viernes, 14 de septiembre de 2012

It Seems Like Old Times

Cuando despertó, el verano había terminado; septiembre había llegado y con él, otra vez, la escuela y los tuppers, casi olvidados en su memoria. A veces recordaba, tal vez soñaba: clases de treinta alumnos, otra vez, y patriotas de hojalata que vendían su país a precio de saldo a extranjeros; es la deuda, estúpidos. Y saber que nos vendieron, por completo. La educación, ya herida de muerte, en manos de gaviotas. Bastaba mirar un poco más cerca: no eran gaviotas, eran buitres; no eran rosas; eran espinas no era una venta, era un saqueo. Y patriotas de hojalata que nunca estaban allí. Todo eran hilillos de esperanza que se iban perdiendo, hilillos de verdad que cosían una tierra maltrecha por encima de nuestras posibilidades. Patriotas de hojalata que no hacen otra cosa que crear espejos a su imagen y semejanza: Bertín en la dos, también el rey, carne ya cocida. El espejo esperpéntico de un país moribundo que no hace otra cosa que ahogarse en sí mismo; un país de pobres que escogió a un puñado de ricos para que los sacara del hoyo: ese el legado político, esa la cultura. Y algunos hombres buenos que dejaron su vida en otro país por este: España de charanga y pandereta, todavía, a día de hoy, tantos años después. Todavía. Todavía hoy.  Han vuelto los viejos tiempos, para quedarse un tiempo, dicen. Y el mañana parece cada vez más efímero.

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