jueves, 26 de julio de 2012

El intransigente XCII

- Hey, cuánto tiempo.
- Pues sí que hace poco tiempo, sí, que nos vimos hace días.
- Sí, la verdad es que sí. Pero es que he estado pensando.
- ¿Pensando? ¿Tú? ¿Y duele?
- Bueno, la primera vez sí pero, después, uno se va acostumbrado.
- Vamos, que pensar es como hacer el amor, por lo que me dices.
- Bueno, casi casi, porque yo me acuerdo de mi primer amor pero he olvidado mi primer sentimiento.
- Es que, claro, lo importante es lo importante.
- En serio, pensé en lo que decías. Eso de lo caro que eran los entierros.
- Sí, de lo caros que eran y de que yo iba a donar mi cuerpo a la ciencia.
- Eso quería preguntar. ¿A qué ciencia, coño, a qué ciencia, si también la han enterrado?
- Buff, ahí me has dado, ahí.
- ¿Entonces?
- Yo qué sé: joder, que me tiren a una cuneta. Total, están acostumbrados.
- Hey, hey, no podemos ir por ahí, que eso es mirar al pasado.
- Ahí tienes toda la razón. ¿Para qué mirar el pasado cuando nos están haciendo caminar hacia él a pasos agigantados?

viernes, 20 de julio de 2012

Parole per Heidi XXVI

Cara Heidi, 
te escribo porque sé que, como cada año, has crecido un poco, tan solo un poco más, y hace mucho, tal vez poco, que no sabemos el uno de la otra, la otra del uno, el norte del sur y viceversa. Cuánto tiempo en los días, cuánto tiempo. Y tú siendo tú, bello fantasma de ojos celestes, en las montañas, olvidando el mundo, cercana la vida a tus tobillos, ahora que tus manos están en todas las rocas, a escasos metros de tus dedos. Dijiste, como has dicho siempre: el mundo, el mundo queda lejos, lejos la gente; quiero, a mi lado, personas, y personas, pocas, están en ti casi desde siempre, casi desde que es el norte, hace frío y el verano está en otras latitudes. Tal vez esté, en el norte, lloviendo ahora, tal vez esté tu piel calada, sean tus piernas parte de la lluvia y sean tus labios ya sed de agua, ahora que tus pies caminan por charcos que se crecen y alimentan a tus árboles. Tal vez, solo tal vez, no haya habido sol esta mañana y tú pienses en mí y en todas tus ciudades ahora que el sur quema, quema otra vez como cada verano y el sol derrite todos los cajones. Busco alguna de tus cartas y arden las letras en las que me cuentas que has vuelto a casa y pronto estarás en cualquier otra parte porque sí, porque tu casa es el mundo y todas sus orillas. Es viernes hoy, ahora, mientras cumples años, y lo celebras; queda, apenas, en estas aceras, un poco de brisa que echarse al corazón para sentirse fresco, para sentirse vivo, solo por saber que se puede ser norte algunas veces y encontrar un poco de frío en las paredes. 
Caro fantasma, 
cuánto habrás crecido en tantos días, ya lejos y en otras tierras que te han visto caminar casi entre nubes, descalza ya y con raíces, cercana a todas las ventanas que te vieron sonreír mientras llegabas, que te vieron sonreír mientras volvías. Eras tú y estabas. Eras tú y te soñabas sola y ya sin gente, hablando del placer de los pequeños placeres que se te han hecho imprescindibles: una copa de vino con amigos, un paseo en bici en las montañas, escalar hasta olvidarte de ti, de ti misma y tus cansancios, de ti misma y tus derrotas, ser tú una y la alegría.  Eras tú y estaba lejos la tristeza, lejos la ciudad y el mundanal ruido, tú y la tranquilidad de saber que estáis tú y tus palabras, que hay días en que hablamos y el tiempo se deja descansar en todos los balcones. Eras tú y estaba lejos la nostalgia, eras tú y estaban las noches del sur con verano en las azoteas. Se podía ver la ciudad desde allí, se podían ver los meses desde entonces y pensar, durante un momento y muchos más, que estás tú, estás tú y el norte, hace frío y lluvia y tiene el sur apetito de ti y tus latidos, durante un momento y muchos más que, como siempre, te has olvidado del mundo porque el mundo te habita y se es feliz en todos tus entornos. Ti voglio bene, bella.

lunes, 16 de julio de 2012

El intransigente XCI

Para Lola Palacios
- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo.
- Y, ¿qué tal todo? Contento, imagino.
- Contento, ¿por qué?
- Joder, porque el PP está perdiendo apoyo social a pasos agigantados.
- No sé, yo, eh, no sé yo, que estoy seguro que le votaría la misma gente. No sé yo.
- No creo que la gente sea tan ingenua, ¿eh? Han visto su verdadera cara y no van a caer otra vez.
- No sé yo, que somos un país muy cainista. Aquí lo importante no es que a los demás les vaya mejor sino tan mal como a nosotros mismos. La envidia, ya se sabe.
- Ya, pero creo que la envidia no se da solo aquí, sino en todos los países. Al final tampoco somos tan diferentes.
- A lo mejor tienes razón.
- Sí, el PP se está acabando.
- Ya, ya pero mientras lo hace está enterrando a este país en el camino.
- Bufff, ahí sí tienes razón. Coño, es que parecemos tontos. Si la gente estuviera informada.
- No esperes tú mucho de un país cuyo presidente dice que su periódico favorito es el Marca, no...
- Es que me jode que insulten una y otra vez a lo público cuando todos ellos no hacen sino vivir de lo público. 
- Hey, hey, no seamos injustos: todos no, solo casi todos. La Espe vive del erario público desde el 79, Cospedal no ha trabajado en su vida en el sector privado, Fátima Báñez no ha cotizado ni un día de su vida y es ministra de desempleo, la hija de Fabra... mejor me callo.
- Sí, es mejor que nos van a enterrar de tiempo.
- Hey, hey al precio de los entierros a mí no me entierra nadie, yo donaré mi cuerpo a la ciencia, jajajaja.
- Es que creo que a los dos nos jode igual que machaquen aquello de lo que viven.
- Coño, es que para ellos lo público es como las drogas.
- ¿Cómo?
- Sí, sí, así es lo público: hay muy poco y ellos son muchos. 

