lunes, 31 de enero de 2011

El intransigente LXXIII

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, qué tal todo.
- Hasta los cojones, como siempre. Para qué mentir. A ver si despertamos de una puta vez, que nos están jodiendo hasta las pensiones.
- La verdad es que sí.
- Sí, de eso iba el post que escribí ayer.
- The walking dead. Sí, buena serie.
- ¿Serie? Ojalá.

sábado, 29 de enero de 2011

The walking dead

Para un hermano, Sorel, y su gente durmiente. Para Lorena García
Se nace así, como quien no quiere la cosa, por venir al mundo un rato.

Se es niño y se busca la curiosidad, se crece con colores, en colores, se busca todo y todo es una posibilidad.
Se es niño y se sonríe, al mundo, a la vida, a las personas, porque el mundo es una ciudad humanizada.
Se piensa: hay que enseñar a los niños para no castigar a los hombres.
Se sale a la calle y se dice, anda, una mariposa, y hay alguien que nos acompaña. Se dice: todo el mundo tiene un par de alas pero pocos se atreven a volar.
Se es niño y se aprende a hablar, a protestar porque el mundo es el que es y no el mejor de los mundos posibles. Se aprende a reclamar.
Se llega al instituto y se aprende a pensar. A pensar como los demás. A perder los colores. A pensar en gris. A repetir gestos ya obsoletos, ya caducos, de tanto usarlos todos. Se aprende a ser gris. A vivir en silencio. En el miedo. Se llega al instituto y protestar está mal. Y se sonríe menos. La vida se hace más pesada. Cansan las alas ahroa que el límite es el techo y el cielo queda tan tan lejos.
Se es gris y se sale a la vida. Y no se tiene nada. Nada por lo que protestar. Nada por lo que reclamar. Nada que defender ahora que el miedo es una costumbre y ahogar nuestra palabra se ha convertido en rutina.
Se lee: los jóvenes no protestan, no reclaman. Y no se lee: los que lo hacen son antisistema, son perroflautas. No se lee: les hemos quitado ese derecho a la protesta, se lo hemos arrebatado, todos, que nunca fuimos profesores, nunca, sí carceleros.
Se lee: hay que defender el sistema los mercados. Y no se lee: es un sistema patético de mercaderes cuyo único propósito es el dinero, da igual su color. Y no se protesta, no, porque, en algún, momento, nos dejaron sin alas, sin colores, nos hicieron grises y nos arrebataron, como casi siempre, el turno de palabra. Para dejarnos, como casi siempre, sin voz ni voto.
Pero no somos zombies, no, no somos zombies. Sólo estamos viendo Gran Hermano. Sólo. Estamos. Viendo. Gran. Hermano.
Y olvidamos por completo que es el Gran Hermano quien nos ve.



viernes, 28 de enero de 2011

También el tiempo

Uno busca tu cuerpo a contraluz como las gotas de lluvia buscan una noche donde encontrarse en las tazas de café. Uno busca tu cuerpo y pierde tus pies, escondidos bajo las sábanas cansadas de alguna cama con almohada. Busca tu cuerpo y encuentra tus pechos, y los muerde, y los hace suyos, los hace míos, me digo, ahora que estoy cansado y eres tú, son tus labios, bañados en rojo, los que arañan mi cuello y duele la sangre en mis venas. Hacer el amor como quien asesina por primera vez un tanto de tristeza. Y hay un poco de sexo en mi sexo tu sexo y el tiempo queda, el tiempo en las ventanas y hay rocío, rocío de la mañana en los muslos y es tarde ya de noche y el mundo se queda sin tiempo, ahora que el tiempo queda, queda en nuestras ropas que se desnudan por nosotros, para, ahora, y alguna baldosa las recibe, libres ya de toda culpa, tu ropa y la mía, tu cuerpo y el mío, sexo contra sexo, por una vez ya tarde y de noche, y con rocío de madrugada en los tobillos y hay alas en los dedos y nada como penetrar un río y encontrar vida en las montañas, ahora que el mundo, sí, se queda, también el tiempo, a nuestro lados y hay árboles y ramas que sí me dejan ver tus pétalos y acariciar tu aroma en las esquinas, y besos que se pierden en la lluvia en el sol en playas del sur de las que ya no sabemos nada. y el mundo queda también el tiempo.

