viernes, 8 de junio de 2012

Échate un cantecito

La cultura está en los márgenes.
Alan Moore

Hay obras que crecen con el tiempo, van dejando huella, poco a poco, en los lugares a los que se acerca, en los rincones más curiosos, si es bueno el mensajero y un placer el mensaje, un placer lo que se dice, el placer de hacer llegar el carnaval hasta el monte de Venus, casi na, fuego. Un disco que ya se ha escuchado, cada verano, en Sicilia, bajo todas las estrellas del mundo, al amparo de una tortilla de patatas, al amparo de un vino del sur que se deshacía en todas las ventanas. Echo de menos, ese si no te das cuenta de lo que vale, el mundo es una tontería, que tanto escuchamos Heidi y yo en las calles de Sevilla, que siempre me lleva a ella, a esos ojos verdes que se pierden casi cada día en las montañas, esos ojos azules que se encuentran a casi cada rato en los rincones más apartados de este mundo, ese quejío flamenco (si vas dejando que se escape lo que más querías) lleno de alegría. Veinte años, ya, veinte años desde entonces. Ese Echo de menos que nos llevó a buscar más y encontrar a veces. Superhéroes de barrio que acabaron por visitar todas las ciudades: Lobo López, esa copla canalla que siempre poníamos como ejemplo en las clases de español para extranjeros, sí, oh yeah, es una típica  conversación entre dos enamorados en el sur, siempre el sur, siempre Kiko. Hace cuánto tiempo, y me alegro tiempo, no me lo esperaba. Ese concierto en Cádiz, con Sorel, y ese himno, ese superhéroe gaditano, de barrio, por encima de tantas cosas. Ese descaro burlón de alguien que hace del humor un arma y no ha dejado de ser fiel a sí mismo: veneno, puro veneno. Ese coro a una y acordarse de Sorel, los dos coro a una, nuestra canción, coño, parecemos novios: se ha tomado tres botellas de Coca-Cola llenas de vino de Chiclana, ainsssssssssss Joselito, y haberla escuchado en Alcalá, en el Lope de Vega, en ese maravilloso concierto de casi tres horas, con Raimundo Amador, tanto tanto veneno, veneno que tomaras tú veneno tomara yo, esas letras de tanta jondura poética,  la sencillez de los grandes, siempre. La sencillez de letras que subrayan la magia de lo cotidiano en canciones como Me siento en la cama, ese canto calmado al pensamiento, ese canto tranquilo a la rutina, ese canto lorquiano a la inspiración: seis pájaros en mano pero ninguno vuela. Y a la posibilidad de no encontrarla. Y volver a Heidi y sí, ya lo sabes, siempre,  las cosas que yo sé las sabe un tonto cualquiera, mi corazón va solitooo por la carretera, la alegría, bella bellisima, en sol mayor. Tu sol de aquí, del norte, a veces. Y esas letras que brillan al compás de una percusión que queda en los oídos y hace escribir a los dedos: ni con agua en los bolsillos se me enfría el pensamiento. Una obra, que es el sur y se, graba, qué cosas, en London, y ese precioso diario en que se descubren, como en tantos otros momentos de veneno, de mucho veneno perlas deslumbrantes, las cosas pierden la magia de tanto usarla, pero no, hay obras que no se pierden, que no se pierden esa magia. No se pierde la magia En un mercedes blanco, otro superhéroe de barrio cuya historia conocí en Alcalá, en Atarfe, en Sevilla, y así y así. Hay cosas, se dice, que ganan magia, sí, ahora sí, ahora y desde entonces, de tanto usarla, y se hacen vida y no se nos olvida, ya no, que es vida, y que no es solo reír, es reír y llorar,saber que sí, que yo, a veces tampoco puedo cambiar, y saber que no, pero yo no, yo puedo cambiar. Abrázame fuerte y hazme volar. Ha pasado el tiempo, todo ha cambiado, no ha cambiado nada. Reír y llorar, Albert Pla. Ha pasado el tiempo, una leyenda ya. Y cuántos cuántos cantecitos echados, cuántos cantecitos en tantos labios, en tantas noches, en tantas calles. Por la alegría de cantar, por la alegría de vivir. Porque, a pesar de los pesares, tendrás amor amigos, tendrás amigos. Y decir, entonces, a los cuatro vientos, en todos los rincones, que sí, que uno, que sí, que uno,sí, enamorao de la vida aunque a veces duela. Para comprender entonces que hay obras, que hay genios cercanos, superhéroes de barrio, Kiko Veneno, que, a pesar de la escucha, de los años, que, a pesar de los pesares, no perdieron magia. Y, ahora sí, ahora, ahora toca, otra vez, por penúltima ya, echarse un cantecito, un ratito de gloria, guitarra flamenca en mano, hasta que se arranquen los cachitos de hierro y cromo a cantar, a cantar como tú sabes