jueves, 12 de julio de 2012

En los bolsillos

Para Laura
A orillas de un mar del sur, hay violines que se han movido en estos días al compás de las olas. Hay gestos en los bolsillos que incitan al olvido pero han olvidado las manos las palabras con que deberían recoger esos gestos. Tiempo de cambio. Es bueno que todo cambie para que algunas cosas vuelvan a ser lo mismo. Tiempo de encontrar la belleza en los dedos si uno sabe mirar. Tiempo de escuchar silencios de aliento. A orillas del mar del sur hay unos ojos preciosos que tienen estrellas en sus manos, tortugas en sus pestañas, unos ojos que habitan mañanas en las que es posible protegerse del frío y del dolor de los días de este mundo, de estos rincones en los que el dolor se hace ajeno. Hora de sacar los dedos del pantalón y señalar a la luna de un cielo con nubes ahora que hay un poco de calor y la noche se ha llenado de estrellas. Caen entonces las pestañas con tortugas para decir que la madrugada ha traído una brisa de verano con la que refrescar todos los desiertos que se convirtieron en las estaciones que nunca quisimos visitar. Y al amparo de las estrellas que palpitan un nuevo día, que palpitan todos los años que han pasado, los desengaños que acabaron por resultar la puerta a una nueva casa, más acogedora, crece la más hermosa de todas las sonrisas, una sonrisa de labios carnosos que cuenta historias de hambre y sed que dan alimento a los abrazos más hambrientos, que roban las nostalgias más sedientas. A orillas de un mar del sur hay unas piernas que llevan pulseras de caricias en los tobillos que hacen que los turistas caminen a su lado cada vez que se acercan a esa playa. A orillas de un mar del sur está uno de los rostros más inmensamente bellos que se puede encontrar en todas las arenas, calmado después de tanto dolor, esperando, de manos de alguien que sepa apreciar la más hermosa de todas las bellezas, una primera mirada, alguna otra caricia, por volver a tener en sus ojos el placer de universos que en ella todavía han sido inhabitados. 

miércoles, 11 de julio de 2012

Cuéntame cómo pasó

For my brother in arms, Sorel

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, once de julio de dos mil doce, ha pronunciado el  líder sabias palabras: nos sobra mucha España. A estas sabias palabras ha respondido, no podía ser de otra forma, con aplausos cerrados a su amado líder. Nos sobra mucha España, ha continuado: funcionarios, parados, personas dependientes, sindicalistas, autónomos. Algún periodista no ha preguntado si esos funcionarios eran, por ejemplo, Esperanza Aguirre, que lleva viviendo del Estado, perdón, amada patria desde 1979; Cospedal, que jamás ha trabajado en el sector privado; acaso Fátima Báñez, que no ha trabajado ni un solo día de su vida y ahora es ministra de Desempleo, a la virgen del Rocío gracias. Nos sobra la España roja, de la que cual solo queremos la sangre que le seguimos y seguiremos chupando. Han vuelto los aplausos. La camada, ya se sabe, ha de lamer al líder por si el invierno es frío y se presenta calentito. Alguien ha dicho entonces: ha vertido usted gasolina por las calles de este país. Hubo un poco de miedo entonces pero, rápidamente, recordaron que habían subido el IVA y que al precio de los combustibles no les daba ni para encender un adoquín. Retomó el líder entonces su discurso y contó hermosas parábolas de princesas y reyes que sirven al pueblo y no merecen ser sacrificados. El sacrificio, añadió el amado líder, pertenece a los parias, entre aplausos de su camada. Y les hizo saber que no debían sentirse culpable: después se confesarían ante el daño, si hubiera alguno, eso sí, realizado. La camada habló entonces: no, amado líder, no, todo es bueno, tú eres nuestro dios, la luz al final del túnel, el detergente que blanquea nuestros bolsillos, el que nos da chuches. Se escucharon entonces risas, más aplausos y la convicción absoluta de que, por fin, el adorado líder acercaba su amada patria al regreso al futuro más deseado: la España franquista. 

lunes, 2 de julio de 2012

Tierra quemada

Para Manolo Lay y Sorel
En noviembre de 2011 un comando compuesto por un grupo de los mejores psicópatas de este país fue elegido por una serie de promesas que nunca llevaron a cabo. No tardaron en arrasar con la tierra que les había sido entregada, haciendo de la mentira un arma de destrucción masiva, haciendo del lenguaje un arma de destrucción masiva: ellos no mentían, recortaban verdades; ellos no recortaban efectivos, optimizaban recursos; ellos no seguían al de la barba, obedecían al del bigote; haciendo de la FAES el campamento de verano en el que vivir cara al sol. Así, decidieron, por el bien del país en que ellos habían crecido, ese pedazo de tierra que ha cortado de raíz todas las esperanzas, hacer crecer, sobre las tierras por las que ellos caminaban, verdes raíces, fértiles plantas, una nueva tierra. No pudo ser: nada crece sobre una tierra calcinada.