viernes, 29 de julio de 2011

El intransigente LXXXVII

Para la chica que se va a Viena
- Hey, cuanto tiempo.
- Si que hace tiempo, si.
- Imagino que estas en SIcilia, porque me estas hablando sin tildes, con lo que te jode.
- La verdad es que si, pero, hey, tu dentro de nada te vas a Viena. Sera genial, seguro.
- Eso espero. Sabes que han adlelantado las elecciones, las generales.
- No me jodas, y, cuando son ahora?
- El dia 20 de noviembre, el dia que se murio Franco.
- Toma ya. A mas de uno, si no ganan, lo acaban enterrando con el.
- Si, esperemos que no ganen. Si lo hacen, ahi llegara, otra vez, la derecha.
- Hey, hey, hey, la derecha esta ya entre nosotros. Vendra la ultraderecha.
- Tambien es verdad. Estoy por quedarme en Viena.
- Si, y yo, en Sicilia. Cara al sol.
- Cara al sol?
- Si, por ver si mi cerebro se derrite y llego a comprender ciertas cosas.


lunes, 25 de julio de 2011

La vida sin tildes IV

Para Manuel Villard
- Hey, que tal.
- Que tal. Te parecera bonito?
- Bonito? El que?

- Dejar a tus fans sin blog. Irte a Sicilia y pasar de ellos por completo. Que hay gente que te lee, que lo sepas.
- Como? Que yo tengo seguidores.
- Por favor, por lo menos, por lo menos, que yo haya contado, tres.
- Bufff. Bueno, intentare escribir alguna vez, por estos tres.
- Dos, querras decir.
- Pero si acabas de decirme que son tres.
- Si, pero uno de ellos se ira a la playa. Y yo te leo, que lo sepas, porque no tengo nada que hacer.

domingo, 24 de julio de 2011

Fuera de cobertura II

El blog al que usted acude se halla apagado o fuera de cobertura.
Nota del editor: el editor, o séase yo, aunque no sepamos quién es ese yo que por aquí aparece, tiene la ligera sensación de que ni el blog está apagado ni fuera de cobertura sino que, sencillamente, el señor, por decir algo, que aquí escribe, por decir algo, estará perdido en una isla, de nombre Sicilia, durante al menos tres semanas

viernes, 22 de julio de 2011

El intransigente LXXXVI

Para Juan Cañadas
- Hey, cuánto tiempo.
- Como qué cuánto tiempo. Pero si nos vimos ayer.
- Buff, tienes razón. Qué memoria.
- ¿Qué? ¿Me has hecho caso en algo?
- Buenoooo. Más o menos.
- A ver. ¿En qué andas ahora?
- Nada, este país de pandereta no va a dejar de sorprenderme nunca.
- Y, esta vez, ¿por?
- Camps ha dimitido, pero dice que es inocente. Entonces, ¿para qué coño dimite?
- No sé, será por sacrificio. Ya sabes cómo es ese tipo de gente...
- Sí, ahí tienes toda la razón.
- El pobre, que entró en política, y se ha ido con menos, como dice.
- Sí, con menos vergüenza, menos dignidad, menos transparencia...
- Bueno, por lo menos se queda sin algunas cosas.
- Ni eso. Seguirá siendo molt honorable, y podrá contar con chófer, escolta y dos asesores.
- Bueno, eso ya lo veo más normal. Un chófer por si tiene que salir por patas, un escolta para que nadie se lo impida y dos asesores para decirle cómo librarse.
- Ahí tienes toda la razón. Bueno, a lo mejor ni siquiera los necesita. Que tiene a otros del partido para compararlo con Galileo Galilei.
- Espera, espera... ¿cómo?
- Que sí, que sí. Que los dos eran inocentes y el mundo está contra ellos..
- Jajajajaja. Por lo menos Rajoy sí, ¿no? que seguro que lo echa del partido, ¿no? Acuérdate del código ético.
- Sí, sí, código ético. Camps tiene menos credibilidad que el código ético del PP, que ya es decir.
- Jajaja. ¿Sabes? Estoy pensando en aquello que decía Groucho Marx, o los griegos, a saber. Es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar la boca y confirmarlo. Claro que ahora que lo pienso...
- ¿Ahora que lo piensas...?
- Que Rajoy es la excepción a lo que acabo de decir.
- Sí, eso parece, sí.
- Lo triste es que en este país de pandereta en que creen que ha sido por tres trajes y se vota a gentuza así, arrasarán el año que viene.
- Bueno, a ver si te confundes.
- No sé yo; empezarán con la economía; hay que privatizar; tenéis que entenderlo; es una crisis, hay que apretarse los cinturones; miedo, os daremos seguridad; miedo...
- Pero, vamos a ver, tú, ¿quién coño eres? ¿El hombre del saco, Nostradamus, los mayas, o una puta agencia de calificación?

jueves, 21 de julio de 2011

El intransigente LXXXV

Para la chica de las uñas verdes
- Hey, cuánto tiempo.
- No, no hace tanto tiempo, que hablamos a cada instante por aquí.
- ¿Sí?
- Jo, o te estás haciendo viejo y no te acuerdas, o no te acuerdas porque tienes muchas cosas en la cabeza.
- Bufff, en la cabeza tengo miles de cosas. Ya lo sabes.
- Pues date ya un respiro. Descansa. Sal a la calle. Relájate. Necesitas de Sicilia y mucho.
- Sí, imagino que sí. Me vendrá bien.
- Seguro. Déjate llevar sin más, deja atrás política, alumnos, esta mierda de mundo, esta porquería de sistema educativo, todo, y ya sabes, a dar vueltas por allí, por la montaña, en plan Heidi.
- Sí, buen plan.
- Y por dios, deja de darle ya vueltas a las cosas. No las pienses tanto. Vive. Disfruta. No pienses, anda, como hacen los budistas.
- ¿Como los budistas?
- Sí, empieza a no pensar en nada, como los budistas. O bueno, como Belén Estebán.


