lunes, 18 de noviembre de 2013

Nada más

 Para Romina  Giulia Pasca y Eloy León

Estuvo el mar, durante mucho tiempo. Estaba el mar, y fueron días, meses tal vez, acaso años. Una marca en la piel para no olvidar durante todas las mañanas de una vida. Estuvo el mar y un Bachillerato, un pueblo pequeño del que apenas se sabe nada ahora cuando hace décadas fue el corazón del sur. Hay reinos de cuyas murallas solo queda el polvo. Estuvo el mar y un instituto al que llegar a tarde el primer día y dar clases desde entonces. Y preguntas. Muchas preguntas. Todas las preguntas del mundo. Te lo tengo que preguntar, qué te pasa, y el mar, siempre el mar, y al fondo, a la izquierda, junto a la ventana, una mesa en la clase de Bachillerato desde la que ser ignorado, por completo, una clase desde la que ir creciendo y ver las sillas crecer a cada instante. Cuánto tiempo desde esas sillas, cuánto tiempo. Y algún que otro suspenso, a destiempo, como casi siempre, a pesar de tanta silla con vida y sin estudios. Pasó el tiempo. Suele pasar, que el tiempo pase y las personas sigan en él, también los sitios. Pasó el tiempo, un viaje, tanto pasillo desde el que ver el mundo de otra forma, tanto pasillo desde el que decir, jefe, apúntame a ese viaje, también a ese, no lo dudes, ese será mío, también, y sí, en tanto viaje se sigue, vivir como viaje, y viajar para saber, para saber a los demás, para saberse a uno mismo, vivir como viaje y viajar para decir adiós y escuchar, entonces, después de tanta silla a deshora, de tanta mesa en la que se nos ignora, escuchar, ya de verano y con chaqueta, corbata entonces, y no, no olvidaremos las historias que se nos cuentan de Italia, de un sobrino que ya casi parece nuestro, porque, sí, ya ha sido repetido tantas veces, la familia está por encima del trabajo como la vida está por encima de las clases, como los patios están por encima de las ventanas. Dejadlas abiertas: es solo el mundo, que pasa. También hubo palabras entonces, y también lágrimas, muchas muchas risas, algún que otro mordisco en la oreja y risas, más risas, alegría en estado puro, un verano que empezaba, alguna decepción, la idea, cada vez más clara, de que tocaba, otra vez, irse; de que tocaba, de nuevo, decir adiós, olvidar palabras, gestos, toda una vida desde un doce de noviembre que llegué a unas clases para estar un poco y volver a irme, como casi siempre, y olvidar los rostros que habían hecho que encontrara mi lugar en el mundo una vez más. Pasó, entonces. Tocaba seguir, echar de menos, olvidar tantas risas. Echar de menos.  Pero no. No pasó, no entonces. Quedaron algunas sillas, algunos rostros, domingos de risas, una silla al fondo, a la izquierda, vacía, aunque, algunos miércoles, se levanten, vengan a verme, me pregunten y me sigan ignorando. Y qué más da, profe, y qué más da, es la vida, nada más...

2 comentarios:

Romina Giulia, Pasca dijo...

Si fuese profesora te escribiria algo mas literario, pero como no lo soy y en mi futuro veo poco de profesora de lengua te lo digo de la manera mas bonita, la mia. Pero antes quiero destacar una cosa, sabiendo italiano y sabiendo que me llamo Romina Giulia, ¿por qué no lo pones? Le habria dado un toque mas, mio. Jajajaja. A lo que iba, fuiste uno de los pocos profesores que entre historieta y anecdota dejó grandes lecciones, yo que siempre digo que asi es como se aprende. Como persona un gran ejemplo, esa pasion por Italia, esos ratos de charla, tu con tus sobrinos, yo con mi futbol y mi mundo de la moda. Yo tan petarda y tu tan 'pesao'... ¡Ha sido un enorme placer haberte tenido y tenerte, esos miercoles por la tarde, como profesor y maestro! Un abrazo profe.

Rosa dijo...

pero mira que estás tierno, je, je
Ojalá puedas añadir otro párrafo y que te quedes con nosotros un año más (por lo menos) para sequir contagiándonos de tu energía y sentido del humor.
Te queremos mucho.