lunes, 16 de enero de 2012

Uno de los nuestros

Para David
"En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado."
                                                              El Generalísimo Franco. Burgos, 1 de abril de 1939

Ganaron una guerra. Y no quedó forma de contar la Historia que no fuera, como siempre, la de los vencedores. La mejor España, decía, aquella que surgió del alzamiento nacional, la mejor España, los mejores españoles, los defensores de un trozo de tierra que convirtieron en su cortijo y al que dieron en llamar España, tierra, nación, para encontrar en una palabra tan absurda como otra la llave con la que dejar en la calle a todos aquellos que se pelearan por las migas de pan que ellos dejaban en las aceras. Su España, su cortijo. La mejor de las tierras. Y traidores a toda palabra, a toda tierra, que sabían que la palabra podía tener otro significado, ser, según ellos, pervertida por completo. Pervertida si no sale de sus labios y no dice un gran hombre, prohombre que trajo una democracia. Democracia de hilillos, democracia. Su cortijo, también hoy. Su cortijo. Ganaron la guerra como han ganado la paz. Aquí en la tierra. Hubo guardianes del cortijo que detuvieron a todos aquellos que traían otro tipo de palabras porque la palabra solo puede ser suya, como ya dijo y dejó muy claro. "La calles es mía, las palabras también". España y yo estamos con usted, señora, España y yo, lo sentimos por su hijo, la palabra es suicidio. Y el suicidio se hizo verbo. En la puerta de su casa, en pleno barrio, en pleno cortijo, se recogieron todo tipo de palabras, a pesar de los esfuerzos de los guardianes del cortijo, su cortijo. Hubo gritos en todo el país y se hicieron silencio, se hicieron más gritos, hubo excepción y todo fue silencio. Y alguna que otra palabra para recordar que también, señora, usted tiene otra hija, otra hija con palabras que no son nuestras, que no son nuestra verdad. Uno de los nuestros, claro. Uno de los nuestros, firmando muerte en vida, silencio en todas las palabras como portavoz de un régimen autoritario. Uno de los nuestros, claro. Que se arrimaba a las palabras para darles su verdadero significado. Ganaron la guerra. Y ganaron la paz. Y muchos otros olvidaron párrafos de su vida, hilillos de una historia en la que solo queda lugar para hacernos saber que no es más que uno de aquellos que abrió las puertas del cortijo, para que aquellos que no habían quedado en las cunetas se acercaran al menos por un poco de comida, y caridad, claro, caridad cristiana. Como si no hubiera muertos en muchas cunetas que hicieron todo lo posible por derribar las murallas de un cortijo que se han empeñado en llamar España, para hacer de esta tierra su trozo de recursos que agotar hasta no dejar nada. Los amos del cortijo. Una y otra vez. Los amos del cortijo gritando que no hay nada como abrir las puertas para saquear todas las parcelas. Los amos del cortijo recordando a uno de los suyos.

1 comentario:

Sorel dijo...

De obligada y emocionada lectura, Hino.

david