viernes, 4 de enero de 2013

Podrían suceder


Podrían suceder algunas cosas. Podríamos, no sé, es un ejemplo, hasta empezar una noche, salir a los tejados, gritar a las calles que hay azoteas en las que tú y yo podríamos dormir sin frío a todas horas; hasta empezar una noche, no dormir y decir sí a todas las horas que nos traigan un poco de calor y compañía, hombros en los que reír en todos los minutos. Podríamos, no sé, es un ejemplo, dejar pasar las horas, dejar, es un decir, abierta la puerta, pensar que estás abajo y eres tú quien me dice hola a cada instante por escuchar mi voz al otro lado de todas las ventanas, y eres tú quien me derrite al amparo del agua de todas las orillas. Podríamos, no sé, es un ejemplo, dejar atrás la seriedad de sabernos, a veces, cansados con el mundo y olvidar por un momento que son unicornios los que nos vienen persiguiendo en todas las esquinas; podríamos, no sé, es un ejemplo, dejar que sea el silencio el que nos haga cómplices y hacer, si es posible, que no necesitamos las palabras, ahora que nos molestan mientras nos imagino ya de acampada en tus pupilas, perdidos ya en un tren de medianoche en que dormirnos ya sin remedido hasta que dejen de temblar nuestras rodillas, dejarnos llevar por un tren de medianoche en que haya trozos de madera que se crean violines que nos acunan con melodías. Podríamos, no sé, hasta empezar una noche sin frío y con estrellas; habitar el lado oculto de la luna por sabernos solos y sin nadie ya en nosotros, por empezar solos y ya sin nadie de desayuno en la mañana.