jueves, 12 de julio de 2012

En los bolsillos

Para Laura
A orillas de un mar del sur, hay violines que se han movido en estos días al compás de las olas. Hay gestos en los bolsillos que incitan al olvido pero han olvidado las manos las palabras con que deberían recoger esos gestos. Tiempo de cambio. Es bueno que todo cambie para que algunas cosas vuelvan a ser lo mismo. Tiempo de encontrar la belleza en los dedos si uno sabe mirar. Tiempo de escuchar silencios de aliento. A orillas del mar del sur hay unos ojos preciosos que tienen estrellas en sus manos, tortugas en sus pestañas, unos ojos que habitan mañanas en las que es posible protegerse del frío y del dolor de los días de este mundo, de estos rincones en los que el dolor se hace ajeno. Hora de sacar los dedos del pantalón y señalar a la luna de un cielo con nubes ahora que hay un poco de calor y la noche se ha llenado de estrellas. Caen entonces las pestañas con tortugas para decir que la madrugada ha traído una brisa de verano con la que refrescar todos los desiertos que se convirtieron en las estaciones que nunca quisimos visitar. Y al amparo de las estrellas que palpitan un nuevo día, que palpitan todos los años que han pasado, los desengaños que acabaron por resultar la puerta a una nueva casa, más acogedora, crece la más hermosa de todas las sonrisas, una sonrisa de labios carnosos que cuenta historias de hambre y sed que dan alimento a los abrazos más hambrientos, que roban las nostalgias más sedientas. A orillas de un mar del sur hay unas piernas que llevan pulseras de caricias en los tobillos que hacen que los turistas caminen a su lado cada vez que se acercan a esa playa. A orillas de un mar del sur está uno de los rostros más inmensamente bellos que se puede encontrar en todas las arenas, calmado después de tanto dolor, esperando, de manos de alguien que sepa apreciar la más hermosa de todas las bellezas, una primera mirada, alguna otra caricia, por volver a tener en sus ojos el placer de universos que en ella todavía han sido inhabitados.