lunes, 30 de enero de 2012

Miedo XX

- Y otra vez más de cinco millones de parados.
- Otra vez. Otra puta vez. Y, otra vez, la solución es el ladrillo.
- Otra vez el puto ladrillo. La verdad es que da miedo estar aquí.
- Uno debería irse de aquí, de esta mierda de país, en cuanto tuviera la oportunidad.

- Sí, claro. ¿A dónde? ¿Y cómo? Pero si solo tenemos aeropuertos sin aviones, compañías aéreas que han quebrado. 
- Es triste. Sí, inmensamente triste. Nuestro país. Este trozo de tierra que otros llaman patria, esos salvapatrias que están privatizando todo aquello que queda en sus manos, para alegría de sus amigos. Tanto amor por la patria...
- Sí, el patriotismo, el último refugio de los canallas.
- Ya, pero no es eso lo triste, ni de lejos. Lo triste es que nos lo venden, que se lo venden a todos, que nos lo venden a todos y nos lo creemos.
- Parecemos tontos. 
- Lo triste es que no lo parecemos. Eso es lo triste: lo somos. Cuántas veces, cuántas escuchamos: soy españooool, soy españoooool, españoooool.
- Ahí tienes razón. Es patético. Cómo sentirnos orgullosos, cómo, de un país con Urdangarín, con monarquía, con Camps, en el que un partido de origen franquista, con cinco millones, joder, cinco millones de parados.
- Y en el que además el partido en el poder quiere solucionar toda esta mierda de crisis con la vuelta al ladrillo. Patético.
- Sí que es patético, sí. Porque educación y ciencia sobran. 
- Normal. ¿Quién quiere ciencia cuando tiene a Dios?
- Joder, ni lo nombres. Los muy cabrones, recortando en todo, pero a la iglesia, venga, pasta y más pasta. Nos miran a la cara y nos mienten. Nos mienten brutalmente. Es lamentable.
- Alguna vez, alguna vez tendríamos que solucionar todo esto.
- Sí, cambiar la forma de sociedad en la que estamos. Enfrentarnos a todo.
- ¿Enfrentarnos a todo? ¿Para qué? ¿Vale para algo, realmente?
- Hey, por una vez seamos inteligentes. No se trata de ganar un mundo, de enfrentarnos a un sistema. Perderemos, como hemos perdido siempre. Siempre. Se trata de pequeñas victorias, de cambiar pequeñas costumbres. 
- Pequeñas victorias. Cómo era. Pequeñas personas en pequeños lugares haciendo pequeñas cosas pueden cambiar el mundo. 
- Pequeñas victorias. Pequeños placeres. Los más grandes, ¿no?
- Imagino que sí. La posibilidad de cambiar algo, un poco, lo que sea. 
- Cambiar lo que sea, sí, antes de que nos lo cambien. Como hemos intentado cambiarlo muchas veces, aunque hayamos perdido en otras tantas. 
- ¿Y qué? ¿Para qué? 
- Hay que intentarlo, ya lo sabes, hay que intentarlo siempre. Aunque no sirva de nada. 
- Pero, ¿por qué?
- Porque es cuanto tenemos, porque es cuanto nos diferencia. 

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