miércoles, 20 de julio de 2011

Parole per Heidi XXI

Cara Heidi,

sono stato questa mattina a Siviglia, la tua cittá, la mia cittá, e il caldo non era troppo forte, non questa mattina, nos questa settimana; magari la tua voce è troppo lontana, non lo so, ma adesso ti ricordo, ti penso un´altra volta e ricordo queste strade della nostra cittá, la Plaza de España, il fiume e un bello tempo insieme. El sur, siempre el sur, ahora que cumples años, otra vez, y hay un poco de tristezas en tus pupilas, algún dolor de menos que ha acabado por llegar a todas tus paredes. Tú, bella, solamente tú, que has sido feliz, en un piso con lago en el que tus ojos se quedaban con todas las palabras, y sabes, ya sabes, siempre lo has sabido, que me encantaría estar cerca questo sabato, en ese pequeño pueblo en las montañas, siempre en las montañas, en el que escalas hasta que te salen alas en los tobillos y eres feliz recordando el olvidado arte de volar al ver que estás más allá de los Alpes, siempre más allá, Heidi, siempre alrededor del mundo, viajando, y ahora en casa, en casa, en las montañas, y sería feliz estando allí, este sábado, contigo, y llevarte esa carta que ancora ti debo pero nunca recuerdo empezar. Parole parole parole. Las palabras, tú ya sabes, siempre me pierdo en ellas. Y pronto, imagino, hoy, volverás del trabajo a casa y probablemente, si no ando entre sueños, como siempre, escucharé tu voz un rato, sólo para que me escuches decir, tanti auguri, happy birthday, feliz cumpleaños, son tantos los idiomas, y a lo mejor, como tantas otras veces, tendrás que decir, bello, tengo que irme pero estará bien, porque irás a escalar y a subir subir al mundo, ahora que hay días en que sólo te apetece decir, paren el mundo, que me bajo, y te escucharé, escucharé tus palabras, ese español a veces olvidado con el que me dirás ojalá a veces estuviera en otro sitio, ojalá estuvieras por aquí y nos tomáramos un tinto con limón, nos tomáramos algo. Y diré Sicilia. Y dirás, no, no puedo, trabajo tanto en verano, y me odiarás por ello, ahora que no tengo ganas de hacer nada y estoy tirado y sí, ya lo sabes, te llamaré alguna vez por escuchar desde el sur, Italia, ahora, tu voz en italiano. Y sí, voglio questo sabato, questa barbecue, quiero tenis y fútbol sala, futbito, ahora que hace semanas que no hago nada, cuando tú más estás trabajando. Y hay en mis paredes una postal y un cómic y libro. È gia una vita che ti aspetto. Y están en las estanterías todas tus palabras. Y hay un collar con carta que ahora mismo he recordado. Y un poco de tristezas en tus pupilas que se van perdiendo por momentos, un poco de nostalgias en tus ojos que se va perdiendo en los paseos. E gia la vita, che ti aspetta.
Feliz cumpleaños, cara Heidi.



martes, 19 de julio de 2011

A la deriva el mar es otro, otras las cicatrices

El Acto más importante que realizamos cada día es tomar la decisión de no suicidarnos.
Albert Camus
Se cansan las uñas de saber que los dedos están a la deriva y no encuentren las manos un lugar al que aferrarse. El mundo, el mundo y todas las cicatrices que dejan sombras de fondo en las pupilas. Hay sangre en los tobillos agotados como están de ir buscándose en todos los cajones y no tener la mínima luz en que encontrarse. Y ya no hay alas, no, y hay sangre y hay palabras que se han perdido en los gestos y gestos que no han sabido hacerse hechos. Uno que mira y mira a todas las calles y sólo encuentra hambre en todas las esquinas. Y no no hay algo que llevarse a la boca en estas tardes de sur sin nada y una sed de cadáveres que han dejado de caminar en todas las esquinas. Y quieren las uñas, quieren, quieren clavarse en todas las almohadas por saber qué es del sueño algunas veces, por saber si hay noches de insomnio en las que no quedarse, y hay camas ya deshechas en las que no, hace mucho tiempo que ya no, que ya no duerme nadie. Como quieren las manos recoger la arena de todas las orillas al sur de las nostalgias en las que ya hace años no queda una sola silla en las que sentarse, hace. Y uno mira a los espejos, y no, no sabe, no quiere, no sabe encontrarse, y uno quiere acercarse al mar, por ver el agua y saberse entre las olas y es la boca, y la boca bebe agua y traga aire, y no, uno no quiere irse, no, no ahora, pero uno se hace sombras en las olas y las uñas no encuentran un lugar al que aferrarse y uno mira al sol y la luna y se sabe a la deriva y no hay un lugar al que aferrarse y es el mundo y uno mira y no se sabe en los espejos se sabe nadie.

