lunes, 9 de enero de 2012

Buhardilla con chocolate para dos

- ¿Así que París, enana?
- París. Ya te dije que sería París. Y mírame, seis años después: París.
- Seis años después y pareces otra. Es increíble.
- Soy la misma. No lo dudes. Ni por un segundo. Soy la misma, la mejor versión de mí misma, eso sí.
- Ya ni dudas, ni por un momento.

- Eso parece. Pero no te confíes demasiado. Te sigo echando de menos, un poquito. Aunque ya no te necesito, nada. 
- Imagino. Quería ver cuanto has crecido e impresiona, para qué mentir. Granada, Barcelona, París...
- Y lo que me queda, ¿eh?, y lo que me queda. Sabía que sería París y sabía que tú vendrías a visitarme. 
- Eso es acertar. Ya te lo he dicho: quería saber cuánto has crecido. Tan hermosa como siempre, mucho más serena, mucho más madura.
- Sí, ahora salgo menos. Mi mundo interior, que me tiene absorbida, jajajajajaja.
- Y una buhardilla. También me lo dijiste. 
- Sí, en una buhardilla. A veces pensaba en ti, en que vendrías a visitarme, en que alguien cocinaría para nosotros, por escucharnos y hablar sin que nadie nos molestara. Tú y yo y todo el tiempo del mundo. 
- Y, ¿cuándo llega?
- Hey, no se puede tener todo. Esperaba que tú me cocinaras. Sé que puedes hacer dos cosas a la vez y así yo no me distraigo.
- Jajajajaja. ¿Y qué quieres que te cocine? Ya sabes que yo puedo cocinar de ti lo que tú quieras.
- Heyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy, no seas malpensado. La de vueltas que ha dado todo, ¿no?
- Sí, lo cierto es que sí. El miedo a este mundo, a esta vida, la tristeza por no poder con cosas y has podido con todo, enana, con todo.
- Sigue habiendo cosas que me llevan a estar triste, como si no lo supieras, y el miedo, el miedo sigue, siempre sigue. Miedo a no saber que hacer con mi vida, a hacer lo que no me gusta, a perderme otra vez y no encontrarme. Son tantas cosas.
- Ya, pero te enfrentas a ellas, y eso es genial. Seis años desde entonces. El mundo no ha cambiado desde entonces y mírate, tú eres otra.
- Soy la misma, ya lo sabes, pero en otro sitio. 
- Has crecido, enana, y esta es tu vida. Te pertenece. Y no deberías dejar que nadie te la quite.
- Imaginaba que vendrías a visitarme. Aquí, a esta buhardilla. Y estaría lloviendo, como ahora. Y tendríamos un chocolate que llevarnos a las manos y...
- Hey, ahora mismo lo hago. Para ti. Para ti y para mí, claro.
- Tendríamos ese chocolate y tú me hablarías del sur, como casi siempre. Y yo te diría que me encanta estar aquí pero que no hay ciudad alguna como Granada. Entonces tú me dirías que estuviste en Granada hace poco y yo te odiaría. Como casi siempre.
- Estuve en Granada hace dos semanas. Para ver a grandes amigos. Adoro esa ciudad.
- Te odio. Realmente, te odio. Te odio.
- Granada y el sur. La vida, ¿eh?
- Ya. Pero crecemos y dejamos tanto atrás. Y lo llamamos crecer. Pero las raíces de mis dedos llegan hasta Granada, lo sé. Y están aquí. Y quieren gritar y dejar ese grito en el tiempo y que ese grito sirva para algo.
- Ojalá puedas. Pero las raíces de tus dedos también llegan hasta tu chocolate, que está aquí, en tus manos, ahora mismo.
- Muchas gracias. Buhardilla para dos. París. Lluvia. ¿Qué más se puede pedir? Y no digas dos cuerpos desnudos bajo la lluvia, que nos conocemos.
- Jajajajajaja. No, tranquila. ¿Una mujer que cocine para nosotros?
- Jajajajajajajaja. Hey, no se puede tener todo. 
- No sé, enana, piensa, qué sé yo, con respecto a Francia, a Granada, a Barcelona, que no es gente que pierdes, sino gente que ganas. 
- Imagino. Es mucha gente la que estoy ganando, muchos sitios, más de los que yo siempre pensé pero también se pierden cosas, también...
- Sí, es solo que no quería que habláramos de...
- Me encanta el chocolate.
- También a mí. Ya lo sabes.
- Sobre todo, si es compartido.
- Te echo de menos, ya lo sabes, te echo de menos.


1 comentario:

PetiteMademoiselle* dijo...

Y quién no te va a echar de menos... Aquí una que se apunta a la lista!

Holanda también la pisarás, aunque para eso quede un poquito más :)

Y siempre, siempre, chocolate.