sábado, 9 de noviembre de 2013

Parole per Viky

Feliz cumpleaños, Viky
 
Hay calles al otro lado del mundo de las que no se sabe nada, excepto las personas. Gente, no nunca gente. Sobra gente, faltan personas. Hay personas que llevan los mismos zapatos, a veces, van descalzos y han dejado en las sombras de tus sábanas alguna caricia, algún calcetín, algún abrazo, alguna lágrima a medias sabiendo que volvías, sabiendo que volvía. El mundo es ancho y ajeno, estrecho y cercano a veces. Basta una llamada de teléfono, una voz en nuestra voz, solo para nosotros aunque sean diez minutos, aunque no sea tiempo. Y la vida, desde el principio es separarse, pero hay vida en los reencuentros, hay momentos para vernos, instantes para verse, y la vida, la vida sigue, apenas un mes un año una vida en el sur para volver al inglés, para volver a la lluvia, y es estar lejos, lejos de uno mismo y lejos de otros, lejos. Lejos del sol que aparece apagado en tus meses. Queda lluvia, en los pantalones, en las manos, en las baldosas, lluvia derramándose sobre tu mundo, sobre tus días, queda lluvia a todas horas y lejos el sol en todos los relojes. El sol apagado que te apaga hasta volver, volver al sur. Sin sol, también la vida, también la vida existe, también hay pasajeros desterrados de Madrid, de aceras repletas de gritos y basura, pasajeros desterrados que aparecen en otras aceras y cantan a la vida, al amor, a la derrota, al asombro cotidiano de estar vivos, pasajeros felices de conocer que hay personas que dan lugar a otro camino, pasajeros que viven con té aunque, también, también, no ahora, tal vez después, digan sí, gracias por el chocolate, gracias por escucharme, y quédate, quédate un poco más si te gusta, quédate sin más, solo son palabras y una guitarra y el deseo de saber que hay personas que sí, que existen, aunque haya gente que diga no, ir, por qué, el camino es otro, ese no es el tuyo, tú, tú que estás con alguien, pero hay mundos que no son solo de una persona ni de una sola voz, ciudades a cuatro manos, a ocho, a miles que se unen para hacer de las esquinas un lugar más agradable y tienen sillas para todo aquel que llega a disfrutar de un momento, de una mirada, de una pausa en unas calles que no descansan nunca. Es tan solo la vida, derramándose, en una galleta, en una taza de chocolate, en una llamada, entre dos, a miles de kilómetros de distancia, es una voz al otro lado del teléfono que saluda a otra voz, es tan solo las huellas de una vida que se encuentra en el camino y hace que nuestro camino sea otro, es tan solo la vida, haciéndonos más frágiles, más frágilmente irrompibles, haciéndonos crecer, haciéndonos sabernos a nosotros mismos. Y a los demás. Y olvidarnos. De nosotros. De los demás. Es tan solo la vida, con sol, sin sol, con voces, en silencio, desparramándose. Y así son tus dedos.