domingo, 17 de julio de 2011

Sucedes

Para Lenny

Sucede que hay domingos de sur en el sol y frágiles criaturas de belleza discreta que pasean por mundos de Gaudí. Sucede que hay pizarras más allá clases de discursos obsoletos y vacíos, más allá de personas que enseñan a aprender con miedo. Sucede que hay pizarras de colores donde perderse en unos dedos. Sucede que hay pequeñas de arco iris que llenan de colores las pizarras más grises que se hayan conocido. Sucede que hay días de lluvia sin labios en el que uno no encuentra ni las ganas suficiente de quererse en los espejos. Sucede que hay canciones de cuna que llevarse a las pupilas cuando los ojos están cansados. Sucede que hay criaturas de fragilidad exagerada que miran a sus tobillos y han olvidado sus alas. Sucede que hay tardes de soledad inconfundible en que uno teme perderse en las persianas. Sucede que siempre encuentro restos de tus manos en las paredes. Sucede que hay sonrisas de todas las películas en todas tus escenas. Sucede que hay cabellos de color rojo que serán las líneas encendidas de tu tiempo. Sucede que encuentro párrafos de tu historia en mis cajones. Sucede que hay noches de cansancio en el que a uno se le caen todas las palabras. Sucede que hay criaturas de discreta belleza que acarician muchas veces la tristeza. Sucede que hay criaturas de fragilidad inesperada buscando en sus manos mundos paralelos. Sucede que, sencillamente, sucedes.

viernes, 15 de julio de 2011

Como tantas otras lluvias

Llueve, llueve ahora como ha llovido tantas otras veces sobre tus muslos. Y es el mundo verde y la lluvia cala mis dedos y la noche es ahora y hay labios en mis labios. Labios rojos como cabellos que se me enredan en las piernas y no me dejan caminar. Quédate, quédate un poco más, estas calles son hoy tu cama, esta cama es hoy tu ciudad. Y tus manos, rojas como tus labios arañan más, un poco más y duelen los tobillos ahora que hace horas que no caminan en esta noche con luna en la que no hemos visto ni una sola estrella. Y llueve, llueve como ha llovido otras tantas veces sobre ese sujetador negro en el que mis manos descansan siempre, para alegría de tus pechos en flor, ahora que hay una brisa leve en la azotea que desnuda tu silueta de colores y es tu boca otra vez las nubes sin sombra que sacian mi sed. Tu sujetador cae, como tu ropa, y olvida el suelo que alguna vez estuvieron vivos y contaron miles de historia sobre ti, sobre tu cuerpo, sobre los restos cansados de un cuerpo que ha vivido en otros cuerpos hasta perderse, hasta no saberse en qué orillas vivía y qué mares habitaba, que ha habitado otros cuerpos hasta encontrarse. Y llueve, llueve ahora en tus pupilas y el cielo, grita y susurra y gime por qué quiere saber de ti, de tus labios, de los besos con que alguna vez has traído la vida a algunas casas, a algunas camas, y llueve y es una lluvia roja y húmeda que enciende la habitación y deja fuego en todas las paredes de una habitación de la que hace años que no sale un alma, aunque algún cuerpo la haya abandonado, y son tus muslos, y la brisa, y el cansancio de saber que uno es uno en otra, y una es una en otro, en sus manos, en sus muslos, en su pecho, en su boca, y uno piensa, es de noche, tanta belleza, tanta belleza en un cuerpo, en las orillas, en los contornos y uno se va haciendo sombra en su luz y la luz se va apagando, la luz de unos muslos agotados de vivir y hacer vivir y es de noche y uno piensa y dice y quiere que nunca nunca llegue el alba.

