martes, 20 de marzo de 2012

Cómo escribir una carta y llegar un año tarde

“Si el conocimiento te parece caro, prueba con la ignorancia” 
Derek Bok
Estimada Laura,

antes de nada pedirte disculpas porque esta es una carta que yo tendría que haberte escrito un año antes, cuando estaba en Atarfe y daba clases por allí. Un gran año, sin duda, en el que me hice profesor y comprendí la delgada línea roja que existe entre el cariño y la exigencia. La verdad es que el hecho de pensar que allí me hice realmente profesor hace que le tenga, además de los muchos amigos, un cariño especial a Granada aunque, claro, apenas te di clases a ti o a tus compañeros ya que alternativa es una asignatura en la que además no puedes dar contenidos. Qué horas aquellas, las últimas de los viernes, con casi cuarenta adolescentes rebosantes de hormonas pensando en irse, cuanto antes mejor. Me habría encantado, claro, darte Lengua, y sobre todo, Literatura, esa asignatura que sí adoro, y que tantas alegrías me ha dado siempre. Vuelvo a leer esa carta que me escribiste y, como siempre, pienso que ese el proceso que debería llevar la educación pública, el del conocimiento compartido entre profesores y estudiantes, el de escuchar y no sólo imponer nuestra opinión. Sigo teniendo claro, como ya les dije el año pasado a mis enanos de segundo de la ESO en ese instituto, que enseñar es no dejar de aprender nunca, es escucharos y aprender de vosotros, no imponer en ningún caso nuestra opinión y enseñaros a pensar en el miedo, sino enseñaros a pensar, convertiros en ciudadanos críticos. Está bien, imagino, que sepáis sintaxis, que sepáis qué es un complemento directo o una metáfora pero es mucho más importante, y está por encima de todo ello, enseñaros a pensar, porque es una herramienta absolutamente imprescindible y vital para defenderos en cada entorno. Esa es la finalidad primordial de la educación.
Sinceramente, una de las clases de las que me siento más orgulloso de ese año, el año pasado, y parece tan lejano ya, fue aquella en que usé todos los lemas del 15M para enseñar las metáforas a mis estudiantes. Nunca los vi tan activos, nunca los escuché participar tanto, y fue una de las veces que escuché: es que aquí nos enseñan a pensar en el miedo y nunca podemos decir nada, tiene que ser lo que diga el maestro, o el jefe de estudios, o el tutor. Una cosa es el respeto, y otra el miedo, y el miedo no lleva al mejor modelo de sociedad. 
Como decías en esa carta, quiero ser un maestro como tú, abierto con los alumnos, receptivo con ellos, para añadir, claro, cuando no tienes niños, pues tus alumnos son tus niños. Imagino que tienes razón, que es más fácil preocuparte por ellos sino tienes una familia por la que preocuparte y que te absorbe miles de horas, pero no es la única razón. El hecho, y no deberías olvidarlo nunca, porque me dijiste que querías ser profesora, de Inglés si fuera posible, que tus alumnos no son borregos, no son animales, sino, por encima de todo, seres humanos, reflejo de una sociedad inmensamente egoísta más preocupada por lo que tiene que por lo que es.  Son seres humanos de los que puede aprender siempre si podemos y tenemos la voluntad de escucharlos, seres humanos que empiezan a construir sus historias siendo algunas de ellas inmensamente enriquecedoras. Enanos que, de repente, empiezan a crecer, madurar y a hacerse preguntas que saben que estaban ahí pero nunca se habían hecho. Siempre se habla de la huella que buen profesor puede dejar en sus alumnos pero también hay alumnos que pueden dejar huella, y mucha en ti. En mi caso, no sé por dónde empezar: Gema, en Osuna, y su maestro, qué tal las oposiciones. Y con las oposiciones sigo todavía, qué coñazo; Pilar, esa estudiante inmensamente inteligente, que