martes, 25 de enero de 2011

Sucede que me canso de las pizarras V

Para Juan Cañadas

Uno piensa en la primera vez en que Charles Chaplin aparece, por primera vez, en los ojos de alguien. Y piensa en la ternura de las palabras de aquellos labios que hablan con ternura de personas que enseñaron a pensar. A pensar. En mayúsculas. Más allá de libros. Más allá de profesores. Personas que fueron ejemplos para otros y no, nunca en el miedo, siempre en la libertad, en el respeto al discípulo. Y uno sabe que, a veces, se equivoca y deja que estudiantes se alejan de sus clases cuando no debería. Pero piensa también en que no hay nada como hacer sonreír a alguien y saber que esa sonrisa se debe a ti. Con mayúsculas. Y a uno le duele que haya gente que tenga en ellos a su peor enemigo. Y duele también saber que a veces los mejores son los que se pierden y no sabe cómo conseguir que no se puedan a sí mismos, tristemente, y que vuelvan a una luz, a una primera luz que les haga ser un poco mejores, saber de su importancia. Y uno escucha, y se ríe, porque le dicen me recuerdas a mí mismo, a ver cuánto tiempo estás así, José Manuel, a lo mejor no tenemos que tener tanta preocupación por estos niños, los vamos a tener que dejar de lado. Y el profesor que lleva uno dentro dice: a lo mejor tiene razón y la intuición, dice, no, será no, será importante a pesar de esos cuatro suspensos que me duelen tanto como si fueran míos. Y uno piensa en tres colores, y en otras luces diferentes, y en humanidad, y tanta tanta curiosidad y saber que Lorca, Lorca, ni más ni menos, lleva el teatro a cada pueblo, compartir cultura, hacer pensar. Y uno piensa por qué seguir las normas, por qué repetir como loros palabras ya obsoletas. Pensar, siempre. Ser mejores, maś humanos. En cada momento. En cada pequeño rincón de este mundo que se ahoga en palabras obsoletas, en repeticiones absurdas. No buscamos, no, ya no, ladrillos en un muro, sino seres humanos que crezcan y crezcan en las raíces, en las playas, enseñar a pensar, olvidar los verbos, olvidar complementos directos e indirectos y decir, sin miedo, buscar premios Nobel de la Paz, nunca Kissinger, nunca Obama, no ellos, y escuchar por qué y ser claros y hay más poco más, buscar que sepan expresarse, en cuerpo y alma, con respeto. Saber hablar y escribir. Saber escuchar. Lograr un mundo más humano. Educar, educar en todo. Escuchar a aquellos que hicieron de esa labor su vida y a veces perdieron su vida en el intento. Lorca, Casona, Machado: enseñar y dudar de lo que se enseña. Pensar antes de hablar. Pensar siempre. Y encontrar gente en el camino que sabe que no hay nada como enseñar a aquellos que están creciendo a que no hay nada como gobernarse a sí mismo y no dejarse, jamás, gobernarse por los demás. Porque hay fechas, como un catorce de abril, que no deberíamos traicionar, nunca.