jueves, 14 de julio de 2011

Cosas que hacen que la vida merezca la pena IX

El placer que supone, para los oídos y el ánimo, escuchar Radio 3. La clase de cómic de Francis Porcel en mi instituto. Algunas de esas largas tardes noches madrugadas con mi tutor, Juan Cañadas. Algunas tardes de pizzería y limoncello en una ciudad con magia con Adrián Rodríguez. El descubrimiento de una extraordinaria serie, tan creativa como irónica, que dan en llamar Doctor Who. El crecimiento personal, ya desatado, de Elena. Algunas de las mañanas de este año en las aulas de un instituto de Atarfe. Los paseos por el corredor verde en esta misma ciudad. Recuperar a algunos de aquellos que ya imaginaste perdidos. Las entrevistas realizadas este año para Tebeosfera. El salón de cómic de Barcelona en el que apenas estuve. Esas largas caminatas por Roma en las que me pierdo por completo hasta imaginarme en ninguna parte. Esas largas caminatas por las calles de Sevilla en las que aparece Cervantes. Siempre Cervantes. Esa crítica brutal al pésimo sistema educativo actual que supone El elemento, de Ken Robinson. El mundial fememino de fútbol de este año en Alemania. Los programas de Redes, dedicados a la educación, una educación ya obsoleta. Esa maravillosa canción siciliana que es Brucia la luna, brucia la terra. El despertar indignado de la gente en el 15M. Algunos de los lemas de este movimiento: si no nos dejáis soñar, no nos dejaremos dormir. El oasis para la inteligencia que suponen la mayoría de programas de la 2. La noche de copas con dos amigos en el jardín nebuloso del hotel más caro de una ciudad al sur de cuyo nombre no quiero acordarme. La doctrina del shock, de Naomi Klein. Esos preciosos dibujos que cada dos por tres realiza una chica llamada Elena. El crecimiento personal de estudiantes que irán a otro país este verano, que estarán en otro mundo. La música soul de Sharon Jones and the Dap Kings. Muchos de los poemas profundamente hermosos de Luis Cernuda. Muchos de los poemas dolorosamente hermosos de Miguel Hernández. El hereje, de Miguel Delibes. Andreu Buenafuente y Berto metidos a Superpollos. Esos programas sarcásticamente históricos que suponen los Hasta el fondo de Buenafuente. El comentario de alguna de las alumnas que dicen que de forma inconsciente, yo incentivé a expresar sus sentimientos a través de algunas letras. Palabras que se inventan o no, pero me encantan: achuchable, cieloso y las que vendrán, imagino. Un paseo por las orillas de un río a orillas de la Alhambra. Helados. Muchos helados. Más helados. Miles de helados. Ese tinto con limón y tapa en los bares de Atarfe. Ese tinto con limón y tapa en los bares de Granada. Enseñar una ciudad que adoro, Sevilla, a amigos, esta vez tocó Viky. Ese dormir en la azotea cada noche de verano en mi casa. Esa luna cada noche sobre mi azotea que a veces no deja dormir. El libro de Historia del Arte, de Vicens Vives. La desconexión absoluta que supone una isla sin puente. Y el cerebro creó al hombre, de Antonio Damasio. Perderse, una vez y otra, en la Plaza de España, de Sevilla. Nadie lo ha expresado mejor que Viky: Sevilla parece pequeñas ciudades en una sola. La mujer en el cante, de Carmen Linares. El flamenco en la voz, tan histórica como honda, de Antonio de Mairena. Algunas de las visiones que aparecen en el libro Reacciona, de varios autores, que saben, y proponen ya, que el modelo sea otro. Sandman, de Neil Gaiman. Swamp Thing, de Alan Moore. Los mediodías de palabras y silencios con Lenny. Las noches de palabras y silencios con Lenny y esa sonrisa que uno imagina al saber que dibuja, al saber que está creando un mundo paralelo, más humano, más hermoso.

miércoles, 13 de julio de 2011

Érase una vez XVII

Érase una vez Granada.
Érase una vez el calor de un verano en granada.
Érase una vez el salón de cómic de Granada.
Érase una vez un reportaje fotográfico del salón del cómic de Granada.
Érase una vez un número de teléfono.
Érase una vez una entrevista.
Érase una vez un cómic.
Érase una vez La ciudad de los muertos.
Érase una vez Reality Show.
Érase una vez Redes.
Érase una vez un libro.
Érase una vez un pueblo cercano a una ciudad.
Érase una vez Atarfe.
Érase una vez un instituto de Atarfe.
Érase una vez alguna vez deberías dar una clase en mi instituto.
Érase una vez una clase de un instituto de Atarfe.
Érase una vez una clase de cómic de un instituto de Atarfe.
Éranse una vez unos dibujos en una clase de cómic de un instituto de Atarfe.
Éranse una vez unos dibujos dedicados.
Érase una vez un sistema educativo fracasado.
Érase una vez un sistema educativo con miedo.
Érase una vez vez una batucada en un instituto de Atarfe.
Érase una vez Barcelona.
Érase una vez la escuela JOSO.
Érase una vez una retrospectiva de diez años de cómic.
Érase una vez Angoulême.
Érase una vez Angoulême en 2.012.
Érase una vez Les folies bergères en Angoulême.
Érase una vez Kandor Graphics.
Érase una vez El lince perdido.
Érase una vez La dama y la muerte.
Érase una vez compadre.
Érase una vez una reseña de cómic.
Érase una vez Tristísima ceniza.
Érase una vez dibujar como remedio.
Érase una vez El manteca colorá.
Érase una vez de lo malo se aprende.
Érase una vez estás como una regadera de amor, José Manuel.
Érase una vez Francis Porcel.


