jueves, 3 de mayo de 2012

Parole per Heidi XXV

Cara Heidi,

el mundo, el mundo y tú. Y ahora. Invierno en mis dedos ahora que se acerca el verano a tus tobillos y te nacen raíces con las que ser sol y dar calor a tus montañas. El mundo y tú, fragilidad. La asombrada fragilidad de saber que estamos vivos a cada instante para morir a cada momento. El mundo y tú. Nepal, cómo no, Nepal, y la necesidad de perderte, una y otra vez, hasta encontrarte en las huellas verdes que dejas en otras personas, que otras personas dejan en ti. De espaldas, de perfil, para que nadie sepa de ti más que quién eres, tú, solamente tú, bajo las nubes de un cielo lejano que te trajo, otra vez, la confianza en el ser humano. Para volver, entonces a casa, mi Italia, tu norte, mi sur, y contar, con dolor, cuánta locura en todas las calles, cuánto duele saber que nos están quitando pensar y el derecho absoluto a una vida digna, en países en los que todo es más difícil ahora, más absurdo. Saber que se pierde la fe mancha, mancha la vida, la felicidad, esa felicidad que ya no es nuestra, dice, al ciento por ciento, porque, caro amico, hay miedo, hay miedo en las pupilas, miedo en las rodillas y caminar es más difícil pero caminar es bueno, siempre, encontrar un camino y perderse en él hasta descubrir que hay otros caminos que no hemos seguido todavía y que muestran otros árboles, otros senderos más reales, más puros, aunque haya detalles, detalles de nuestra vida, ahora, ahora mismo, mientras hablamos, mientras no hablamos y yo pienso en ti, como otras tantas veces, que no nos dejen ser felices por completo, pero, ya te dije, ahora que hablamos, te dije, y no entendiste, del todo, que sí merece la pena, que si se lucha por mejorar el mundo, el entorno en que uno se mueve, es por personas como tú, puras, transparentes, tremendamente humanas, que encuentran felicidad en un trozo de papel, en palabras en un bolsillo, en un viaje de miles de kilómetros en el que tantos silencios te dijeron tanto y tanto, ecos de esos silencios que siguen en ti, en tu mochila, y te hacen ser quien eres, única e irrepetible, cara, personas como tú, que pierden la fe, tristemente, a veces, pero hacen más fuerte a los demás, y no dejan que otros la pierdan, y tenerte cerca, a pesar de miles de kilómetros de distancia, tenerte a una silla de distancia, a un puente, hacen que uno vea tanta ternura en tu rostro y uno sepa que esa ternura hace que el mundo sea más dulce a aquellos que están cerca de tus labios, de tus palabras, del momento en que sonríes y el mundo se hace uno con tus pupilas y hay un poco de lluvia en el sur, la lluvia suficiente para cambiar un paraguas por un rato a dos compartido que hace que uno olvide el mundo y recuerde personas, personas como tú que hacen recuperar a quien te conoce la fe, caro fantasma de ojos verdes, en el ser humano.