lunes, 24 de enero de 2011

Nevó en Atarfe

A veces, la vida nos sorprende. Sin más. Porque sí, a pesar de que todo dice no y nosotros no hacemos otra cosa que escuchar. Sí y no. Y qué más da. Hay días en que la nieve cae y uno pasea por las calles de un pueblo de Granada llamado Atarfe y olvida que el mundo es tristeza y, en ocasiones, todo es un asco. Lo que hay que ver: un sevillano viendo nevar. La magia existe, sólo hay que saber encontrarla. La magia existe. Sólo hay que saber explorarla. Y uno habla de orgullo, de enemigos tan dañinos como nosotros mismos. Hemos contemplado al enemigo, decían: somos nosotros mismos. Y le viene a las venas el caos de una canción de pájaros que hablan de páginas que todos hemos releído alguna vez y la sangre llega a la boca y se construyen máscaras brillantes con las que vivir en la sonrisa. Nada como saber que alguien sonríe y ha sido gracias a ti. Aunque otra vez la sangre se haga raíces y nos haga pararnos un instante. Tan sólo un momento por contemplar el paisaje y subir y contemplar la nieve golpeando tus mejillas. Es lo que tiene el frío. Es lo que tiene el frío y sentarse a ciertas horas en inviernos del sur sin sol. Es lo que tiene escribir postales que acaban en un cajón. No hay ganas de salir al fuego de una casa sin cerrar. Una casa ya sin persianas. Una casa con bolsillos que hablan, en soledad, de cuando compartían monedas de consuelo. Ni eso, puedes escuchar, ni eso nos han dejado ahora. Somos nosotros mismos, esos nosotros mismos que, a veces, ya de tarde y con ganas, dejamos caer alguna palabra al viento por si alguien quiere devolvernos un poco de conversación, algunas líneas. Cómo mirar a las palabras. Cómo hacerlas nuestras. Cómo volver a la paz de un pueblo en el que crecer en las miradas. Todo lo que hemos escrito en las postales y dejamos en un cajón con las prisas de un mundo que se nos va entre las manos. Un momento tan sólo. Por descansar y hacernos fuertes. Por agacharnos un poco y dejar que nuestras rodillas reposen sobre las estrellas ya nevadas. Tanto por lo que vivir y tan poco tiempo. Tanto que aprender y tan poco tiempo. Y una lluvia de nieve que deja pureza en los dedos y se va haciendo magia en las manos. La magia cotidiana y olvidada de saber que, únicos e irrepetibles, hay mañanas de domingo en que no hay más camino que algunos charcos de nieve en que perdernos durante horas, ya sonámbulos, en la luna.

sábado, 22 de enero de 2011

Sucede que me canso de las pizarras IV

El mundo haciendo aguas por los cuatro costados y cuanto hemos enseñado es a vivir en burbujas que no nos dejan ver que hay un mar que presagia, a todas horas, naufragio. Todos los muros de este sistema con cadenas cayéndose y ni siquiera hemos enseñado a arrojar, con toda la furia de los que saben que el mundo les ha derrotado desde hace siglos, todos los ladrillos que nos lleven a una ciudad desconocida.

jueves, 20 de enero de 2011

Larga noche de piedra

Así que esto era a todo, hacer creer, cuando era mentira, que en un país del sur de Europa, un trozo de tierra africano había dejado atrás sus oscuras raíces y todo eran ahora pétalos de color claro casi sin aroma. Y nos habían mentido. Nos han mentido. Y no es Sicilia, no, ni es Italia, por una sencilla razón, no han encontrado todavía un nombre adecuado, aunque haya mafia, y haya heredado todas las instituciones, una tras otra. Y ahora sólo crea socializar el miedo y privatizar los deseos de llegar a alguna parte, socializar el pánico y privatizar el caos, la anarquía, el deseo de derribar esa noche larga de piedra que nunca nunca ha terminado para ver un poco de luz, un poco al menos, para hacerle ver a Machado, ejemplo, siempre, y a tantos como él, que sí, que tenía razón, que nunca hay que educar en el miedo, siempre en el ejemplo. Y hay ejemplos que duelen porque perdieron ideales, libertad y vida en el intento. Dijeron: un fantasma recorre Europa. Ese fantasma debería hacerse cuerpo de una vez por todas. Un fantasma que devorara cuantas mentiras nos han contado.

miércoles, 19 de enero de 2011

Sin ganas de

Y ahora por qué estas ganas de dejar que la vida pase sin más, que a un momento suceda a otro y todo se quede en lo gris y bajarme del mundo una vez más y quedarme viendo las paredes porque la vida se nos va se nos va en el cansancio, en un volcán con nieve que escupe fuego en los inviernos más veraniegos y deja el corazón de una isla palpitando. Y palpita palpita la vida en los dedos y uno no sabe si llamarlo nostalgia dolor o qué sé yo si hay pocas que saber y todas las canciones hablan hoy de las heridas que quedan en las uñas y arañamos los bolsillos buscando tan solo monedas de consuelo con las que protegerse un momento, descansar bajo las raíces de un árbol dormir alguna siesta y la vida la vida va y a veces no se queda tan sólo un segundo en nuestros labios y no queda por quedar ni agua que llevarse a la boca en cualquier tarde y no hay ganas no hay ganas de levantarse porque es el mundo y dan ganas de esconderse entre sábanas y decir que no que no hay nada como quedarse en casa en un sofá bebiendo un tinto con limón acaso una cerveza y esperar que sean otros los que solucionen el mundo y dejen las calles sin basura. Descansar por una vez sin pensar en nada más en nadie más y dejar que la vida ahora antes entonces alguna vez ahora porque sí sin ganas de

