las que quedan .

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