miércoles, 12 de octubre de 2011

Vida en las azoteas

Caen las primeras lluvias del invierno y golpean, estando, como estamos, a este lado de la azotea, ya desnudos y en celo, gotas de agua contra tus pechos, ahora que se derraman tus pezones en mis dedos, ya caídos sujetador y otras ropas en el suelo. Caen los primeros fríos, del invierno, pero no, no importa ahora que son tus labios los que mi boca lamen y quedan entre mis piernas ahogados por los más descalzos deseos. Cuerpo, cuerpo ya sin ropa el tuyo, ya en mi baranda tus muslos, ambos los dos húmedos por completo, muertos de sed con las últimas luces que se van apagando de un pueblo en el que callan gemidos violentos. Cuerpo, cuerpo ya sin ropa el mío, ya en tu baranda el deseo, el deseo de ser uno y menos en tus tobillos, de ser uno y menos en tu sexo, de ser siempre en ti uno y menos, de estar en la noche contigo bajo las primeras lluvias sin frío de un apetito que contempla sin estrellas un cielo.