viernes, 14 de enero de 2011

España a lo Eugenio

Saben que aquel que diu que llega un partido de izquierdas, sí, de izquierdas, obrero, sí, obrero, y sí, español y qué más da, español como podría ser portugués, irlandés, qué sé yo, porque no hay nada más absurdo que llamar patria a un trozo de tierra en el que uno nace por accidente, y dice el partido de izquierdas, ya gobierno, hay crisis, luego cabalgamos, así que hay que agarrarse los machos, y hey, hay que trabajar, hasta los sesenta y siete años, aunque estés muerto y qué más da. Hay que salvar un sistema, sí, el mejor de los sistemas posibles, y va uno y piensa y diu, pero a lo mejor la gente protesta y critica y se pone a pensar y ya no ve sólo el fútbol, y dice por qué nosotros, y no los reyes, que se llevan parte del sudor de mi frente más y otro piensa y diu, ya está recortemos el presupuesto para educación, para que así sigan órdenes sin protestar, sean un ladrillo sin más en el muro para arrojar a los que quieran irse a otra ciudad a otra casa y diu, sí cuánto más tontos mejor porque, ya lo dicen, y él diu, cuánto más vacío está un cerebro más fácil es llenarlo de tonterías.

miércoles, 12 de enero de 2011

El intransigente LXXII

- Hey, tía, qué tal, cuánto tiempo.
- Bueno, tanto tiempo no hace. Que nos vemos en la residencia todos los días.
- La verdad es que sí.
- Y, ¿qué tal tus clases?
- Bien, tía, bien, es que hoy, ya ves, en la clase de anatomía hemos aprendido un nombre rarísimo.
- Sí, y, ¿cómo es, Susana?
- Ainssss, no sé, es que es tan raro que no me acuerdo. Es un músculo.
- Y tú, ¿cómo lo sabes?
- Se llama cultura general.

martes, 11 de enero de 2011

Ni todas las palabras

Hay golpes en la vida, tan fuertes, ¡Yo no sé!
César Vallejo
Para Laura

Hay días, pequeñita, que uno no espera, nunca, porque uno vive en las tardes y se encuentra las tardes en los minutos, y todo se hace breve, apenas un segundo y un dolor intenso, que arraiga en las manos y se escriben en los papeles tristes canciones de nostalgias y pérdidas que se nos tatúan en la piel, desgraciadamente, para crecer. Hay luces que no dejan de estremecer por la cercanía, porque nos enseñan que hay calles que se quedan en el camino y no hemos sabido ver en momento alguno. La vida, a veces, cae en todas las preguntas y yo, pequeñita, ya lo sabes, sigo sin saber por qué las cosas pasan, yo, que sé que este no es el mejor de los mundos posibles, ni mucho menos. Y no, no sé por qué las cosas pasan, no sé por qué el mundo sigue, por qué sigue girando cuando lo que único desearía ,sin más, sería bajarse un momento, derramar alguna lágrima y hacer saber a todos que un silencio es necesario. Callar para gritar después al mundo que hay cosas que no son por mucho que uno quiera que sean de otra forma, y la vida mancha y es injusta tantas veces hasta gritar y seguir gritando y hacer ver a todo, a todo el mundo que hay noches en que una palabra, un par de líneas son una canción de cuna con las que nos apetece dormir, y mucho, porque hay madrugadas que parecen meses de invierno con frío y lluvia y sería mejor no salir a las aceras con este tiempo porque naufragar queda cerca. Aunque haya días de naufragio, pequeñita, que dejen en nosotros el agua suficiente en las venas para salir en las esquinas otra vez y dejar flores en las ventanas con las que hacer crecer raíces en todas las casas. Siempre lo supe: crecer, desde el principio, es separarse. Y qué más da. Duele. Y a veces mancha y deja en ti el acorde de algún violín sin ganas que hace que tus rodillas tiemblen un poco y haya ríos en los pies por los que navegar un rato. Tantas cosas que hacer, pequeñita, y tan poco tiempo. Tanto golpe recibido y tantas ganas de seguir caminando. Es cuanto tenemos. Ganas de caminar sin deseo. Aunque deseemos bajar del mundo a cada instante. Aunque no podamos comprender por qué el mundo sigue girando, por qué ahora, hoy, en este momento, sin saber por qué la gente sigue paseando, por qué hay coches que siguen en la carretera, luces que encienden, cuando ahora, hoy en este momento, hay luces que sí se han apagado, hay momentos que sí han quedado atrás, puertas que no han de abrirse. Y no, no tengo respuestas, apenas palabras. Sólo ganas de caminar, de que tú des un primer paso. Y luego otro. Y sea el principio de un paseo en el que haya casas sin persianas, por el placer, sólo el placer de volver a sonreír un momento. Y luego otro. A pesar de que haya golpes tan fuertes en la vida que yo no sé...

