martes, 27 de diciembre de 2011

El niño que veía volar aviones de papel

Para Lourdes
Cuando se despertó, algunos papeles todavía estaban allí. Eran papeles grises de una vida que se le había acabado en algún momento en que sus alas decidieron crecer por encima de sus raíces; eran papeles blancos, sucios de tanto mundo infame en los párrafos. No sabía qué hacer para salir de allí, de esas cuatro paredes en que se habían convertido sus pupilas últimamente y recordó a su abuela, a los primeros años de una vida en la que había azulejos de color y una sonrisa en cada baldosa. Decidió entonces que había crecido demasiado y era el momento para parar. Recordó entonces que hay recortes, en un papel, en un folio, en un amor, en una vida, que pueden devolvernos a nosotros mismos y recortó cuanto papel había allí hasta que aparecieron aviones, los mismos aviones de papel que él siempre había visto volar, sorprendido, sin habla, sonriendo, todavía sin palabras, en la casa con magia de una abuela que siempre supo hacer de la rutina el mayor de los asombros.