sábado, 25 de enero de 2014

Todo era gris, todo eran grises

Para Adri Rodríguez

Se estaban perdiendo todas las tonalidades de los colores en las paredes así que, bien, decidieron salir por ver si seguía siendo el sol un amigo de fatigas. Estaban hartos de estar en casas, en las casas, solos, y se dijeron busquemos amigos por dar un paseo, al menos por el parque pero el parque ya, hacía tiempo, estaba vetado. No, no se puede entrar, afirmaron, no se puede hacer ruido. Alguien pensó ahora deberíamos gritar a los cuatro vientos semejante estupidez pero no, mejor no, son mil euros. Pensaron nada mejor ahora que fumar y relajarse un rato pero les fue imposible, no llevaban nada en el bolsillo, son mil euros. Sabían que debían hacer algo y se dijeron denunciar nada mejor que denunciar pero no, no puede ser, hay que pagar la marca, hay que pagar la Marca. No, no se puede salir, no se puede criticar la marca, no se puede salir a la calle, fuera de la ley, sí, fuera de la ley. Por qué no, preguntó alguien, por qué no estudiar leyes y aprender a defendernos. Sí, sí, es buena idea, proclamaron, hagamos una carrera, el primero que la termine va al paro. Joder, exclamaron, nos han quitado hasta la posibilidad de ser alguien. Nos han quitado tanto tanto que nos han quitado hasta el miedo, se escuchó. Nos han quitado hasta las calles. Y sí, tenían razón, había calles desiertas, adoquines sin pintar, zapatos en el asfalto a cada instante. No había un lugar en el que mirar que no fuera la viva imagen de la Marca. Alguien gritó, harto ya de todo: la ciudad no es para mí, vámonos a la naturaleza. Y no, no pudo ser: la habían rodeado, rodeados de muros de ladrillos en todas partes. La habían vendido al mejor postor por unos cuantos euros. La marca, ya se sabe. Todos dijeron: vámonos, vámonos de estas malditas ciudades, de una vez y para siempre. Y no, no pudo ser, ya no pudo ser. Algunos no encontraron la salida; otros sí, pero no hubo cambio, salir, y no salir, eran tristes caras de una misma moneda, las tristes monedas por las que unos cuantos habían vendido a todo y habían vendido a todos, las tristes monedas que no habían dejado de ensuciar la marca, un solar vacío, tan triste como gris, rodeado de grises, que habían estado saqueando desde hace años del que solo quedaba la marca.