lunes, 10 de enero de 2011

Ni todas las palabras del mundo

- Ha pasado mucho tiempo.
- La verdad es que sí. No tanto como quisiéramos.
- Y, ¿qué tal las cosas?
- Todo bien. Viviendo, conociendo mundo, viajando, haciendo de todo un poco.
- Entonces, preciosa, tienes razón. Como siempre. Me fascinas. Esa alegría, esa capacidad de sonreír en todo momento y de conseguir, sobre todo, que los demás sonrían. Llega a ser grandioso.
- Sí. Me lo has dicho muchas veces. Demasiadas. Aquí estoy. Para ti. Siempre que quieras.
- Las palabras...
- Sí, las palabras. Siempre que quieras. Pero, al final, tenías razón. Las palabras sin hechos sólo son literatura.

- Supongo. No creo, como dices, que siempre estuvieras en el último lugar pero, no sé, también puedo equivocarme. Me equivoco más de lo que me gustaría. Mucho más.
- Sería genial verte crecer, verte crecer de verdad. Saber que hay caminos por los que empiezas a andar y que hay un mundo que te encantaría conocer, en el que te gustaría descansar.
- Hey, sabes que también viajo, que escribo, que leo.
- Ya, pero hay días en que no bebes ningún vaso de agua, en que no sé si estás vivo. A pesar de la distancia, a pesar del tiempo.
- Tengo amigos, a veces salgo.
- No te mientas. Tienes amigos, sí, pero apenas sales. Ayudas, y mucho, a quien lo necesita, y eso me encanta pero no sé si lo haces para no pensar en tu vida, abandonada como la tienes, para no ayudarte a ti, para no crecer, seguramente.
- No creo que sea cierto. Salgo y salgo también con chicas.
- Sí, sales, te tomas un café, hablas con ella y se acabó. Yo no soy el mundo, yo soy un pequeño mundo y...
- ¿Qué?
- Me duele inmesamente que todavía no hayas salido de él porque sé que eres genial y es el mundo quien debe conocerte, no yo, que ya te sé por completo.
- Sí, imagino, pero queda lejos.

