viernes, 20 de julio de 2012

Parole per Heidi XXVI

Cara Heidi, 
te escribo porque sé que, como cada año, has crecido un poco, tan solo un poco más, y hace mucho, tal vez poco, que no sabemos el uno de la otra, la otra del uno, el norte del sur y viceversa. Cuánto tiempo en los días, cuánto tiempo. Y tú siendo tú, bello fantasma de ojos celestes, en las montañas, olvidando el mundo, cercana la vida a tus tobillos, ahora que tus manos están en todas las rocas, a escasos metros de tus dedos. Dijiste, como has dicho siempre: el mundo, el mundo queda lejos, lejos la gente; quiero, a mi lado, personas, y personas, pocas, están en ti casi desde siempre, casi desde que es el norte, hace frío y el verano está en otras latitudes. Tal vez esté, en el norte, lloviendo ahora, tal vez esté tu piel calada, sean tus piernas parte de la lluvia y sean tus labios ya sed de agua, ahora que tus pies caminan por charcos que se crecen y alimentan a tus árboles. Tal vez, solo tal vez, no haya habido sol esta mañana y tú pienses en mí y en todas tus ciudades ahora que el sur quema, quema otra vez como cada verano y el sol derrite todos los cajones. Busco alguna de tus cartas y arden las letras en las que me cuentas que has vuelto a casa y pronto estarás en cualquier otra parte porque sí, porque tu casa es el mundo y todas sus orillas. Es viernes hoy, ahora, mientras cumples años, y lo celebras; queda, apenas, en estas aceras, un poco de brisa que echarse al corazón para sentirse fresco, para sentirse vivo, solo por saber que se puede ser norte algunas veces y encontrar un poco de frío en las paredes. 
Caro fantasma, 
cuánto habrás crecido en tantos días, ya lejos y en otras tierras que te han visto caminar casi entre nubes, descalza ya y con raíces, cercana a todas las ventanas que te vieron sonreír mientras llegabas, que te vieron sonreír mientras volvías. Eras tú y estabas. Eras tú y te soñabas sola y ya sin gente, hablando del placer de los pequeños placeres que se te han hecho imprescindibles: una copa de vino con amigos, un paseo en bici en las montañas, escalar hasta olvidarte de ti, de ti misma y tus cansancios, de ti misma y tus derrotas, ser tú una y la alegría.  Eras tú y estaba lejos la tristeza, lejos la ciudad y el mundanal ruido, tú y la tranquilidad de saber que estáis tú y tus palabras, que hay días en que hablamos y el tiempo se deja descansar en todos los balcones. Eras tú y estaba lejos la nostalgia, eras tú y estaban las noches del sur con verano en las azoteas. Se podía ver la ciudad desde allí, se podían ver los meses desde entonces y pensar, durante un momento y muchos más, que estás tú, estás tú y el norte, hace frío y lluvia y tiene el sur apetito de ti y tus latidos, durante un momento y muchos más que, como siempre, te has olvidado del mundo porque el mundo te habita y se es feliz en todos tus entornos. Ti voglio bene, bella.

1 comentario:

La gata Roma dijo...

Ains… cuantas cartas tendría yo que escribir y… para que negarlo, debería recibir alguna que otra…

Como siempre, dices tanto que mejor no tiro del hilo, porque entonces no paro…

Kisses