lunes, 13 de mayo de 2013

Algunas tardes

Para Laura González
- Doce días sin escribir...
- ¿Quieres decirme algo, pequeñita?
- Nada. Solo eso. Doce días sin escribir.

- Hey tengo una vida. He tenido una feria; estoy corrigiendo exámenes de Bachillerato, tengo familia. Tengo una vida, pequeñita.
- Ya, tienes una vida. Y tienes un blog. En el que llevas doce días sin escribir. 
- Ni un hola, qué tal, cómo te va la vida.
- Hola, profe.
- Pequeñita, llevo cinco o seis años sin darte clase y te lo digo siempre, tengo un nombre.
- Ya, ya. Profe, ¿sabes qué ha sido mi cumple hace poco?
- Hace nada, sí, el once, día que odio, como ya sabes.
- Y a mí me encanta, como tú también sabes.
- Espero que pasaras un día maravilloso, que te trataran de forma especial, vamos, como mereces. Y, bueno, que te regalaran alguna cosa.
- Algo me regalaron, sí, profe, y me trataron maravillosamente bien. La de gente que me felicitó por tuenti, facebook, twitter...
- Vamos, que no hubo uno que te felicitara en directo. 
- Pues claro que sí, profe, a mí me quieren en vivo. Y, hey, también en diferido. Si hasta mi hermano me llamó por teléfono para cantarme. 
- ¿El qué?
- Profe, sé el tipo de música que te gusta. No quiero que te tortures.
- Hey hey que tu gusto ha mejorado mucho desde que estás con Sami. Recuerdo cuando escuchabas los Sin Patria.
- Sin Patria, no, profe. Sin Banderas.
- Sin Patria, Sin banderas, qué más da. Es como decir franquistas o fascistas. Habrá diferencias pero la esencia es la misma.
- Profe, ¿hiciste huelga?
- Hey, no me hagas preguntas cuyas respuestas ya conoces. Una cosa es perder dinero, otra cosa es perder la dignidad. Mi dignidad no tiene precio. Es como lo que contaban en los años treinta...
- Bueno, ya está el abuelito contando batallitas jajajaja.
. Escúchame, anda. En los años veinte, o principios de los treinta, había un cacique ofreciendo dinero a quien votara al político que él quería; la cosa iba bien hasta que se encontró un jornalero que le tiró el dinero. Tenía claro, y así lo dijo el jornalero. "en mi hambre mando yo". Ainsssssss, cuánta gente así nos vendría bien, vamos, gente como tú.
- Profe, que yo no soy nadie, eh, solo una persona que es fiel a sí misma y a las cosas en las que cree. 
- Casi nada, pequeñita, casi nada. Que todavía recuerdo que algún profesor te dijo que si no te corregía el examen y tú le dijiste que no, que tú lo que querías era tu nota. Y ahí sigues, sin estar contaminada por el mundo, casi nada.
- Y yo la primera vez que te vi dije: no tiene autoridad y vamos a hacer lo que queramos con él. Y empezaste a darnos clase, y mira: no tenías autoridad e hicimos lo que quisimos contigo jajajaja.
- Pero bueno...
- Si es la verdad, profe. Y ahora, mira, cinco años después, y nos llevamos hasta bien. A veces. Por cierto, me han regalado cosas, sí, pero los mejores regalos han sido los menos materiales, claro.
- Imagino. Lo material está muy sobrevalorado. 
- SOBREvalorado. Ese es nuestro país, profe. 
- Bueno, hay personas extremadamente válidas, como te digo siempre, pero el sistema los devora. A ver cómo lo solucionas.
- Cambiando el sistema, profe, cambiando el sistema. Bueno, a lo que iba, me han regalado un fin de semana en la playa. Ahora que todavía no se puede construir a treinta metros aunque están en ello. Dentro de nada, uno no va a saber si está en la playa, en un bar o en el ático de un desierto. Pero, ahora, estar perdida allí, olvidar el mundo, sentir la brisa. Eso es vida, profe. 
- La verdad es que sí, vida en estado puro, sin aditivo alguno, sin tildes. 
- Y el otro regalo un tatuaje.
- Anda ella. 
- Un tatuaje con las notas de un violín. En la nuca a poder ser. Para que las notas me lleguen al cerebro y se paren en el corazón. 
- Mira, presentado así, es precioso.
- Sí, necesito recordar, profe, que hay cosas que el hombre ha hecho y son maravillosas. Hacen que la vida merezca la pena. Y yo sé tocar el violín; lo escucho, me hace olvidar el mundo, olvidar la gente y recordar que hay personas, personas que llevamos dentro y serán siempre una, a veces, una con nosotros. 
- Eso es precioso, pequeñita.
- Pues claro, profe, pues claro que es precioso. Eso es precioso, sobre todo, porque es verdad.