martes, 12 de julio de 2011

Cómo se hizo

Para Elena
A veces, suceden historias. A veces, creemos imaginar historias, pero son las historias las que nos imaginan, somos nosotros los que somos partes de esas historias y de tantas otras similares, tantas otras diferentes. Acaso todos somos historias. Algunas ocurren en la playa; otras en la ciudad; algunas en un tren camino al norte, otras en un metro, en Sevilla, en Barcelona, tal vez, en Granada (no, Granada, no, ahora que todavía no forma parte de aquellos relatos que suceden en un metro. Quizás algún día, pero no hoy, no todavía. Y hay historias que forman parte de nosotros como nosotros somos parte de ellas. Hay chicas, tan hermosas como frágiles, que se sientan solas y comienzan a leer, absortas por completo en sí mismas y en las páginas que están en ellas, en las que ellas están. Cerca, alguien tan ajeno al mundo como ella contempla a la gente en el metro y nunca deja de sorprenderse por tal espectáculo: adolescentes en silencio absoluto que caminan hacia la universidad, escuchando música; adolescentes que hablan con amigos y se ríen de todo y todos; algunas personas que, bostezando y aburridas, se acercan a su puesto de trabajo, maldiciendo la hora que es y su rutina habitual; niños que se alejan y se acercan a sus madres, que los llevan al colegio. Y una chica, tan frágil como delicada, que lee y se ha olvidado del mundo como el mundo se ha olvidado de ella. Y tal como ella lee, él necesita de cada página, de cada palabra, de cada gesto, de cada pregunta que todavía no se ha pronunciado.
- Hola, qué tal.
- Hola.
- Perdona, sé que te estás leyendo, y probablemente te interrumpa, pero es que tienes a niños diminutos que se están escapando de los dedos.
- ¿Qué?
- No creo que te hayas dado cuenta, porque estás ensimismada. Pero, mira tus manos, hay niños diminutos y parecen aterrorizados. Mira, alguno se te está enredando en ese precioso cabello rojo que tienes. No, ahora no es rojo, es negro.
- Sí, depende de cómo me sienta. Si me siento bien, rojo; si me siento mal, negro. ¿Qué cosas, no? De todas formas, no te preocupes, estoy acostumbrado a que tener niños en mis dedos. Niños, príncipes, zombies. En cuanto leo, no sé cómo mantenerlos en mi cabeza, o en el corazón, no sé. Es empezar a leer y que me aparezcan personajes en todas partes. Una vez se me apareció la muerte en las pupilas.
- ¿Sí? ¿Y cómo fue todo? Imagino que terrorífico.
- Fue, no sé, divertido, pero también triste. No lo sé. La gente no quería mirarme directamente a los ojos y aquellos que lo hacían parecían otros. De lo más raro. Vaya día pasé.
- Imagino. Es la primera vez que veo que alguien le pasa algo así. Es algo único e irrepetible. ¿Qué historia, no?
- Es sólo una historia, nada más. Algunas noches, me hacen sentir menos sola y es genial, hablar con alguien, estar en otro mundo y no sentirse perdida. Otras, sin embargo, me hablan, se enredan en mis cabellos, me hacen cosquillas y es imposible que preste atención a la vida que tengo así que me pierdo por completo. Como perderse en una historia antigua. Me encantan las historias antiguas, me hacen sentir triste.
- ¿Qué tiene de bueno estar triste?
- Estar triste nos hace felices a la gente profunda.
- Y, ¿no tienes miedo de que alguna de las criaturas que escapa de tus dedos le haga daño a alguien?
- Podría pasar, imagino. Pero todo puede pasar, ¿no? Dicen que donde está el cuerpo está el peligro. Y el mundo real es mucho peor, seguro.
- El peor de los mundos posibles, sí.
- En el mío, yo a veces, soy feliz. No siempre, vale, pero algunas veces, sí. Y olvido que el mundo real casi acaba conmigo una vez. Casi soy una historia de pocas páginas, casi ninguna.
- Habría sido una pena. No saber de ti, de tu historia, de las páginas que hay en tus manos, y de las imágenes que hay en tus tobillos. Una verdadera lástima.
- Habría sido otra historia sin final, nada más.
- Tampoco tienes un final ahora, ¿no? Lo estás creando.
- A lo mejor no es así y no creamos nosotros la historia. Sencillamente, ellas nos crean, ellas nos imaginan y no soy más que una página que alguna vez has leído o que nunca leerás. Si alguna vez supiera cómo se hace, cómo se queda todo dentro, todo sería más fácil, porque los dejaría salir cuando ya fueran parte de mí, cuando ya fueran yo.
- Ojalá aprendas. Me encantaría leer alguno de esos relatos, ser una de esas historias y vivir en tus dedos alguna madrugada.
- A mí también, pero no sé cómo...

jueves, 7 de julio de 2011

José Luis y los brotes verdes

Para mi hermano Sorel

José Luis vivía con su madre, que se llamaba España (nombres más raros y absurdos se han dado en los cuentos), en una cabaña del bosque. Con el tiempo fue empeorando la situación familiar, decían que porque él y muchos como él, no seguían los consejos familiares, sino de amigos, de muy buenos amigos (la rebeldía de la izquierda, ya se sabe), así que alguien le dijo, hey, hey, hey, tienes que vender lo poco que te quede, aunque sea de tu madre, y él, que era bueno, inteligente, algunos decían que hasta sabio, dijo, sí, tenéis razón, aunque no sabía quiénes eran sus amigos, o tal vez sí, que alguna vez lo habían invitado a su casa y lo habían llevado en su carroza (que nadie piense mal, eran coincidencias, que el mundo es un pañuelo). Puedo vender un poco, pero a vosotros, porque confío en vosotros. Vale, dijeron ellos, y le dieron a cambio un saco de habichuelas verdes, son mágicas, le dijeron. Al volver a casa, sonrió a la madre y le dijo: mira lo que traigo, es para todos nosotros, pero la madre no podía ver más que un saco lleno de agujeros, un saco sin fondo. En el bosque, a lo lejos, se escuchaban algunas risas: se lo ha creído, jajajajajja, se lo ha creído y seguro que habrá más como él, seguro, el niño, la madre, ahora a por la abuela, que por seguir con nombres extraños y absurdos se llamaba Europa (qué nombres, ¿no?), ahora por la abuela y después por el mundo. José Luis no escuchaba nada, claro, ensimismado como estaba con los brotes verdes, que sólo el podía ver, sólo él podía saborear. Le decían: nos lo has quitado a todo, a cambio de qué, pero él sabía que mentían, todo aquel que decía que él había quitado a la gente los caminos más básicos mentían (queridos niños, no olvidéis por favor que es un héroe de izquierdas, un Robin Hood revolucionario del siglo XXI); él decía: yo no os he quitado nada y os lo voy a demostrar. Volvía entonces a integrarse en el bosque, lleno de señales (BCE, FMI): sí, algunos se guían por las estrellas, otros por las brújulas, él, un héroe, por las letras, y se acercaba y decía, dice mi gente que se lo hemos quitado todo, pero no es cierto, y bueno, a lo mejor, lo es, pero lo hago pensando en ellos, y preguntaba si podía quedarse un poco más porque allí, con mi gente, hace calor, y ellos le decían claro, ellos que tenían el derecho a pernada, es decir, a poner las piernas en los bancos que ellos poseían, de ahí el nombre de banqueros, ya que sólo podía sentarse en aquellos bancos de madera los que ellos asignaran, y decían, sí, pero también decía, José Luis, los brotes verdes están creciendo y lo sabes tú que todo lo ves, no como ellos, tú que todo lo ves, pero hemos visto que ellos tienen juegos y si quieres más brotes verdes tienes que dárnoslos a nosotros, y hemos visto que tenéis trabajo pero debéis trabajar más, queremos cadáveres que trabajen y no se quejen, queremos un mundo mejor, más verde, y tú serás nuestro amiguito, uno más, y él se sentía feliz, y sabía que los demás estaban ciegos, su gente, ciega, pero no él, él, que todo lo veía, y allá donde decían desierto él veía oasis y brotes verdes. Y creía escuchar a sus amigos que como él, compartían el setenta por ciento de los árboles del bosque, oh, cuán diferentes eran, y creía escucharlos, decir, amo, nos han robado, es la gente, pero no, era la gente, y la gente, su gente, decía, José Luis, esclavo, nos lo han quitado todo pero él sabía que todo era mentira, como sus ojos, como los brotes que por todos lados, le rodeaban, a él y, claro, a su gente.

