lunes, 28 de noviembre de 2011

Città aperta, stanza chiusa

Per la mia sorellina Ida e per la sua sorella Cristina Pagliaro
- Y, tú, ¿cómo estás tú?

- No sé, de verdad, no sé cómo estoy. Ir a otra ciudad, que no es mi ciudad, ir a otro mundo, que no es el mío. A veces, la vida debería ser muy diferente, ¿no crees?
- Es que estás aquí, conmigo, ahora, en esta habitación, en Roma. Acabas de decirle a Francesco que te vas con él, que lo amas y que eres feliz donde él esté, pero yo te quiero aquí, conmigo, en esta ciudad.
- La de veces que nos hemos hecho daño, hey, sin saberlo. Como dos hermanas, como dos hermanas de una misma familia. La de veces.
- Sí, imagino. Uno hace daño a lo que más quiere y deja indiferentes a los que menos importan. Debería ser de otra forma: hacer bien, siempre, a quienes queremos, pero eso no pasa, eso no puede pasar. Nunca. 
- ¿Por qué? ¿Por qué no puede pasar? Porque crecemos, y crecer duele y crecer es vivir y vivir, desde el principio, ya lo sabes, es separarse.
- Y tú estás aquí. 
- Sí, contigo, llorando. Y simulando estar bien, porque estoy aquí, contigo, y quiero que Francesco sea feliz. Y me duele no serlo, no serlo de verdad. Y no sé, de verdad, no sé adonde me lleva, adónde me lleva Nápoles, su casa. No quiero irme, sorellina, no quiero irme de aquí. Roma, Roma es nuestra casa.
- Es increíble. No vamos a estar en la misma ciudad. Tú. Tú y yo. Y no vamos a estar en la misma ciudad. Cuando hemos estado siempre a dos manzanas, a diez minutos de camino. En Messina. En Sicilia. En Roma. No vamos a estar en la misma ciudad. Hay cosas que no deberían ser y además son injustas.
- Y saber que hay dolores que empezaron hace tanto. Cuando te fuiste de Erasmus, me alegré por ti, enormemente, ya lo sabes, pero la sensación de vacío, de soledad. No ha habido nadie en mi vida como tú, ya lo sabes. Nadie.
- Ahora tú, te vas, te me vas, a Napoli. Te me vas y no quieres. Otra vez el corazón en mil pedazos. Otra vez, la vida, porque sí, nos arrebata tantas cosas. Como cambiar de casa. Y ahora toca cambiar de ciudad. Tú y yo. ¿Y si nunca más estamos en la misma ciudad? 
- No digas eso, por favor, no lo digas. Duele. Duele saberlo por si es verdad. Duele saberlo aunque sea mentira.
- Francesco es feliz, ¿sabes?
- Sí, lo sé. Él es feliz. Es sólo que este es mi mundo, esta es mi ciudad y me gustaría estar siempre aquí, y reírnos, y llorar, como ahora, y ser las mujeres de Sex and the city. Y hacer fiestas de los años setenta y grabarnos en vídeo hablando de todos aquellos hombres que nos han hecho daño. Y de aquellos a los que hemos hecho daño. 
- Al final, siempre nos hacen daño los que más queremos, ¿no?
- Al final, es eso, es el daño, y ponernos una máscara, y sonreír porque es feliz alguien que queremos aunque nos esté destrozando por dentro.
- Una máscara para amor y amigos. Siempre una máscara. Abrázame, abrázame.
- Gracias, sorellina, gracias. Yo...
- No digas nada. Ti voglio bene.
- Anch´io.

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