martes, 6 de diciembre de 2011

Fragilidad vol. I

Para Elena
Son paredes que se hunden, aquí, ahora, paredes de una casa que todos decidieron empezar a construir por el techo. Son calles en las que es difícil pisar ahora que caminamos siempre descalzos y las aceras están llenas de cristales, ahora que no queda más que hielo y sangre en los tobillos. Ni siquiera, no, ni siquiera entonces, nos mintieron, como casi siempre, ni siquiera tenemos el derecho que alguna vez nos fue concedido. Sin alas en los tobillos que nos hagan volar sobre este río y escapar de esta ciudad. Y estás, tú, aquí, entonces, ahora, entintados ya, como de costumbre, verte a contraluz, como de costumbre, desnuda en todas tus páginas, estás tú, entintados tus cabellos de rojo, hilos de una luz con sombras tus dedos, estás tú, aquí y ahora. Como tantos otros, yo, ahora, contemplándote. Sonriendo a cuanta gente se te acerca. Hay alguna lágrima. Tanta belleza, piensa alguien, tanta belleza duele. Y dejas derramar mechones de tu pelo en fresa sobre las manos de aquellos que se han perdido en tus pestañas, aquellos que han renunciado a las ventanas de esta ciudad por ti. Y hay paredes que se hunden, ahora que el mundo sigue, sigue por un momento y luego otro, y estás tú, y hay otros mundos y están en ti y hay gente que se encuentra en ellos y dice hola, mi amor, alegre llegas, a vida sabes, y hay otros mundos y están en ti, y gente que se pierde en ellos hasta encontrarse y está en tus manos y es un aroma a ceniza con vida que consume los resquicios de unas tristezas que se hacen escarcha, escarcha de fresa, luz de sol con sombras que convierten en ríos a todos tus cabellos. Es sólo un momento y entonces, tú, como casi siempre, tienes alas y no hay otras raíces que cielo en tus tobillos.