miércoles, 6 de julio de 2011

Canción de cuna para Lenny

Hay criaturas de discreta belleza y aspecto achuchable que tienen chispa en sus pupilas. Hay criaturas de discreta belleza y pelo rojo que ocultan en sus cabellos mundos paralelos llenos de niños terroríficos y manos de todas las formas y maneras, mundos paralelos de parques en los que perderse un día sin ternura y ser infelices por un rato para esbozar más tarde la mejor de las sonrisas. Y escriben infeliz y así se sienten, en ocasiones, y quieren dejar las calles por un rato para llegar a casa y mirar hacia sus dedos y entender que hay magia en las manos y tantas historias por contar, tantas historias que tal vez nadie haya imaginado o a lo mejor sí, pero no, no con sus imágenes, no con sus ojos, no con la llama tenue de toda criatura frágil y no contaminada que acaba por dejar huellas en tantas ventanas. Y hay gente que mira, y sabe, y dice, tanta belleza duele, y la mira a ella, y ella sonríe, y piensan, tanta belleza duele, pero vuelven a su puerta sonriendo y se dicen, sí, ha merecido la pena, y no saben por qué. Hay criaturas de discreta belleza e intensa dellicadeza que callan por un momento y dicen tantas cosas, y no, no se callan, y dicen, hoy ha sido horrible porque no sé hacer perspectivas y olvidan que hay lugares que no conocen a primera vista y dicen, he hecho manos, todo tipo de manos, y sonríen entonces y la noche es menos oscura, y alguna estrella con luz se acerca a los tobillos y caminar es menos difícil y caminar es fácil y hay manos que agarran nuestras manos y nos dicen, ven, este es el camino, y la belleza discreta se hace entonces interminable y llega a cada esquina. Hay criaturas de belleza irrepetible que necesitan pizarras como necesitan un mundo paralelo en el que volver a sí mismas olvidando entonces que el mundo se hace más humano por criaturas como éstas, que están contentas con lápices en sus dedos porque dejan colores en todas las paredes y el tiempo, entonces, en ellas, con ellas, no existe porque todo no es más que fábula llena de imágenes en la que, por una vez, la serenidad está en sus labios y el silencio es la fragilidad necesaria para ser fuertes todas las noches de un mes de julio de verano que se antoja una página con historias por contar en sus manos ahora que hay mundos y ciudades y niños en sus pupilas. Hay un mundo paralelo, más hermoso, más humano, y ella todavía no ha entendido que es ella, que está en ella. Hay criaturas de forma deliciosa que dicen me alegra que te acuerdes de mí y olvidan que es imposible olvidar la belleza serena de una ciudad que no ha perdido su magia en niguno de sus adoquines. Hay palabras con diéresis porque hay criaturas que saben que las letras tienen sentimientos y desean que todas sean iguales, que todas sean únicas, que todas sean irrepetibles. Hay paseos por el parque y paseos con sombra para que criaturas de belleza sin más se digan sí, este puede ser mi lugar en el mundo, y se sientan bien por una tarde y luego vuelvan a esa tarde y a esa parque y a un piso con amigos para el año que viene y a una vida, a otra vida, a la vida que esperan algunas noches, ya cansadas, cansadas de querer dormir y no poder hacerlo, cansadas de poder dormir y no querer hacerlo. Hay criaturas de rosada belleza que pasan una horas en la playa, y leen, y piensan en quien lee, en quien las lee, y miran el gran espectáculo del mundo, y se dicen que hay restos de la playa, restos de cuentos en sus pestañas y cierran los ojos, y los vuelven a abrir, y el mundo es otro, más mágico entonces, porque son entonces sus pestañas, son sus historias, son sus playas, y nada como el recuerdo, nada como la chispa en los ojos de una criatura de aspecto frágil y delicada belleza para ser el fuego de unas noches de invierno en que se recuerden las mañanas de un mes de julio en que todo empezó a vivir en sus dedos, en sus manos, en sus tobillos, en sus rodillas, criaturas que danzan al son de la vida. Criaturas de aspecto adorable que poco a poco van cerrando los ojos, durmiendo un poco, cansadas, cada vez más cansadas; dormidas, cada vez más dormidas, soñando un piso en una ciudad al norte, en la que por y durante mucho tiempo, ser ella misma para alegría de ella misma y de todos aquellos que alguna vez la han contemplado.

