miércoles, 23 de mayo de 2012

Privatiza que algo queda III

Vivíamos cómodamente, sin meternos en lío, pensando que pensar no era más que la última biblioteca que habían cerrado en el barrio. Vivíamos cómodamente y hacíamos del consumo un acto de fe. Era mejor estar dormido que soñar despierto. Y dejamos, un día, porque sí, dejamos de vivir cómodamente y llegó el miedo. El miedo por encima de nuestras posibilidades. Tuvimos miedo entonces por miedo de nuestras posibilidades. Y, poco a poco, fuimos perdiendo los caminos que nos llevaron a un barrio sin cemento. Quisimos entonces tener un poco de esperanza: la habían privatizado. 

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