conseguirá todo aquello que se proponga, Ana y su por qué a nosotras no; el viaje a Valencia, Paloma y sus paranoias; la enana de Isa de Atarfe; el día en que Alba, a la que le costaba horrores leer, se puso a leer el libro Reacciona, y se puso a preguntar si podíamos tener la suerte de llegar a ese modelo; el sarcasmo de Adri en Algeciras, la capacidad de liderazgo de mi delegada, Lorena, de Algeciras, que tanto nos hizo sufrir a ella y a mí, la alegría de Rocío, también de Algeciras, en clase, alegría que siempre te contagiaba, bufffff, todo un mundo de personas  para recordar aquí. Siempre hay esperanza, eso está claro, y siempre hay una pequeña parte del mundo que podemos intentar mejorar. Se nos permite el fracaso, claro, porque es el error el que nos hace crecer, el error y no el miedo, nunca el miedo, pero hay que intentarlo, Laura, hay que intentarlo siempre, así que tienes que dejar que se equivoquen una y mil veces y no castigarlos por ello, sino esperar a que mejoren a partir de ahí, la única forma real de que mejoren. Cada uno de ellos ha de hacer su camino: nosotros solo hemos de enseñarles cuál es y cómo llegar a él. Y aprender de su camino, que siempre hay pasos que habíamos olvidado, ellos nos recuerdan, y nos hacen crecer otra vez, y nos hacen recuperar la pasión por la enseñanza, por la vida en muchos casos. No te alejes, tú misma lo dices en la carta, de ellos; acércate con todo el respeto del mundo y hazles saber que cada uno de ellos tiene la importancia necesaria para dejar un poco de sí en la pequeña parte del mundo en la que viven. Nunca los hagas más pequeños, nunca, porque sí quieres una sociedad madura, nada como exigirles, desde la clase, desde la actitud, la madurez necesaria para ello ya que en la mayoría de los casos, no van a recordar complementos directos, o polisemia, o el mester de juglaría pero sí recordarán tu actitud vital hacia ellos y el tipo de persona que fuiste. Así de injustos, así de crueles, así de ingenuos son. Merece la pena, siempre, aunque haya días en que desees pegarte cabezazos contra la pared e irte a casa y no volver a ver la luz del sol en meses.
No hay nada como hacer aquello que te gusta, es obvio, y ese luchar día a día con estudiantes, obligarlos a pensar es realmente frustrante a veces, desalentador, pero hay otros momentos que dan sentido a esa lucha, que te hacen pensar que no hay trabajo más gratificante que este y, sinceramente, no lo hay. Así que no hay nada como pensar que tener la suerte de ejercer esa pasión es una responsabilidad que no podemos rehuir, por el mero hecho de que, a veces, aquello que decimos, para bien y para mal, puede tener más influencia de la que creemos. Por eso, enséñalos a pensar y a dudar de lo que piensas, sé paciente con ellos, pero exigente, inmensamente exigente, porque querrás que ellos sean parte de una sociedad mejor, más humana, que haga de la capacidad crítica el mejor de las armas y no caiga en la demagogia fácil. Está claro que uno fracasa, y fracasa miles de veces, pero intentarlo, Laura, intentarlo hay que intentarlo siempre. Espero que tengas esa suerte y puedas contármelo. Yo me sentiré orgulloso y honrado de haberte dado clases.
Saludos y mucha suerte. 
En realidad, tendría mucho más que decirte pero seguro que la vida hará todo lo posible para que podamos continuar compartiendo palabras y aprendiendo uno del otro.  

1 comentario:

Irene Roga dijo...

Me encanta la premisa de "obligarles a pensar".
Como me dijo una amiga hace poco, aunque te equivoques, siempre es mejor hablar que callar, compartir lo que piensas, meter la pata o acertar es lo de menos, pero es la manera de avanzar y enriquecerse.
Confío plenamente en el futuro de esos alumnos a los que obligaste a pensar :)