lunes, 21 de noviembre de 2011

Miedo XIX

Para Elena
- Hola, ¿qué tal? Me encanta verte. Ahora. Otros días. Siempre.
- A mí también. A veces es bueno dormir con alguien y no acostarse.
- Sí, aunque haya cosas que dan miedo. Estos días. Estas noches.
- ¿Qué no da miedo en estos días?

- Sí, qué no da miedo en estos días, preciosa. No sé, ahora tú. Ahora tú no me das miedo. Estoy aquí, contigo, y no me das miedo. Y no me da miedo el mundo. Aunque parece que se vaya a hundir de un momento a otro. Que este país se va a no se sabe dónde. 
- Pero ahora, estás, aquí, conmigo. Y no tienes miedo. Y a mí a veces me da miedo que no tengas ese miedo. Que sí tengas ese miedo a enamorarte de mí.
- Es que nunca he sentido nada tan intensamente.
- ¿Y qué, enano, y qué? El miedo no nos lleva a ninguna parte. Además, es solo miedo a enamorarte de la imagen que tienes de mí. Una vez se vaya esa imagen, aparecerá yo. Y estarás mucho más tranquilo, porque solo seré yo, con virtudes y defectos.
- Hey, no lo tengo tan claro. A lo mejor, es entonces, claro, cuando yo me enamoro de ti realmente, cuando me puedes por completo. Nunca he conocido a nadie como tú.
- Yo... no sé qué decir, no sé qué decirte.
- No tienes que decir nada. Mirarte es suficiente. Estar contigo. Eres hermosa. Y tienes escarcha de fresa en los cabellos. Me encanta ese color, me encanta que tu pelo sea rojo. Me encantas tú. Y me encanta estar aquí.
- A mí también.
- Sí, mira la calle es azul. La marea azul del PP. Da pánico. Pero tú estás aquí, y tienes tu pelo rojo. Y brillas como nunca. 
- Quedémonos, quedémonos aquí. Y no salgamos nunca. ¿Qué nos espera fuera? Recortes y más recortes. Y yo no quiero que nadie me recorte tus caricias, que nadie recorte tus miradas, que nadie recorte tus besos. 
- A veces eres de lo más tierna. O de lo más empalagosa, jajajajaja.
- Pero tengo pocas ganas de reírme. El mundo debería ser para gente como vosotros. Pero no. Nos lo están quitando todo. El mundo debería ser para la gente corriente. 
- Sí, yo no quiero vivir en los mercados. Yo quiero vivir contigo, jajajaja.
- Enano, me encantaría decirte tantas cosas. Y no me salen, no me salen las palabras. Es como si también me las hubiesen recortado, jajaja. No encuentro las palabras adecuadas, pero ya lo sabes, nunca me he sentido así. Me gustaría decirte tantas cosas. Y no puedo. Es frustrante. No me salen de los labios.
- No te preocupes, roja, solo tengo que mirarme en tus pupilas. Y me veo feliz. Como no me he visto en años. Gracias.
- De nada, sé que soy única, jajajajaja. Gracias a ti. Es genial sentirse viva cuando es un puto país el que se nos muere, el que se nos va a la deriva.
- ¿Y qué, roja, y qué? Estamos aquí, tú y yo, y todo presagia naufragio, y debería darnos igual. Estamos aquí, y el mundo no importa.
- Importa. Siempre importa. Ahora estamos aquí, aislados, pero así no se vive, enano, así no se ama. Se ama en el mundo, se vive en la ciudad. Y se es más fuerte en ti, porque me haces mejor cuando me piensas, me haces más humana. 
- Menos mal que no encontrabas las palabras, jajajajaja. 
- Me haces más humana, y haces que dese estar en el mundo, que desee mejorarlo, luchar por él. Yo, que nunca, he tenido fuerzas.
- Yo... sólo quiero quedarme aquí. Ahora soy yo el que quiere. Solo un poco más. Y después salimos al mundo y caminamos desnudos bajo la lluvia, y peleamos por nosotros.
- Por nosotros, enano. Por nosotros y por todos los demás. Podemos con ello. Y con mucho más.