lunes, 25 de marzo de 2013

Parole per Heidi II

Cara Heidi,

bella, bellísima, arrivare alla mia casa e trovare le tue parole è felicitá, la felicidad de saber que existes, y saber que me piensas me hace mejor persona, más alto a veces, más inteligente, la felicidad de saber que hemos compartido paseos bajo las farolas de un puente con banderas republicanas y que todavía, siempre, nos queda Italia, de saber que no importa cómo, estamos siempre en el mismo tiempo pero nunca en el mismo sitio, saber, por ejemplo, que ahora que yo he estado una semana en el norte y tú, no podía ser de otra manera, estabas más al sur, en una isla, con alemanes, muchos alemanes, pero qué más da, si tenías, como yo, montañas, playa, mar, y ya solo tuyos el tinto de verano, las tapas y acaso las cervezas, cuando en el norte, cuánta razón tenías, bello fantasma de ojos verdes, eran ya todos los paisajes conocidos, similares a tu norte, y no, no hubo sorpresa para ti, que ya los conocías, pero sí para alguien del sur, que a menudo se pierde en el sol y en las nubes mientras deja en casa, para que descansen todas las paraguas. Dijiste: no, no es una sorpresa el norte y tenías razón, pero sí hay sorpresas en los días, bella, en una música estridente que me acompañó mientras a ti te acompañaban Fito y los Fitipaldis y, por encima de todo, Kiko Veneno, de sur a norte y de este a oeste, ma non ti preocupare troppo, porque están siendo días de desintoxicación musical, perdiendo el sonido infernal de las discotecas donde me llevaron, esta vez sí, yo no llevé a nadie, encantados adolescentes con hormonas que querían perderse en el estruendo más salvaje, pero, como ya sabes, era su semana y poco podía ser yo excepto su acompañante y te he pensado, tantas veces, por ejemplo, en la basilica de Covadonga en ese senderismo leve en el que se cansaban a veces los críos mientras, al otro lado de la montaña, existía el senderismo real en el que tantas veces me he olvidado de todo y nada perdido entre caminos de arena y piedra que llevaban a un cielo desde el que contemplar cuanto silencio me ha sido negado esta semana. Y hay sorpresas en los días, como hay sidras en las tardes, y pulpo a la gallega, y adolescentes que se pierden en sidra y olvidan tardes y noches que los habitan, alcohol de sobremesa y gasolinera para decir al mundo no queremos pagar en bares, es nuestra forma de protesta, y algún paseo con palabras y sin música, o con una música que sí, que sí me llega a los oídos y me dice algo, como tú cuando escribes en postales y dices espero que hayas pasado tu viaje tan bien como el mío, y sí, y ha habido días en que sí, en que ha sido tan bueno como el tuyo, en que he escuchado un mar de resaca y pensé, como ya sabes, así estuvo el día en que morí, así eran las olas, y el estruendo se hacía silencio, y recuerdas entonces haber renacido y, a medida que cumples días, que no hay nada más estúpido que dedicar tu tiempo a tonterías, cuando es tan poco y otra vez te ha sido regalado, en que uno se cansa de tanta gente que se pierde en su propio aburrimiento y te pienso, te pienso ahora, con queso asturiano a mi lado y anchoas, y sí, lo sé, te recuerdo, y te dije: claro que te escribiré, te escribiré las cosas que pasan en el norte y podría hablarte de esas cuevas en las que tú te ocultas y que yo visité un lunes cualquiera si no recuerdo mal aunque ya sabes que siempre me falla la memoria y me encontré perdido como siempre en los pueblos más pequeños, en calles más estrechas, al lado de adolescentes que estrujan por encima de todas las cosas entre sus dedos la vida, y hay palabras con sentido sobre historia, política, porque hay esperanza, como antes, y uno sabe que todo la gente crece a menudo para ser persona y nada como disfrutarlo cuando llega. Y también, también, bello fantasma de ojos azules, ha habido momentos en que estar solo y dormido en una cama y saber que hubo días de sol en los que salir a las aceras cuando en el norte hacía sol y la gente era extremadamente amable y encontrarnos con Woody Allen y su para qué quiero la eternidad si allí es donde voy a pasar la mayor parte de mi tiempo y Clarín y su Regenta y esa crítica a la religión mal entendida en casi cada página. Y qué decirte si hubo también sonrisas de gente que se sentía feliz, eufórica y lo demostraba. La vida, imagino, bella, en estado puro, la vida sin importar cómo, y sobrando profesores, folios, deberes, como ahora, en estos días en que descanso, mi sobrino está a mi lado, y cenaré en lugares que sí y no son restaurantes. Y saber, ahora, que ya hay otro norte que me habita y saber, entonces, que tú ya estás pensando, en tu norte, en tu próximo viaje, en los próximos pasos que te lleven a dejar huella en cualquier otro sitio, una huella que se hará luz en el tiempo y quedará en ventanas con sombras para que tus pies dejen la marca necesaria para que mis dedos sigan escribiéndote, sigan escribiendo las historias en que tú eres una y única con el mundo, una y única contigo y tus lugares.