miércoles, 5 de enero de 2011

Parole per Heidi XVIII

Cara Heidi
el año en que yo nací, bella, se estrenó en los cines la primera parte de una película excepcional, El padrino. Y en estos días, en que vuelvo a estar por la isla, por la mia isola, por vivirla en una época que no fuera verano, y todo es distinto ahota, diría algún amigo, me has escrito porque yo quería desearte un buen año, un año maravilloso en realidad, y sí, has estado hasta hace poco en Marruecos, una tierra genial, y has llegado hoy, hace muy poco, he leído en tus letras, y te he imaginado contándomelo mientras sonreías, para decirme cuánto tiempo estaré aquí, cuánto tiempo, Sicilia, qué bonito, y he pensado en lo de siempre, ya me conoces, el sur, qué vagos son, el sur, la mafia. Y tal vez sea así pero es absurdo quedarse en esos muros y no descubrir la casa. Cuánto me quedo. Sólo hasta el lunes, bella, sólo hasta el lunes, porque en una semana me espera Atarfe y ser profesor otra vez. Es una casa con ventanas al mar, como ya sabrás, con ventanas a un volcán, con ventanas a Calabria y a demasiadas curvas. Alguna vez dijimos que sería de una vida sin curvas, sabiendo sieempre lo que íbamos a encontrarnos. Nos resultó obvio: aburrido. Y es divertido a veces saber que amas tanto el sur y saber que últimamente, aunque hayamos estado en la misma casa algunos días, apenas coincidimos y aquí el frío, en este invierno del sur que yo no conocía, me está matando a veces. A veces la vida no es lo que esperamos, ya lo sabes, ahora que he recordado que escribiste es increíble, bello, que a miles de kilómetros de distancia me has ayudado como ninguno de mis amigos en estas calles con nieve. A veces uno se hace tito y entonces te comprende y piensa, nada como un sobrino, aunque ande el tuyo un tanto revoltoso últimamente y siempre con la cabeza en las mejores marcas. Tú y tus palabras, decías, como dijiste en tantas tardes con farola en Sevilla. Sevilla y tus puentes, ya lo sabes. Sevilla y tu bicicleta y esos largos paseos que, imagino, echas de menos, como yo echo de menos algùn que otro paseo por un río que siempre anda creciendo en estos últimos años. La lluvia en el sur, quién lo diría. Como hay ríos en Sicilia por los que camina el agua en estas mañanas de frío con resfriado, tos y tanta tanta tanta sed. Sed de agua, sed de vino, sed de limoncello, sed de vida. Y tantas calles estrechas de pueblos perdidos en medio de la nada, bares en los que Al Pacino se sentó a amar, a conversar, a hablar de la familia. Con un sol apagado que no hace sino decirnos hasta luego a cada instante. Mañana tocará caminar, pasear bajo nubes que casi podremos tocar, y claro, me acordaré de ti, claro, y de esas largas caminatas por el norte de Italia y de ese lago en el que tantas veces has leído un libro mientras estabas sola, y en esos días interminables de Florencia que te han valido, como siempre, para viajar y encontrar otros lugares, otros rincones en los que dejar tus huellas. Y pienso en días de verano y en sitios que siempre abren en verano y hoy están cerrados, como ese bar en el que sólo hay una puerta, un panorama realmente hermoso y la estatua de un cineasta estratosférico: Coppola. Y gente hablando un siciliano que siempre he querido aprender y nunca comprendo. Calles estrechas en las que perderse para encontrarse un volcán, unas nubes, un cielo bajo y una mar que lo colma todo, que lo calma todo. Como tú hiciste en tantos días, tú, que siempre has pensado que mis palabras te hacen sentir bien y no sólo a ti, aunque, como ya te dije, no hay palabras más humanas que aquellas que hacen sentir bien a la gente en directo, palabras que te hagan sentir contenta. Y el Sevilla, el Sevilla, mal, bella, aunque empieza, parece a ser el que era. Ganó tres cero y la copa, la copa queda lejos, aunque esté cerca. Y volví a la sed, volví al apetito, a las ganas de quedarme un rato en la vida y reírme de todas aquellas cosas que al mundo llaman. Y escuchar alguna que otra canción que cuente pequeñas historias de una película que se estrenó el año en que yo nací y en las que supe ver Sicilia por primera vez. Aunque luego descubriría que no iba a ser la última, como imagino, en estas tardes en que pasará contigo, fantasma de ojos azules, fantasma de ojos verdes. Y vendrá un tiempo en el que compartamos otra vez un helado, un tinto con limón, ese arroz a la cubana que todavía está entre nosotros y tantas tantas palabras tantos tantos silencios porque, ya lo dicen aquí, no hay mejor palabra que aquella que nunca se pronuncia en voz alta. Ti voglio bene, bella.

sábado, 1 de enero de 2011

El intransigente LXXI

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal?
- Bien, bien, me han contado un chiste.
- Ah, sí. Cuenta, cuenta.

- Se acerca Zapatero al Papa y le dice: padre, he visto la luz. Ah, sí, contesta el Papa, y, ¿qué vas a hacer? Qué voy a hacer, dice Zapatero. Está claro: subirla.
- Jajajaja, qué bueno. Joder, deberíamos pedir otra revolución francesa. Otra, y más cruenta aún. Con sillas eléctricas.
- No, no, con sillas eléctricas no, que nos dejaríamos la vida en facturas.
- También tienes razón. A ver si despertamos de una vez y nos ponemos en alarma.
- ¿En alarma? ¿Para qué? Si ya lo estamos. Pregunta a esa gente que gana un montón de pasta, tiene todos los privilegios posibles y quieren mucho más.
- ¿Los controladores?
- Qué coño los controladores. Los políticos.