jueves, 9 de febrero de 2012

En blanco y negro III

Al fin de la batalla y vivo el ganador, vino hacia él un hombre y le dijo: "No te mueras, no aquí, espera a alguna cuneta". Pero el cadáver sigo, ay, muriendo, se le acercaron dos y repitiéronle. "¡Déjanos, ahora, ya! ¡La vida aquí no merece la pena!" Y el cadáver, sí, siguió muriendo. Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil clamando: ¡tanto dolor y no poder hacer nada contra esta vida! Y el cadáver, sí, siguió muriendo. Le rodearon millones de individuos con un ruego común: vete, vete y no vuelvas, hermano. Y el cadáver, sí, siguió muriendo. Entonces, todos los hombres de la tierra le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado y se dejó caer, a un lado de la cuneta. Derramó, por todos los hombres como él, en tierras como esta, lágrimas de dolor por una larga noche de piedra, por un país todavía en sombras que hoy se ha cobrado una nueva víctima.