miércoles, 1 de febrero de 2012

Tan poca calma

Para la chica del pelo rojo

El amor distrae, el amor confunde, la luz, la luz no existe, no hay ya luz, no queda en las ventanas, amor, un lápiz de color que dibuje una sombra sin grises en las paredes, no hay una sola luz ya en sombras, ya de noche, noche, noche en tus dedos, ya sin sol. Vuelve, vuelve, tan solo un rato, vuelve tan solo un poco a tu locura,  a la locura de saber que estás sola en cama y no hay unos pies en tus pies que sepan desnudar tus rodillas, un poco de frío en las ventanas y tan poca calma en las pupilas. Descansa, descansa un poco en todas mis orillas, arranca agua de todas mis entrañas, hasta naufragar, naufragar hasta ser uno en la locura. Cabello corto, escarcha de arena, todo un desierto, todo un desierto tu cuerpo en el que ahogarse hasta no saberse nadie, porque nadie se sabe a tu lado, no se conoce, solo es un espejo, un espejo sin imágenes y tú en todas los cristales, tú, amor, a altas horas de la noche y todas las lunas de esta madrugada se levantan en todas tus pestañas. Ahora, a estas horas, tus ojos, sí, tus ojos devoran la ciudad, el mundo, los folios, la perspectiva, la periferia, ahora, ahora que no hay lugares en que estar sentado, en ti, en tus arenas. Deja, deja que me ahogue, déjame naufragar, un poco más, naufragar en ti, adentrarme, y ser otra vez nadie, nadie en tus espejos, y no saberme, no sabernos en tus curvas, olvidar, olvidar cuanto alguna vez fuimos y solo curvas, ahora, adentrado en ti, en nosotros, arena de mar tan lejos ya, tú, a estas horas, a estas noches, en estas nubes, de brillos inacabados, de dolor y hambre, de tierra seca, tos y garganta sin voz, tú, a estas horas y ya sin nadie en tus pechos, solas tus manos ya sin pinceles, sonriendo ya tus pechos en todas las postales, sin prisa el mundo en todos tus caminos.