martes, 5 de julio de 2011

Call me

Desconectados todos los teléfonos de la casa (sólo hay uno, para qué mentir) y el móvil, ya lo sabes, no sale del cajón si uno sale a pasear a la vida, a los parques y hay calor en las sombras de los árboles, vuelvo a ti, porque tú has traído paraguas, quién me lo iba a decir, paraguas, para protegerte del sol y te veo en tus gafas oscuras, y el sol no, no está en ellas, el sol está en las sombras de los árboles y ni a mí me dejas caminar en esas gafas, ni a ti te dejas caminar en esos caminos con arena y verano, verano con sudor y tinto. Y aun así, tu voz, y aun así, tus labios, y aun asi, una palabra de más para saber que sólo tienes que gritar mi nombre y, a pesar del cielo sin piscinas, hará mi cabeza por saber un poco de tus pechos, por descansar a las sombras de tus muslos y caer, caer, caer, caer en la arena de una playa con isla en que sólo tú y yo nos entendamos.

lunes, 4 de julio de 2011

Pulgarcitos

Éranse una vez un leñador y una leñadora muy pobres que tenían siete hijos, el más pequeño de los cuales, era “Pulgarcito”. Como los míseros padres no podían darles de comer, decidieron abandonarlos en medio del bosque para no verlos morirse de hambre. Pero Pulgarcito, que había oído su propósito, llenó sus bolsillos de piedrecitas blancas, y las fue arrojando por donde iban pasando. Pensó: ahora, sólo me queda volver siguiendo el rastro de las piedras. Pero estaba equivocado. También aquí quedaban las migajas de la burbuja inmobiliaria de un lugar que algunos llamaban España, otros larga noche de piedra, algunos, sin más, chiste cruel. Miró hacia las piedras, sí, pero había demasiadas, piedras por todas partes, por el bosque, por las playas, por los caminos, y otros, como él, que seguían el rastro de la piedra soñando con un camino mejor, que los llevara a una casa en la playa, a una puerta con casa, a una casa con beneficios. De ninguno se supo: quedaron todos olvidados.

viernes, 1 de julio de 2011

Post número mil: La chica de pelo rojo

Para Elena
- ¿Cuánto tiempo llevas esperando?
- Poco, muy poco. Pero no te preocupes, estaba mirando estas paredes. Las paredes blancas.
- Cómo no. Esas paredes blancas que te llaman y a los que no sabes decir no.
- Sí. Unas dibujamos; otros escriben. No creo que sea tan diferente. No lo creo.
- Imagino que no. Es encontrar la belleza en los lugares más inesperados.
- Sí, es eso, y a veces hay tanta. Tanta belleza que duele.
- Encontrarla en el pelo rojo de alguien, en una conversación, en un paseo, en una tarde.
- Sí, en todas partes. ¿Sabes? Estoy haciendo las maletas para Barcelona. Llevo días pensando qué llevarme, qué no.

