lunes, 26 de diciembre de 2011

Parole per Heidi XXIII

Cara Heidi,

bellisima cara, eché de menos tu voz en estos días, escuchar tu voz y pensar en esos ojos verdes que dejan sol en las noches y calor en las almohadas más frías. Eché de menos tus palabras y saber de ti y de Firenze, de esas jornadas interminables en el mercadillo y saber que no tienes cobertura, que es difícil encontrarte en esas calles cuando son todos tus días cansancio en estas tardes pero, siempre, ya lo sabemos, siempre es pequeño el esfuerzo ahora que sé, como has sabido siempre, que no es más que ganas de viaje, voglia de vita, ganas de estar en todas partes y conseguirlo a veces. Te eché de menos en mis treinta y nueve, aunque tuve de ti tantas palabras, y me alegró que tú fueras la última en encontrarme esa noche, encontrar que habías pensado en mí y no deseabas otra cosa que las mejores cosas y más y tapas y sol y todos los pequeños detalles que siempre nos hicieron grandes, al sur de todas las historias, al margen de todos los mensajes. Más de diez horas, caro fantasma, de trabajo cada día, más de diez horas y después, volver a casa, e imaginarte en la nieve, imaginarte en el frío, aunque, como dices, será difícil ahora que en el norte hace más sol y calor que frío y la nieve parece a años luz de cualquier montaña. Heidi, cómo no, Heidi en las montañas, Heidi de escalada. Olvidar por un momento entonces y mucho más todas las batallas de este siglo en que he ido perdiendo tantas esperanzas, todas las batallas absurdas de un siglo cruel en que me he ido perdiendo para nada, todas las batallas difíciles de un siglo en que hay gente, sucede, que se ha cansado de ser gente, que se ha cansado de ser hombre. Y hay momentos en que es tu cuerpo y una sombra y habláis de noche sobre cuánto echáis de menos estar en cualquier parte y dejar huella en todos los rincones y volver a un bar del sur donde tomaros alguna tapa y mirar alrededor y comprender que hay gente que está mirando porque, digámoslo de forma tranquila, la belleza cautiva algunas noches, aunque no importe demasiado, sobre todo, a ti, bello fantasma, dulce criatura, que volverás a estar pronto en otras ciudades, y será entonces Berlín como Sevilla, Sevilla como Praga, muescas de un cinturón que ha dejado marcas en todos los cafés, recuerdos cercanos de unos ojos verdes que buscan otro horizonte, que se cobijan siempre bajo otras nubes y has vivido lluvias en tantas ventanas. Cara viajera, el tiempo, el tiempo en tus dedos: te anochece a veces a las cuatro de la tarde como nunca dormiste aquí, en el sur, antes de las diez en tantas ocasiones, tantos relojes diferentes en tus muñecas, tantos sabores en tus pupilas entreabiertas y algunas madrugadas solas, cara viajera, y estas ganas de caminar en tus pies por olvidar el mundo en que vivimos, por descubrir las esquinas más frágiles en tus cristales, estas ganas de encontrarte, después de tanto tiempo, de encontrarte intacta, porque hay gente como tú que se gana en todas las batallas,  en las luces más oscuras.  

1 comentario:

Anónimo dijo...

...esto si - esto si que se llama arte de escribir ;-)...

...una meravilla otra vez...es siempre un placer leer estas palabras...

bacione ;-)