martes, 5 de marzo de 2013

Alguna tarde

Para Laura González 
- Buenas, profe.
- Buenas, pequeñita.
- Buenas, profe. Hace mucho tiempo que no escribes.

- Anda. Una más que me lo dice. Últimamente, me lo dice casi todo el mundo: italianos, españoles, ingleses, vamos, que me riñen para que escriba las seis personas que me leen.
- Perdona, profe, pero no seas modesto. No son seis lectores, eh, son siete, que a mí no me has contado.
- Ah, vale, pequeñita, perdona, perdona. Pues nada, mis siete lectores me riñen para que escriba más.
- Profe, para que escribas más, no; para que escribas algo, que algo que no escribes nada desde que entré hace días en tu blog. Además, yo no te riño, yo te hago una observación: últimamente, no escribes nada.
- Pequeñita, me encantaría decirte que es porque estoy viviendo pero mentiría. Entre la fiebre y los exámenes que deberia estar corrigiendo.
- Profe, eso no es vivir.
- Ya ya, pequeñita, eso no es vivir, eso es corregir. No quedo ya ni con mis amigos rojos para ir a las manifestaciones. Bueno, a las manifestaciones o a tomar un café con ellos.
- ¿Rojos? Profe, con este gobierno cualquiera que salga a la calle, aunque sea para tomar un café, es un rojo, vago y maleante.
- Sí, está claro que merendar es ETA.
- Pero, bueno, profe, se me hace raro que tú tengas algo de vida social, que nos conocemos.
- ¿Que nos conocemos?
- Profe, tardamos casi un mes en convencerte de que vinieras a nuestra graduación y al pedirte ayuda, tardas minutos. Ayudar y no ser ayudado. Es como si construyeras un muro a tu alrededor, y no hubiera quien pudiera entrar allí...
- Y, bueno, ¿tiene algo de malo querer preservar mi privacidad?
- Profe, si pides sinceridad a los demás, tú debes ofrecerla. Siempre dices que hay que predicar con el ejemplo.
- Digo tantas cosas. Con lo que hablo. Si parezco Groucho Marx. 
- Ya ya. Decir muchas cosas para no decir nada. Eso es un muro, profe.
- Y, ¿qué tal tu vida?
- Bien, profe, bien. A veces creo que él es el definitivo, el chico que llevarme a casa con el que ser anónima y comer palomitas. Paseos de calles con lluvia en que nos reímos. 
- Anda, pero si pareces romántica y todo. 
- Sí, profe, si hasta escucho canciones y todo. De esas que tú dices que son insufribles.
- Pequeñita, es que son insufribles. Canciones de amor tan pésimas que te llevan a desear suicidarte.
- Profe, eso es porque tú no estás enamorado y, claro, no sientes las canciones igual.
- Pequeñita, ese tipo de canciones moderadamente horribles deberían ser como el currículum vitae de la inútil de la ministra de trabajo.
- ¿Cómooo?
- Inexistentes, pequeñita, inexistentes por completo. 
- Vamos, como la inteligencia del Ministro de Interior, ¿no?
- Ahí me has dado, pequeñita, ahí. Es escuchar a esta panda de imbéciles y pensar que la inteligencia es una especie en peligro de extinción. La inteligencia y la verdad, claro.
- Vamos, que ahora mismo, para la marca España la inteligencia es ETA.