- Lo harás bien, seguro. Y espero que seas genial para ti. Hay gente que encuentra su camino mucho antes que los demás. Es increíble que tengas ya tan claro lo que quieres: dibujar, dibujar por encima de todas las cosas.
- Sí. Pero ya lo tenía claro cuando era pequeña, cuando mi padre no me compraba las figuras Disney y yo las recortaba y jugaba con ellas debajo de la mesa. Era genial. Y era yo. Y el mundo estaba tan cerca. Y me daba miedo.
- El mundo da miedo siempre. Es increíble. Yo me recuerdo escribiendo, perdido por completo en mí mismo, y si alguien me hacía daño, y eran muchos, muchísimos, los que lo hicieron, pensaba: pero si yo lo he tratado muy bien. Nunca lo entendí. En realidad, sigo sin entenderlo. Soy un puñetero ingenuo.
- Hey, no creo que eso sea malo. A mí también me han pasado esas cosas. Ir a fiestas y que me ignorasen, que la gente que iba conmigo me dejara tirada. Al final, encuentras tu mundo. Y el mío eran las pizarras, los folios, las paredes, cualquier lugar en el que dibujaba.
- Pero, no sé si es bueno, pequeñita, que no os aislemos en nosotros mismos, ¿no? Que aquello que creemos no nos sirva para alejarnos de las calles en las que vivimos, de la gente que está a nuestro lado.
- No es algo que haga ya, ya no. Antes, usaba los dibujos, los graffitis, para no salir de mi casa, para no salir de mis ventanas, pero eso ya ha pasado. Ahora quiero que la gente los tenga en sus paredes, que se alegren porque lo he hecho para ellos, y me sirve para hablar con ellos, para ver sus sonrisas y saber que yo las he provocado.
- Sí, tienes ese efecto e imagino que lo sabes. Das luz, una luz discreta, la mejor luz, a la gente que está a tu lado. Deben sentirse afortunados de tenerte cerca todos aquellos que te reclaman. Si por no estar, no estás ni contaminada.
- ¿Contaminada?
- No sé, no hablas de música patética, de tuenti apenas, prefieres otras cosas, leer, dios, cómo odiaría que alguna vez me esperases leyendo, no sabes cuánto, dibujas, eres tremendamente curiosa; preguntas, preguntas y preguntas, necesitas saber tantos por qués, y lo haces todo con una pasión, con una curiosidad que asusta. No, no estás contaminada.
- Y ¿por qué dices que odiarías que alguna vez te esperase leyendo?
- ¿Ves? Siempre preguntando.
- Ya, ya, pero no has contestado a mi pregunta.
- Lo haré. Me puede una mujer leyendo. Me puede y mucho. Qué cosas, ¿no?
- Sí, qué cosas. Es que preguntar es bueno, saber es genial. Cuanto más sepa, mejor. Quiero dibujar y quiero hacerlo como no lo ha hecho nadie antes. Y cuanto más sepa, más fácil me será.
- Saber es genial, la verdad es que sí. Y cuanto más aprendes, más claro tienes que menos sabes. Y más quieres saber. Te vas a Barcelona. El principio de tu vida.
- Hey, el principio, no. Que ya llevo mucha vida, ¿eh?
- Bueno, si tú lo dices.
- Pero, bueno, tú te vas a Sicilia, así que no te quejes. No te quejes. ¿Por qué no me traes algo de allí?
- Claro que sí. ¿Qué quieres?
- No sé. Lo que tú quieras.
- ¿Te parece bien algo pequeño? ¿Algo que me recuerde a ti?
- Sí, sería perfecto. Granada, Barcelona, Sicilia. No podemos quedarnos quietos, a qué no.
- La verdad es que no, pequeñita, no podemos. Yo soy profe y ya sabes, todavía no he repetido pueblo. Doy vueltas y vueltas, pero creo que es lo que me viene bien. Cambiar de gente, de calles, de ciudad. Eso creo.
- Espero que también me pase a mí. Sé que necesito estar en muchos sitios y conocer a mucha gente.
- Conocer y que te conozcan. Acabarás dejando huella.
- ¿Lo dices por...?
- Hey, yo apenas te conozco y en mí la estás dejando. Bueno, en realidad, la has dejado ya. No sé, eres auténtica, no sé cómo explicarlo... Me faltan las palabras.
- ¿Cómo te van a faltar las palabras si eres profesor de Lengua, puñetero?
- Bah, las palabras no son tan importantes. Se dice que una conversación el lenguaje verbal es sólo el siete por ciento de la conversación y el noventa y tres por ciento restante es lenguaje no verbal.
- Y, ¿qué dice mi lenguaje verbal ahora?
- Bufff, cómo no, ahí sigues, preguntando y preguntando.
- Ya, pero no has contestado a mi pregunta.
- Y la pregunta era...
- No te hagas el tonto, anda. ¿Qué dice mi lenguaje no verbal?
- No sé, ¿que eres realmente preciosa?
- Sí, claro, será eso.
- Eres realmente preciosa. Como si no lo supieras.
- Gracias.
- No, gracias a ti, que el que se distrae embobado soy yo.
- Ainssss, qué tonto eres a veces.
- Deberías venir a Sevilla. Te encantaría la ciudad y tú le encantarías a ella. Además, es lo que has dicho, cuantos más sitios conozcas, mejor. Más vida en los ojos, más vida que crear en tus dedos. Espero, no, tengo claro que disfrutarás inmensamente en Barcelona, y que aprenderás mucho, muchísimo. Me encantaría verte allí. Cuánta vida habrá en tus pupilas.
- Espero que me vaya bien.
- Yo también lo espero. No sé si llevarme plumillas, sprays, no sé ni lo que llevarme. Qué guay. Estaré en Barcelona, en nada. Y te contaré cómo me ha ido.
- Sí, esperaré ansioso a que me lo cuentes.
- ¿A qué te lo cuente yo o mi lenguaje no verbal?
- Ainsss, pero qué cruel.
- Tengo que irme.
- Imagino. Una pena. Porque disfruto mucho charlando contigo. Me ayudas a ser mucho más yo y eso es genial.
- A mí también me gusta pero tengo ganas de irme a casa. Y leer. Y dibujar. Y pensar. Y volver a leer. Y volver a dibujar. Y pensar en Barcelona. Y en Granada. Y en los sitios que tengo que visitar. Y en la gente que voy a conocer. Y en los mundos en blanco que mis dedos van a explorar.
- Sí, una pena pero es que, además, no puedo enfadarme. Es el tipo de cosas que haría yo. Arghhh, no puedo enfadarme. Te odio. Bueno, ya quisiera yo.
- Bueno, espero que te vaya bien por Sicilia.
- Y a ti por Barcelona, pequeñita. Ya nos contaremos, pequeñita.
- Sí, aunque yo preferiría dibujártelo, claro.
- Cómo no. Ainssssssssssss. Será genial que estés allí, en Barcelona. El primer día del resto de tu vida, ¿no?
- Bufff, dicho así, da hasta miedo, ¿eh?
- Y yo espero que, por una vez, repitas y te quedes en Granada. Por tus amigos, claro; por los alumnos, que sé que te tienen mucho cariño.
- ¿Quién sabe?
- Tengo que irme. Me espera un libro, me esperan mis dibujos.
- Te espera tu vida, pequeñita, y será genial saber de ella, porque, sabes, hagas lo que hagas, estoy seguro de que será genial. Estoy seguro, preciosa.