jueves, 24 de octubre de 2013

Tiempo entre clases

A Laura González y a mi tutor, Juan Cañadas

Llueve. Llueve en Peñarroya-Pueblonuevo. Un mal día para salir a la calle y decir no, decir no a tantas cosas, decir no a casi todo. Hace mucho que no hablamos, o tal vez hablamos hace poco. La Educación, ya sabes, es cosa de clases, sillas, mesas, algún bolígrafo y, sí, alumnos, y también, por qué no decirlo, profesores, maestros. La Educación, ya sabes, el derecho, el deber, más bien, de no enseñar contenidos a alumnos, que también pero, por encima de todo, de educar ciudadanos, de obligarlos a ejercer un pensamiento crítico, tan olvidado a veces. No, no queremos que piensen como nosotros, queremos que piensen, sin más. Y sean capaces de comprender que el pensamiento es básico. Todo lo demás sobra, todo lo demás es accesorio. Nos tratas como seres humanos, nos haces pensar, por eso te sigo llamando profe, dijiste. Ha pasado tiempo, ehh. Y, desde entonces, parece que hay tantas palabras que han cambiado: crisis por estafa, competitividad por esclavitud, respeto por control y mando. No, no es eso. Nunca lo fue. No es la tranquilidad de tener a treinta alumnos en silencio durante una hora escuchándote. Jamás lo fue. Es el caos de sentir que los escuchamos, que tienen cosas que decir, es el caos de treinta mundos diferentes aunque te devoren en el proceso. Es el caos de saber que todo respeto se gana en el ejemplo, saber que puedes pedir a otros que luchen, que nunca se den por vencidos, aunque pierdan casi siempre si tú lo has hecho. No es llevar una camiseta que diga sí a la Escuela Pública en un día de huelga, ni lo es ni ha de serlo. Siempre fue otra cosa, ya sabes, la lucha de saber que no, no son los contenidos, que también en ocasiones, aunque tan tan alejados de tantos mundos personales, no es aprobar y suspender, no, nunca será clasificar. Educar, educar realmente siempre fue otra cosa. Es acercarte al entorno de tanto mundo personal y hacer saber que te interesa, pero que alrededor de ese entorno hay otros y también deben ser respetados, también deben ser comprendidos, y partir de ahí, de la realidad absoluta que nadie es más que nadie, que sí, que nadie es superior a nadie, pero tampoco inferior. Educar es la vida que pasa a cada instante. Hacer saber que el mundo ocurre y obligar a saberlo, que antes que no hay hecho aislado, y que estar en una clase, cerrada, a cal y canto, es cerrar la vida a tanta gente. Es bueno dejar abiertas las puertas de la clase por si a la vida le apetece pasar, por si hay problemas que quieren entrar en clase y debemos resolverlo. Escuchemos, escuchemos bien, y crezcamos a partir de ahí. Escuchemos cómo la lluvia cae en los zapatos de aquellos que hoy salen a las aceras porque el mundo debería ser otro, porque no quieren que estas clases sean sillas con dios, empresa y esclavismo. Escuchemos: es el mundo que pasa de la gente que realmente está viviendo, personas que se ensucian en un día con lluvia porque quieren otras sillas, otras mesas, otras clases, otra ciudad. Gente imprescindible que luchó y sigue luchando a pesar de años y derrotas, porque sí, porque sabe que cuanto nos queda son las batallas que presentamos, las lecciones que dejamos en otros si desfallecemos en algún momento para levantarnos después y que toda lucha sea otra de las huellas que dejamos en los ciudadanos, en las personas a las que estamos enseñando, de las que estamos aprendiendo. Gente imprescindible que vendrá, que ya llega, que ha llegado, que se detiene para hablar con cada niño, con cada niña, que piensa, por un momento, que el mundo es otro y otras las herramientas, para cambiar, sí, cambiar personas e intentar cambiar entornos, pequeñas partes del mundo donde quedan nuestras huellas y nada más. Y saber que sí hay luchas, calles que mejoran, no, no es por contenidos, no es por buscar una respuesta a una página en otra página, sino buscar en uno mismo, buscar en otros. Buscar en curiosidad siempre. Buscar belleza y encontrar dolor. Buscar dolor y encontrar belleza. Buscar pasos de otros para encontrar huellas de uno mismo. Buscar en los zapatos de uno mismo para encontrar tantas tantas tantas huellas de otros. Y pensar, en ocasiones, pero si no están haciendo nada en esa clase, excepto hablar, es lo único, un profesor, una maestra hablando con sus alumnos sin entender, ni un solo segundo, que no es más que la vida escuchándose a sí misma, oyendo cada lucha, cada batalla perdida, cada pensamiento a solas con otras voces, la vida escuchándose a sí misma en voces que han pasado y llegan, en un día como hoy, en el que el más rancio pasado sigue aferrándose a todas las cuerdas de un futuro que ya no les pertenece, a todas las cuerdas de un pasado que intentan resucitar, un ayer nada efímero y personas que salen a la lluvia para gritar que el tiempo que es otro, que hoy ya es mañana, y han dejado las aulas porque educar también, también y siempre es la calle, esa calle que por derecho nos pertenecerá y nos pertenece. Hoy es jueves, llueve y hace frío. Es día de huelga. Es la vida, que pasa en tantas manos, y nada más triste habría que no escucharla.

1 comentario:

Joao das Canhas dijo...

Querido Bec es la educación como yo la siento, bellamente explicada