viernes, 18 de noviembre de 2011

Nada tan triste

Nada hay tan triste como no haber sido un cuerpo frente a otro, amándose, desnudos, bajo la lluvia. Nada hay tan triste que repetir los mismos gestos en todas las caricias. Nada hay tan triste como caminar por todos los charcos con paraguas por no dejar restos de barro en los dientes. Nada más triste que no vivir en la derrota, nada más triste que no reír en la derrota, cuando se vive perdiendo, siempre, derrota a derrota, hasta crecer. Nada tan triste como beber todas las noches de todas las rutinas. Nada tan triste como no saber que hay raíces que se enredan en tobillos. Nada tan triste como mirar y no ver más que defectos en todas las persianas. Nada tan triste como mirar al mar sin gafas. Nada tan triste como saber que todo el mundo duele y darnos solo en las tiritas. Nada tan triste como no devorar el sexo húmedo de otro cuerpo en las cocinas. Nada más triste que ser feliz a veces porque sí. La felicidad es la más angustiosa de las cárceles. Nada más triste que no tener cicatrices en la espalda si todo han sido arañazos en la noche, si todo en la noche ha sido sexo con amor. Nada tan triste como no entender que estamos de paso y no somos nada. Nada tan triste como saberse en todas las cadenas. Nada más triste que una mano que no haya penetrado con ternura, con ira, con rabia, un sexo, un sexo ajeno. Nada tan triste como derramar lágrimas cuando te vas cuando hay tantos sitios que esperan. Nada hay tan triste como ventanas sin luz en todas las almohadas. Nada hay tan triste como una estantería sin cerebros. Nada hay tan triste como saber que todo se nos va y nada más. Nada hay tan triste como acudir a todas las citas programadas. Nada hay tan triste como saber que todo nos lo quitan y nada más. Nada tan triste como una noche de luces sin estrellas y una ciudad. Nada hay tan triste como una mirada vacía en las pupilas cuando la vida nos pasa por delante y poco más. Nada hay tan triste como estar sin vivir en vida.

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